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El consenso de Olivos

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La presencia de Horacio Rodríguez Larreta, uno de los presuntos herederos de Mauricio Macri, le dio un contexto inédito a la presentación de la oferta formal a los acreedores externos de la Argentina. El inevitable default tras el paso turbulento de la alianza Cambiemos, fue declarado sin estridencias y con un contundente respaldo en medio de una cuarentena en la que el presidente Alberto Fernández se muestra como piloto de tormenta. 

Esta vez no hubo aplausos como en diciembre de 2001, cuando Adolfo Rodríguez Saá declaró la quiebra de la Argentina tras la acumulación de deudas iniciada en la dictadura con su apogeo en los 90 y el continuismo de la otra alianza. El país estaba entonces convulsionado por la pobreza y el desempleo que tenían niveles inéditos, como resultado de políticas muy parecidas a las aplicadas entre 2015 y 2019. Los resultados, obviamente, son muy parecidos. El desempleo actual acaricia el diez por ciento y la pobreza abraza al 40 por ciento de la población. 

La decisión de reestructurar la deuda externa es la única salida para “no postergar las necesidades de los argentinos y las argentinas”, destacó el Presidente en su mensaje. 

Lo que hubiera sido un momento de convulsión económica, pasó casi inadvertido en medio de la crisis por el coronavirus. Nadie dudaba que una quita era inevitable después del explosivo endeudamiento de los últimos dos años de Mauricio Macri. Sin embargo, la oferta a los acreedores es mucho menos agresiva de lo que podría esperarse. La quita se enfoca en los intereses y no en el capital, que sufre una reducción mínima. 

La reestructuración de la deuda alcanza a 68.843 millones de dólares -41.548 millones emitidos en los últimos cuatros años)-, con un período de gracia hasta 2023, con una reducción del pago de intereses de 37.900 millones, que equivale a una quita del 62 por ciento de intereses y de pago de capital de 3600 millones de dólares. No se pagaría nada en 2020, 2021 y 2022, se pagaría un cupón promedio de 0,5% en 2023.

El ahorro entre 2020 y 2025 equivale a 34.100 millones de dólares, lo que equivale a 2,9   millones de respiradores de industria nacional, 10,4  años de Asignación Universal por Hijo, 205,9 veces el presupuesto de las Becas Progresar, entre otros ahorros. 

También significa aliviar la carga de la deuda en un momento en que el Estado es un actor imprescindible y aliado necesario de la recuperación después de la parálisis provocada por la pandemia. 

El escenario global también es otro. La pandemia está modificando las políticas económicas de los principales países del mundo, cuyos Gobiernos tuvieron que volcar millones de dólares para sostener a empresas y trabajadores. Hasta el Fondo Monetario Internacional -que ya había reconocido a la deuda argentina como insostenible- y el Banco Mundial parecen conmovidos y anunciaron que se va a condonar la deuda a los países más pobres.

El Fondo Monetario advierte que “en épocas de pandemia, la política fiscal es clave para salvar vidas y proteger a las personas. Los gobiernos deben hacer todo lo que sea necesario. Pero deben asegurarse de guardar los recibos”.

Hasta el momento, los países han adoptado medidas que ascienden a alrededor de USD 8 billones para contener la pandemia y los daños a la economía.

La asistencia de emergencia proporcionada a nivel mundial incluye un aumento del gasto y los ingresos no percibidos (USD 3,3 billones), préstamos e inyecciones de capital del sector público (USD 1,8 billones), y garantías (USD 2,7 billones). El Grupo de los Veinte países avanzados y emergentes está a la cabeza con la aplicación de medidas que ascienden a un total de USD 7 billones. El apoyo fiscal también puede proporcionarse a través de los estabilizadores automáticos: elementos característicos del sistema tributario y de prestaciones que ayudan a estabilizar los ingresos y el consumo, como los impuestos progresivos y las prestaciones por desempleo.

“Argentina ha estado siguiendo un proceso ordenado, sobre la base de buena fe, para reestructurar la deuda y restaurar la sostenibilidad. La Argentina constituirá un gran antecedente para el funcionamiento de la arquitectura internacional de resolución de crisis de deuda soberana”, dijo el ministro de Economía, Martín Guzmán. 

“Vamos a pagar la deuda sin que haya más postergaciones para los argentinos”, definió el presidente Alberto Fernández. 

