Brasil vs Argentina: dos caminos opuestos para la inversión extranjera
|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
La economía sudamericana volvió a mostrar en 2025 una divergencia profunda entre sus dos principales países. Mientras Brasil registró la mayor entrada de inversión extranjera directa (IED) en más de una década y consolidó un ciclo de crecimiento con estabilidad, Argentina continuó atrapada en un escenario de alta incertidumbre macroeconómica, caída de la inversión y pérdida de confianza de los mercados.
Los números son elocuentes. Entre enero y noviembre de 2025, Brasil captó US$ 84.100 millones en inversión extranjera directa, el mayor volumen desde 2014 y un incremento interanual del 13,5%. Argentina, en cambio, no logró superar el umbral de los US$ 8.000 millones en todo el año, con un flujo mayormente explicado por reinversión de utilidades y proyectos puntuales, sin una tendencia sostenida.
El reposicionamiento brasileño
Desde el Palacio de Planalto, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva atribuye el salto inversor a un proceso de “reposicionamiento internacional” de Brasil. La estrategia combinó una agenda diplomática intensa, la reapertura de mercados, acuerdos comerciales y un mensaje consistente hacia los inversores globales: previsibilidad macroeconómica, respeto por los contratos y estabilidad institucional.
El país quedó, además, a un paso de igualar los máximos históricos de inversión alcanzados durante el gobierno de Dilma Rousseff, cuando los flujos de capital superaron los US$ 100.000 millones anuales. En noviembre de 2025, la IED alcanzó los US$ 9.800 millones, con un salto interanual del 72%, confirmando que no se trata de un fenómeno aislado sino de una tendencia estructural.
Sectores que explican el boom
De acuerdo con datos del Banco Central de Brasil y del Ministerio de Desarrollo, la inversión extranjera mostró una composición diversificada y alineada con la agenda productiva de largo plazo:
- Energías renovables e hidrógeno verde: 34%
- Agroindustria e infraestructura: 28%
- Tecnología, centros de datos e inteligencia artificial: 18%
- Petróleo y gas: 12%
Esta matriz no solo explica el volumen de capital ingresado, sino también su impacto en empleo, exportaciones y balanza de pagos. La masiva entrada de dólares permitió, además, sostener la estabilidad cambiaria en un contexto global de tasas altas y volatilidad financiera, con reservas internacionales que rondan los US$ 355.000 millones.
El mercado financiero como termómetro
La confianza inversora también se reflejó en el mercado de capitales. A comienzos de 2026, la Bolsa de San Pablo registró la mayor suba en una década, con un fuerte ingreso de capital extranjero. Bancos, exportadoras y empresas energéticas concentraron el interés, impulsadas por valuaciones aún atractivas y por la expectativa de una gradual baja de tasas.
Analistas destacan que Brasil ofrece hoy una combinación poco frecuente entre mercados emergentes: tasas de interés reales todavía elevadas, inflación controlada en torno al 4% anual y señales claras de que el ciclo monetario podría comenzar a relajarse. En ese marco, compañías como Itaú, BTG Pactual, Vale, Suzano, Eletrobras y Engie aparecen entre las preferidas de los inversores internacionales.
El contraste argentino
Del otro lado de la frontera, el escenario es radicalmente distinto. Argentina sigue mostrando inflación elevada, cambios en las reglas de medición de precios, controles cambiarios, restricciones para girar utilidades y un riesgo país que limita el acceso al financiamiento externo. El resultado es un mercado que, aun con activos baratos, permanece fuera del radar de los grandes fondos globales.
La bolsa argentina volvió a caer en dólares, los ADR que cotizan en Wall Street mostraron fuertes retrocesos y la inversión productiva continuó en mínimos históricos. A diferencia de Brasil, donde la entrada de capital es consecuencia de señales previas de estabilidad, en Argentina el capital financiero se mantiene defensivo y la inversión directa se concentra en nichos muy específicos.
Brasil vs Argentina: claves de la brecha inversora
Brasil: US$ 84.100 millones (ene-nov)
Argentina: < US$ 8.000 millones (año)
Brasil: ~4%
Argentina: elevada (con cambios metodológicos en debate)
Brasil: ~US$ 355.000 millones
Argentina: restricción externa y acceso limitado al crédito
Brasil: subas de doble dígito y fuerte ingreso de capital extranjero
Argentina: caída del Merval en dólares y ADRs presionados
Brasil: +1,7 millones de empleos en un año
Argentina: cierre de empresas y pérdida de poder adquisitivo
Brasil ofrece previsibilidad, rentabilidad real positiva y estabilidad macro.
Argentina sigue fuera del radar por riesgo cambiario, regulatorio y de confianza.
Dos modelos, dos resultados
La comparación deja una conclusión clara para el inversor internacional: la diferencia entre Brasil y Argentina no pasa por el tamaño del mercado ni por la dotación de recursos naturales, sino por la previsibilidad. Brasil logró combinar crecimiento económico, creación de más de 1,7 millones de empleos en un año, inflación controlada y disciplina fiscal, con un déficit cercano al 0,4% del PBI. Argentina, en cambio, enfrenta un proceso de ajuste desordenado, caída del poder adquisitivo y una economía que todavía no ofrece certezas de mediano plazo.
En un contexto global donde el capital busca mercados líquidos, reglas claras y rentabilidades reales positivas, Brasil volvió a posicionarse como la puerta de entrada a Sudamérica. Argentina, mientras tanto, sigue pagando el costo de la incertidumbre y permanece, por ahora, al margen del nuevo ciclo de inversiones internacionales.