“El consenso es total. Estuvo firme el Presidente sin ocupar la pandemia como una oportunidad para negociar la deuda. Se apostó a que se va a pagar y no a negar la deuda. La oposición estaba completa y acompañó”, destacó el gobernador de Misiones, Oscar Herrera Ahuad, uno de los mandatarios que se hizo presente en la residencia de Olivos para reiterar, en la cumbre, la necesidad de que la Nación cumpla con sus deudas para con la provincia y el mismo Presidente, sus compromisos de campaña. La foto con un Fernández sonriente es una respuesta alentadora.

Misiones reclama una deuda de más de tres mil millones de pesos, que se fue acumulando en los últimos años de la gestión de Macri en fondos para viviendas, salarios docentes, fondos tabacaleros y de previsión social. Además de una compensación extraordinaria de 2.500 millones mensuales por la desigual distribución de coparticipación.

Recuperar esos fondos es imprescindible. La Provincia tiene sus cuentas en orden y puede custodiar a los más postergados o sectores de la economía que sufrieron de lleno el impacto del parate. Pero los recursos son finitos y las demandas, crecientes. Cada día que pasa se torna más duro para miles de familias. 

De todos modos, Misiones es una de las provincias que se mostró mejor preparada para enfrentar la pandemia. El sistema sanitario puesto en valor desde hace más de una década, está a la altura con la mejor tecnología y el tiempo se aprovechó al máximo acondicionando espacios para recibir a pacientes o para aprovechar las amistades cultivadas en los últimos años, como con la provincia china de Fujian, -el hermanamiento se firmó en 2005, cuando Carlos Rovira era gobernador- que donó 5000 elementos de protección N95 -los más caros y efectivos- para médicos y enfermeros y otros diez mil elementos de protección menores.

La Provincia se anticipó a los pasos dados por la Nación desde el minuto cero de la aparición del coronavirus. Se suspendieron clases -que recién volverían a fines de junio o en julio-, se licenció a personal de riesgo y se empezó con el bloqueo migratorio. El Gobierno nacional tomó después idénticas medidas. Pasado un mes de la cuarentena, el Gobierno de Herrera Ahuad sigue un paso adelante: la repatriación de misioneros varados en el país se inició bajo un estricto protocolo, primero con los enfermos, después los trabajadores y por último los estudiantes. 

Este fin de semana la Nación dio otro inexplicable paso en falso al liberar hasta el martes el regreso de cualquier argentino a su domicilio. A las pocas horas colapsó la página desde donde debía bajarse la declaración jurada y nadie sabe a ciencia cierta cuánta gente circulará por las rutas hasta el martes y mucho menos, se tendrá control del cumplimiento del aislamiento obligatorio. Un error que expone a miles de otros ciudadanos que se estuvieron cuidando en estos días. 

Así como las encuestas marcan que Alberto suma respaldos por el manejo de la crisis e incluso la posibilidad de cobrar un impuesto a las grandes fortunas, el equipo político todavía se muestra endeble. La firmeza del timón no se replica en todo el cuerpo gubernamental. El misionero Sergio Lanziani es uno de los que está en veremos. Ahora asomó el nombre de un eventual reemplazante si el secretario de Energía sigue sin hacer pie: se trata de Matías Bianchi, ex director de Arsat con vínculos directos con La Cámpora y el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof. Lanziani hasta ahora no mostró credenciales y arrecian las críticas de los principales operadores del mercado energético. 

La ruta del paciente 4

La rigurosidad de la cuarentena y de los controles es clave para aplanar la curva. El cuarto caso de coronavirus en Misiones es una muestra de que cualquier descuido puede terminar mal. El hombre, de 61 años trajo de Brasil una carga de bananas que terminó en Buenos Aires. Ingresó por Bernardo de Irigoyen hace más de diez días y, aunque se aisló, se automedicó mucho antes de ir al médico. Su esposa es la primera víctima del contagio por contacto estrecho. El hombre está en estado delicado con pronóstico reservado. Nadie puede precisar la cadena de contactos que ha tenido. 

Son enormes las presiones para aliviar la cuarentena, pero en el Gobierno provincial están convencidos de que la única manera de proteger la salud de los misioneros es con un control efectivo. De hecho, en las últimas horas se reforzó el reclamo a la Nación para que haya mayores controles en las fronteras, por donde siguen ingresando camiones como el que manejaba el caso cuatro. 

La actividad económica es, obviamente, otra preocupación del gobernador Oscar Herrera Ahuad. Esta semana se presentó un plan de asistencia de 60 millones de pesos para los municipios, que deberán volcar esos recursos en la reactivación de las unidades productivas, obras públicas menores y la fabricación de elementos sanitarios para enfrentar el coronavirus. De este modo, con pequeños estímulos, se pretende mantener la actividad latente. 

El paquete se divide en tres partes: la primera, con 30 millones, duplica los fondos destinados a la emergencia alimentaria -por segundo mes consecutivo-. En segunda instancia, se realizarán aportes financieros por quince millones, de acuerdo al índice de coparticipación para financiar actividades productivas en los municipios, obras menores, ferias francas y reparación de caminos.

Finalmente, un tercer fondo de quince millones por índice de coparticipación para compra de elementos de protección y seguridad sanitaria, como barbijos y delantales médicos, que deberán gestionarse con las cooperativas locales. 

La mayoría de las empresas está en problemas para afrontar los gastos y salarios del mes de abril, por lo que la asistencia es vital en estas horas. La Confederación Económica de Misiones reveló que la demanda es alta, pero que pocas firmas pudieron acceder a los créditos ofrecidos por la Nación. 

Sin embargo, hasta ahora son pocas las empresas que formalizaron pedidos de auxilio. 

A más de una semana de la presentación del plan provincial de asistencia, solo 40 empresas pidieron el aval de la Provincia para solicitar créditos bancarios destinados a cubrir los sueldos. Muchas ya afrontaron sus obligaciones de marzo con fondos propios y se estima que serán más las que acudan al Fondo de Crédito para cumplir con los pagos de abril. En paralelo, según datos a los que accedió Economis, en los cinco bancos principales de la plaza misionera, se entregaron créditos por 700 millones de pesos para salarios y capital de trabajo a una tasa del 24 por ciento, con financiamiento nacional. Hasta el viernes, solo 170 empresas habían solicitado abonar el 50 por ciento de la tarifa eléctrica de sus unidades productivas.

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En un escenario de caída de la recaudación, las finanzas de la provincia están en dificultades

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Uno de los principales puntos de preocupación que manifiestan los gobernadores de las provincias argentinas, en relación a la parálisis de la actividad económica producida por la cuarentena obligatoria que ya lleva un mes, tiene que ver con la caída en la recaudación y su consecuencia directa con las transferencias automáticas de coparticipación y leyes especiales a sus jurisdicciones.

Marzo ya mostró un fuerte impacto, y las proyecciones estimaban que el golpe podía ser un poco más fuerte en abril. Ahora, el análisis de los datos en lo que va del mes, hasta el 17 de abril inclusive, muestran que la caída no es aún tan fuerte como podía preverse, pero sí lo es lo suficientemente grande como para generar un gran problema en las arcas provincias.

En lo que va de abril, la provincia de Misiones recibió en concepto de coparticipación, leyes especiales y compensación del consenso fiscal un total de $1.835,6 millones. Si se lo compara con el mismo período del 2019, los envíos tuvieron un crecimiento del 29,2%, quedando entonces casi veintidós puntos por debajo de la inflación interanual registrada para marzo en la región del NEA, quedando así manifestada la fuerte caída en términos reales que sufre la provincia.

Además, si la comparación se realiza sobre el mismo período del mes de marzo, se observa una caída del 10%.

Es de destacar, sin embargo, que el volumen de transferencias ha crecido a medida que se desarrollaba el mes: hasta el 14 de abril, los montos diarios finales no superaron en ningún los $200 millones, pero en los últimos tres días los mismos han crecido, superando en cada uno de ellos los $300 millones diarios. Analizando cada uno de los ítems que conforman estas transferencias, se observan disparidades en los comportamientos que ponen en evidencia las particulares de la coyuntura económica actual del país: las transferencias por CoparticipaciónFederal neta de Ley 26.075 (que incluye a Ganancias, impuestos internos a diversos bienes y servicios, impuestos a las transferencias de inmuebles, juegos y concursos deportivos, entre otros) sufre una caída interanual del orden del 34,8% (y comparado con marzo, viene cayendo un 40,9%).

A su vez, los envíos correspondientes al Impuesto al Valor Agregado (IVA), que se trata de una variable que mide el nivel de consumo, crecieron en lo que va de abril apenas un 14,8% interanual, quedando más de treinta y cinco puntos porcentuales debajo de la inflación. Comparando con marzo, viene sufriendo una caída del 34,4%.

Las transferencias por el Régimen Simplificado para pequeños contribuyentes, o mejor conocido como monotributo, crece a nivel interanual un 0,3%; y frente a marzo, cae un 19,2%.

Del otro lado, vemos altos crecimientos en otros ítems, que tienen que ver con cambios en la normativa de distribución y calendario de vencimientos, y no con el movimiento económico actual: los Impuestos a los Bienes Personales crecen interanualmente un 654,9%; el Financiamiento Educativo un 153,6% y el Impuesto a los Combustibles un 67,1%.

En términos generales, este crecimiento del 29,2% interanual en el total de las transferencias automáticas a Misiones, implican una pérdida en términos reales de poco más de $300 millones para la provincia.

Sin embargo, en la última semana Misiones recibió $654 millones de Aportes del Tesoro Nacional (ATN) para afrontar los desajustes de caja y afrontar acciones contra la pandemia del COVID-19. Y si se le agrega otros envíos del Gobierno nacional entre finales de marzo y comienzos de abril, esa cifra asciende a los $913 millones.

Con eso, la provincia ve compensada la pérdida real de coparticipación y también compensa la caída de la recaudación provincial, que aún sin datos oficiales se estima que estaría cerca del 40%.

Queda poco menos de medio mes que será crucial en términos de cuentas públicas: si se sostiene un ritmo de crecimiento similar al mostrado en la primera quincena, la caída de abril podría entonces no ser tan dramática como la que se proyectó. Caso contrario, el aporte del Gobierno nacional deberá ser aún más fuerte para que las cajas provinciales puedan afrontar obligaciones básicas, como la salarial.

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La esperanza pascual

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Carta de Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el 2° domingo de Pascua 19 de abril de 2020

Durante el tiempo de Pascua, la liturgia de la Iglesia nos propone leer los textos bíblicos que hacen referencia al encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos. También leemos el libro de los Hechos de los Apóstoles en donde se relata la evangelización de la Iglesia en sus primeros tiempos.

Este domingo leemos en la primera lectura: «Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones» «Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse». [Hech 2, 42.47]. Es importante señalar que, problemas y desafíos no faltaron. En los Hechos se narra cómo la Iglesia desde el principio padeció persecuciones y calumnias. Algunos de los primeros cristianos dieron su vida sufriendo el martirio.

La Iglesia, en sus inicios, a través de los siglos y aún en nuestro tiempo, sigue con la misma misión de anunciar a Jesucristo que murió y resucitó. Este es el misterio de la Pascua. Cada tiempo tiene sus propios desafíos. Pero tenemos la certeza de la presencia del Espíritu Santo, el Paráclito prometido por Cristo. Él nos acompañará hasta el fin de los tiempos. Fundados en esta esperanza podemos hacer frente con coraje a las complejidades que nos presenta la realidad. En estos días es clave esta esperanza pascual en el contexto de una pandemia que nos genera incertidumbre y dolor. El tiempo pascual nos invita a cada uno y en comunidad a encontrarnos con Jesucristo el Señor, reconociendo en esta experiencia fundante que, el que murió, ¡resucitó!

Creo oportuno compartir algunas reflexiones del Papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium sobre la acción misteriosa del Resucitado y de su Espíritu. Dice el Papa: «Algunas personas no se entregan a la misión, pues creen que nada puede cambiar y entonces para ellos es inútil esforzarse. Piensan así: “¿Para qué me voy a privar de mis comodidades y placeres si no voy a ver ningún resultado importante?”. Con esa actitud se vuelve imposible ser misioneros. Tal actitud es precisamente una excusa maligna para quedarse encerrados en la comodidad, la flojera, la tristeza insatisfecha, el vacío egoísta. Se trata de una actitud autodestructiva porque el hombre no puede vivir sin esperanza: su vida, condenada a la insignificancia, se volvería insoportable. Si pensamos que las cosas no van a cambiar, recordemos que Jesucristo ha triunfado sobre el pecado y la muerte y está lleno de poder. Jesucristo verdaderamente vive. De otro modo, “si Cristo no resucitó, nuestra predicación está vacía” [1 Co 15,14].

El Evangelio nos relata que cuando los primeros discípulos salieron a predicar, “el Señor colaboraba con ellos y confirmaba la Palabra” (Mc 16,20). Eso también sucede hoy. Se nos invita a descubrirlo, a vivirlo. Cristo resucitado y glorioso es la fuente profunda de nuestra esperanza, y no nos faltará su ayuda para cumplir la misión que nos encomienda». [EG 275]

«Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable. Verdad que muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto. En un campo arrasado vuelve a aparecer la vida, tozuda e invencible. Habrá muchas cosas negras, pero el bien siempre tiende a volver a brotar y a difundirse. Cada día en el mundo renace la belleza, que resucita transformada a través de las tormentas de la historia. Los valores tienden siempre a reaparecer de nuevas maneras, y de hecho el ser humano ha renacido muchas veces de lo que parecía irreversible.

Ésa es la fuerza de la resurrección y cada evangelizador es un instrumento de ese dinamismo». [EG 276] Como Pueblo de Dios que camina en la historia, deberemos evangelizar y humanizar nuestro tiempo con el ánimo del Espíritu Santo y la certeza que nos da la esperanza en Jesucristo, el Señor, que ha resucitado.

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo Domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, Obispo de Posadas.

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La asistencia social en el contexto capitalista

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La asistencia social ha estado históricamente ligada a la problemática de la pobreza, de la desigualdad. Pero la pobreza (tanto en su generación como en la eventual atenuación de la misma) no pertenece al campo de la asistencia social, sino al campo de la economía. Y la economía expresa el proyecto político que se despliega en un período determinado. En consecuencia, resulta necesario hacer alguna referencia al capitalismo.

Y es que el capitalismo es el modelo político-económico que predomina en el funcionamiento de nuestros países. Su lógica y “racionalidad” se centra irreductiblemente en la búsqueda denodada del lucro y la acumulación, sobre la base de la expoliación de la productividad del trabajo de otros. Un modelo bien distinto tendríamos si los objetivos de la producción no fueran la mera ganancia, sino la satisfacción de las necesidades sociales.

El funcionamiento capitalista genera y construye, por su propia lógica, una permanente conflictiva social de muy complejo abordaje. De todas maneras, las propias sociedades capitalistas igualmente fueron desarrollando instituciones sociales de protección, que contuvieron parcialmente los conflictos a partir de garantizar ciertas seguridades a quienes vivían de su trabajo.

Sabemos que en las últimas décadas del siglo XX el fundamentalismo neoliberal arrasó con muchas de esas protecciones y destruyó buen parte de los derechos sociales, dando lugar a un fuerte proceso de degradación social, que acarreó innumerables y graves secuelas que llevará muchos años poder mitigar y reparar.

Cabría igualmente un par de reconocimientos: a) el capitalismo ha contribuido al desarrollo de la sociedad, aunque simultáneamente condujo a reproducir desigualdades estructurales; y b) nuestros países han venido padeciendo un doble sufrimiento, por la presencia del capitalismo y también por la falta de desarrollo capitalista.

Por ejemplo, el carácter parasitario y ocioso de nuestra tradicional oligarquía, que se constituyó como una suerte de “clase capitalista no burguesa”, obstaculizó el desarrollo industrial del país, manteniendo en muchos casos relaciones de tipo cuasi feudal. La enorme riqueza, obtenida por las grandes extensiones de campos y por la renta diferencial de la tierra, condujo a estos sectores a evidenciar un comportamiento exento de “dinamismo burgués” y anti industrialista. Con semejantes ganancias, los terratenientes no estaban interesados en reinvertir sus beneficios.

Tal vez, de este origen “naturalmente perezoso”, nuestras “burguesías nacionales” hayan encontrado una suerte de modelo productivo a imitar, ligado a la búsqueda de ganancias desmedidas, con un mínimo de riesgo e inversión o bien aprovechando protecciones, prebendas, abusos y saqueos sobre el Estado para que respaldara sus intereses privados, por sobre el bienestar del conjunto de la sociedad. Con frecuencia, esta violación de la esencia misma del funcionamiento capitalista, ligada a la inversión y al riesgo, constituye una conducta obstinada: quieren ganar fortunas -y además en el menor tiempo posible- sin correr prácticamente ningún tipo de riesgos.

De todos modos este capitalismo, aún escuálido y atrasado, genera cierto desarrollo aunque -a la par, por supuesto- habilita el mantenimiento de la pobreza y la desigualdad. Si la acumulación por parte de un sector social se basa en la apropiación diferenciada de la riqueza y en una distribución desigual, la construcción y cristalización de sectores ricos y pobres se transforma en algo “natural”, inherente a las propias características del modelo de funcionamiento social. De ello deriva la existencia de sociedades duales, con polos opuestos de altísima concentración de riqueza por un lado y de enorme concentración de exclusión y pobreza por el otro. 

Pero el carácter esencialmente antidemocrático del capitalismo se puede (y se debe) atenuar o neutralizar políticamente por la acción del Estado, mediante el derecho laboral y las políticas sociales.

Se requiere, entonces, de un Estado que, aún capitalista, opere decididamente como regulador y garante pleno del interés general de la sociedad, y en particular de los sectores más vulnerados, por sobre el interés privado de los sectores del capital.

En suma, un Estado que, aún sin trastocar de raíz la lógica central del capitalismo, pueda sentar las bases para ir construyendo una democracia sólida con derechos sociales extendidos, lo cual configurará estratégicamente otro tipo de sociedad, otro tipo de sistema social, que no tenga que apelar al infame e inmoral asistencialismo.

La asistencia social opera como instrumento mediador entre la economía y los efectos y resultados del modelo económico en vigencia.

Para el Trabajo Social, repensar la asistencia como derecho y recuperación de lo perdido o de lo que nunca se tuvo, conduce a un cauce fructífero de potenciación de las distintas dimensiones de la profesión. Lo asistencial, lo educativo, lo promocional, lo organizacional deben fundirse en una práctica totalizante al servicio de los sectores populares.

Las políticas de asistencia social pueden cumplir básicamente dos funciones: de cobertura inmediata y también de prevención.

Son asistenciales precisamente en relación con la problemática que debe ser reparada inmediatamente: satisfacer necesidades de alimentación, salud, alojamiento, abrigo; y son, a la vez, preventivas del deterioro a que lleva el sufrimiento y la carencia y que devienen en otras problemáticas sociales difíciles de reparar, tales -por ejemplo- como el abandono de hogar por parte de los adultos responsables o de los niños que pierden toda contención, la deserción escolar, la drogadicción, la delincuencia. Para tomar cualquier ejemplo corriente: si un niño no tiene zapatillas, no sólo carece de calzado, sino que puede dejar de asistir a la escuela, lo cual agrava su problemática.

La asistencia es un derecho. Toda sociedad que, por las características que adopta para su funcionamiento, primero pauperiza y excluye a buena parte de sus miembros, debe asumir maduramente su responsabilidad por el daño ocasionado y disponerse a adoptar profundas medidas reparatorias. Y debería hacerlo por la vía del derecho pleno, o bien -mientras tanto- mediante políticas sociales que tiendan a neutralizar el deterioro de las condiciones de vida de la población, a la par de ir creando las condiciones para contribuir a la consolidación de un orden social más justo y equitativo.

El derecho a la asistencia, no cambia la naturaleza de las relaciones sociales vigentes en la sociedad. Pero sí debilita la lógica de quienes defienden la continuidad de sociedades inequitativas, y -a la vez- ética y estratégicamente contribuye a la reparación de los problemas sociales, en la perspectiva de ir construyendo alternativas más sólidas para un funcionamiento social más digno y más humano.

Reconocer el derecho a la asistencia implica la aceptación de que las personas a ser asistidas, básicamente carecen -por las condiciones del funcionamiento social- de posibilidades para un adecuado despliegue de sus potencialidades que, entre otras cosas, les permita satisfacer autónomamente sus necesidades. Familias sin los medios suficientes para la reproducción de su vida, con problemas de empleo, con ingresos degradados, con problemas habitacionales, de salud, de escolaridad, no pueden más que tender a repetir esas condiciones en las generaciones siguientes.

Interferir e interrumpir ese proceso social negativo, constituye una responsabilidad ética impostergable, pero -además- implica asumir una imprescindible opción de fortalecimiento de la democracia, en tanto una verdadera democracia no puede reconocerse como tal con graves niveles de pobreza y exclusión.

Además, las propias contingencias de la vida pueden conducir a cualquier persona a padecer accidentes que le generen discapacidades puntuales, cuya atención y protección posterior es menester que sea asumida por las instituciones específicas de todo Estado moderno.

Las políticas de asistencia son insuficientes, pero hay algo mucho más insuficiente aún: la ausencia de políticas de asistencia. Desconocer el derecho a la asistencia es precisamente el posicionamiento que asumen los gobiernos conservadores, que tienden a recortar los recursos destinados a la acción social, desertando de esta responsabilidad estatal o bien transfiriéndola hacia modalidades de beneficencia y de voluntariado, optativas y además escasas, a ser encaradas por sectores privados (empresariales, religiosos, filantrópicos).

Sabemos que la asistencia social cumple funciones diferentes según responda a la política general desplegada por gobiernos populares o por gobiernos antipopulares. Representa, de este modo, diferentes sentidos, según la naturaleza y los intereses de clase de los distintos gobiernos.

En el caso de gobiernos populares que propendan al desarrollo de las fuerzas productivas, a la defensa y ampliación de las fuentes de trabajo, a la expansión del consumo, la asistencia opera en la reparación de problemáticas y carencias puntuales que presenten los sectores más vulnerados de la sociedad, representando -simultáneamente- una manera indirecta de preservación salarial (o distribución secundaria de la riqueza) por la vía de servicios y subsidios destinados a mejorar la calidad de vida de la gente.

En ese sentido adquiere un carácter complementario del rumbo general de la política económica, fortaleciendo la perspectiva de derechos y de la necesaria vigencia de la justicia social.

Pero en el caso de gobiernos antipopulares, como el del ex presidente Mauricio Macri, que reducen el empleo, contraen los salarios, restringen los derechos laborales y generan marcada pobreza y exclusión, las políticas asistenciales apenas implican un alivio limitado y selectivo para las situaciones más críticas, mientras se mantienen férreamente los objetivos de evidente concentración de riqueza a favor de ciertos sectores sociales y en perjuicio de la búsqueda de la necesaria igualdad social que transforme en digna la vida humana.

De ahí que la asistencia, en el marco y perspectiva de los gobiernos antipopulares, confronta con el paradigma de derechos, transitando hacia modalidades caritativas o filantrópicas que robustecen la lógica asistencialista.

Sin atacar ni atenuar siquiera las causales estructurales de la obscenidad del sistema capitalista, la labor asistencial se transforma en puro asistencialismo en la línea del control social y del disciplinamiento para contrarrestar el reclamo de la población por los derechos. En definitiva, el asistencialismo es una excrecencia propia del sistema capitalista.

En síntesis, sobre esta cuestión de la asistencia, el aspecto clave a enfrentar será cómo seguir reivindicando el conjunto de los derechos (es decir, trabajo formal, salarios dignos y políticas sociales universales), sin dejar de lado -mientras tanto- la asistencia: porque la asistencia, reafirmamos, también es un derecho de la gente.

Defender la idea de la asistencia como derecho, exige también diferenciar esta concepción de aquellas alternativas que, con lamentable frecuencia, transforman la asistencia en un recurso para la construcción de relaciones clientelistas, generando dependencia y sumisión. Toda persona o grupo que recibe algo (por la vía del no derecho), siempre queda en deuda con el que se lo da. En ese caso, el que recibe debe a quien da. Por el contrario, los derechos implican el reconocimiento de ciudadanía plena para toda la población, fortaleciendo la autonomía y neutralizando la discriminación y la diferenciación social.

Comprender esta ecuación, nos debe impulsar a revalorizar la concepción de derechos, que es la que construye democracia en serio. Y nos podrá ayudar a alejarnos de la desgraciada descripción que contiene aquel proverbio africano, que afirma que “la mano que recibe está siempre debajo de la mano que da.”

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Análisis Economis: No parece mala como el Megacanje, pero tampoco es el canje del 2005 que marcó el boom del crecimiento a “tasas chinas”

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La oferta de canje de bonos de deuda del Estado Nacional emitidos bajo legislación extranjera que presentó hoy el presidente Alberto Fernández junto a los gobernadores dista mucho de ser un capítulo de la historia argentina parecido al exitoso del 2005. A pesar de que el Gobierno quiera dotarlo de esa “mística”.

Ese canje que llegó en su primera etapa al 76,07% de aceptación. Allí participó el hoy primer mandatario como Jefe de Gabinete y tuvo como principales protagonistas a la dupla Kirchner-Lavagna. Coincidió también con un boom de la economía argentina que ya había comenzado a atravesar los cuatro años de mayor crecimiento de su historia, con los famosos superávits gemelos (fiscal y de balanza comercial) y las “tasas chinas” de incremento de la actividad (2003-2008).

Esta operación es más acotada y hasta tiene algunas similitudes con un capítulo negro de las reestructuraciones de deuda argentina, como lo fue el Megacanje que en octubre de 2000 tuvo al trío De la Rúa – Domingo Cavallo y David Mulford como caras visibles.

Sin embargo, tiene una gran diferencia con el Megacanje. Aquella operación parecía diseñada para salvar el “pellejo” a los acreedores, evitarles el default y sostener la Convertibilidad. Para muchos bancos y fondos fue comprar tiempo para “salir de la Argentina” y dejar al país al borde del caos. A costa de cualquier posibilidad de crecimiento, ya que el país se sometió a una nueva ronda de ajustes en medio de una recesión feroz que ya llevaba tres años.

Veamos la oferta y qué similitudes y siferencias tiene con esas dos operaciones.

La Argentina busca canjear bonos por u$s68.842,5 millones, que se emitieron bajo legislación extranjera.

¿Qué ofrece? Bonos nuevos con una gran reducción de los intereses, respecto a los bonos actuales (en la jerga se llama “el cupón”). En cambio, la quita de capital es muy marginal, apenas u$s3.600 millones o el 5,4 por ciento del total.

¿Qué objetivo persigue la Argentina? No pagar la deuda privada en dólares durante los próximos 3 años, ya que está pidiendo ese período de gracia. Es decir, Alberto Fernández recién empezará a pagar a pocos meses de terminar su mandato.

Si la operación se cierra con éxito en junio del 2020, la Argentina comenzará a pagar los intereses en junio del 2023, según lo que se entendió de la escaza información que se ofreció en la presentación a gobernadores.

Después, la Argentina comenzará a pagar intereses de la deuda del orden del 0,5% en el primer año para ir subiendo de forma muy gradual. (La Argentina está acostumbrada a pagar intereses sobre su deuda alrededor del 8%).

¿En qué se parece y en que se diferencia del Megacanje?

Diferencias: Es una operación pensada desde la sustentabilidad de los primeros 3 años de gracia y los primeros años de pago de intereses bajos. El Megacanje compraba tiempo en favor de los inversores a costa de terminar de perjudicar la castigada economía argentina.

Similitudes: Es un canje de deuda sin entrar en default y que se realiza para pagar y evitar el default, ahí se parece al Megacanje.

Pero la similitud más importante y la que más importa, es que no parece una operación que le restituya a la Argentina el crédito en dólares o el acceso a los mercados financieros internacionales. Eso dependerá de la capacidad de la Argentina para crecer, aún cuando el canje se cierre exitosamente.

Lo dijo ayer el titular del BCRA, Miguel Pescen en el programa “A Dos Voces”. El funcionario dijo que la Argentina se iba a arreglar, después del canje, con los dólares que generara de exportaciones únicamente. Tal cual lo está haciendo ahora. Tras el canje, el cepo al dolar seguirá y las restricciones seguirán y sólo se podrían levantar cuando la Argentina sea otra vez una economía con un crecimiento vigoroso, condición que no se da desde el 2010-2011.

¿En qué se parece y en qué se diferencia con el canje exitoso del 2005?

En el 2005 el Gobierno llevaba casi cuatro años en cesación de pagos. Es decir, casi cuatro años sin pagar, que es lo que busca ahora Alberto Fernández, aunque sin llegar a entrar formalmente en default.

Por otra parte, la principal diferencia es que la Argentina ya venía creciendo en 2005. La actividad había comenzado a mejorar desde fines del 2003. Cuando Eduardo Duhalde le pasó la posta a Néstor Kirchner, el país ya estaba creciendo con condiciones inmejorables: no pagaba deuda, tenía un tipo de cambio súper competitivo, no tenía inflación a pesar de la suba del dólar y la soja y otros commodities estaban con los precios por las “nubes”.

Fueron estas condiciones y no el canje en sí mismo del 2005 lo que permitió a la Argentina su mayor período de crecimiento.

La última diferencia. Aquella vez el FMI era el “villano” a tal punto que tras el canje, se le pagó cash al organismo para que dejara a la Argentina en paz.

En cambio ahora, la Argentina y el FMI parecen transitar la misma vereda. Aún cuando este canje sea exitoso y logre una alta aceptación (sí o si, habrá quienes no acepten y opten por el juicio porque ya en los últimos tiempos compraron deuda Argentina a precio de remate con esa intención) todavía quedará la deuda de u$s44.000 millones que el país tiene con el organismo financiero internacional.

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