En Argentina los bonos caen y el riesgo país sube a 850 puntos
Los bonos argentinos siguen bajo presión y el riesgo país supera los 830 puntos, pese al repunte de las bolsas internacionales tras las elecciones en EE.UU.
La evolución de los activos financieros argentinos volvió a mostrar una dinámica divergente respecto del escenario internacional. Mientras las principales bolsas del mundo registraron avances tras el resultado de las elecciones legislativas en Estados Unidos y la derrota política de Donald Trump, los bonos soberanos locales continuaron bajo presión y el riesgo país se mantuvo en niveles elevados, por encima de los 830 puntos básicos y con registros que llegaron a ubicarse en torno a los 850 puntos.
La diferencia entre ambos comportamientos expone una característica central del momento financiero argentino: los factores externos pueden modificar las condiciones generales de liquidez y el apetito por activos emergentes, pero la percepción de riesgo sobre la deuda local sigue condicionada, principalmente, por las variables domésticas. La actividad económica, la agenda legislativa, la consistencia fiscal y monetaria y las expectativas políticas hacia 2027 aparecen entre los elementos que observan los inversores.
El indicador elaborado por JP Morgan llegó a avanzar 19 unidades, equivalente a un incremento del 2,3%, hasta los 850 puntos básicos, impulsado por el desempeño de los títulos soberanos. En otra referencia de la misma rueda, el riesgo país se ubicó en 834 puntos, después de haber superado los 830 durante las jornadas previas. La diferencia entre ambos registros refleja distintos momentos de la cotización intradiaria y confirma que el indicador se mantuvo en una zona de máximos de los últimos doce meses, con niveles que no se observaban desde octubre de 2025.
La presión sobre la deuda argentina se produjo después de varias ruedas negativas, en las que algunos títulos llegaron a retroceder más de 1%. Sin embargo, durante la jornada del miércoles 4 también se registraron avances de hasta 0,6% en determinados bonos en dólares, con desempeños destacados para el Bonar 2037 y el Global 2038. Esa recuperación parcial se inscribió en una mejora más amplia de la deuda emergente, aunque no alcanzó para despejar la cautela sobre los activos locales.
El comportamiento de los bonos es relevante porque sus precios y rendimientos inciden directamente en la medición del riesgo país. Cuando los títulos soberanos pierden valor, sus tasas implícitas aumentan y se amplía la prima que los inversores exigen para financiar al Estado argentino frente a referencias consideradas de menor riesgo. Por eso, una recuperación puntual de las cotizaciones puede moderar el indicador, aunque su evolución también depende de las tasas internacionales y de la percepción sobre la capacidad de pago del país.
En ese contexto, Julián Colombo, director de Bitso para Sudamérica, advirtió que los cambios en las condiciones financieras globales pueden trasladarse a los activos argentinos. “Si la incertidumbre internacional eleva el costo del capital o reduce el atractivo de los activos emergentes, eso puede trasladarse a los bonos argentinos, al riesgo país y a las expectativas cambiarias”, señaló. También planteó que la capacidad de mantener el orden fiscal, sostener la estabilidad monetaria y fortalecer las reservas será determinante para reducir la exposición a los movimientos externos.
La reacción internacional a las elecciones estadounidenses mostró, en paralelo, una lectura favorable de los contrapesos institucionales. El resultado legislativo abrió paso a un Congreso bajo control demócrata, de acuerdo con el escenario descripto por el equipo de Research de Puente. Para la firma, la pérdida de control legislativo republicano moderó las expectativas de nuevos impulsos fiscales expansivos y contribuyó a una baja de los rendimientos de la deuda soberana estadounidense, junto con un alivio generalizado en los mercados bursátiles.
Desde esa perspectiva, la respuesta inicial de los inversores estuvo vinculada con la expectativa de una política económica estadounidense condicionada por mayores controles legislativos. Puente también señaló que un Congreso dividido o adverso podría llevar a la administración de Trump a mantener una postura estricta en materia comercial y geopolítica para contrarrestar tensiones inflacionarias. La evolución de esas decisiones será relevante para determinar el comportamiento de las tasas de interés, el dólar y los flujos internacionales de capital.
Los principales índices bursátiles reflejaron ese clima. En Europa, el FTSE 100 de Londres avanzó 1,96%; el CAC francés, 2,14%; el DAX alemán, 1,89%; el IBEX de Madrid, 3,28%; y la Bolsa de Milán, 2,38%. En Asia, Shanghái cerró con una mejora de 2,16%, Hong Kong subió 1,67% y el Kospi de Corea avanzó 0,62%. En Wall Street, las referencias mostraron subas de hasta 3% para el Dow Jones, 1,8% para el S&P 500 y 1,4% para el Nasdaq.
El petróleo, por su parte, continuó con tendencia descendente y se acercó a perforar los 100 dólares por barril. La combinación de menores expectativas de gasto público estadounidense, cambios en las perspectivas comerciales y una mayor cautela geopolítica forma parte de las variables que el mercado incorpora a sus valuaciones.
Jorge Ángel Harker, analista de mercados internacionales de Adcap Grupo Financiero, consideró que la reacción inicial de los mercados no mostró un escenario de fuerte deterioro después de las elecciones y sostuvo que los inversores comenzaron a prestar atención a los próximos movimientos de Trump, en particular a la evolución de las tensiones con Irán y en el Golfo Pérsico. Ese frente podría introducir nuevos factores de volatilidad en los precios de la energía y en las expectativas financieras globales.
En el mercado argentino, las acciones mostraron un comportamiento dispar. El índice Merval avanzó 0,8% en pesos, hasta los 91.143,10 puntos, mientras que su referencia en dólares subió 0,2%, hasta los 54,14 puntos. Sin embargo, los certificados de acciones argentinas que cotizan en Wall Street, conocidos como ADRs, operaron con resultados mixtos y fuertes diferencias entre sectores.
Las mayores bajas se concentraron en compañías energéticas. YPF llegó a retroceder hasta 7%, mientras que Pampa Energía registró pérdidas de entre 3,4% y 4,2%, según el momento de la rueda. También operaron en terreno negativo Central Puerto, con una caída de 2,8%, Transportadora de Gas del Sur, con 1,9%, y Tenaris, con 3,1%. En sentido contrario, Mercado Libre avanzó 5,6%, Globant 4,6% y Corporación América 4,2%, mientras que Loma Negra registró una mejora de 0,8%.
La divergencia entre los papeles energéticos y las compañías de otros sectores muestra que el movimiento internacional no se trasladó de manera uniforme al mercado local. La evolución del petróleo, las perspectivas de inversión y las condiciones de financiamiento pueden influir sobre las valuaciones de las empresas vinculadas con la energía, aunque las cotizaciones también responden a factores propios de cada compañía.
Para Puente, el desempeño de los activos argentinos confirma que los determinantes domésticos mantienen un peso central en las decisiones de inversión. La firma consideró que el resultado electoral en Washington funciona como un factor secundario frente a un escenario local atravesado por la evolución de la actividad económica, la agenda legislativa y el riesgo electoral de cara a las presidenciales de 2027.
La lectura tiene implicancias que exceden la dinámica diaria de los mercados. Un riesgo país elevado condiciona el costo potencial de acceso al financiamiento externo, influye sobre las decisiones de inversión y limita las posibilidades de refinanciación de deuda en condiciones más favorables. También puede incidir sobre las expectativas cambiarias y sobre la percepción de estabilidad macroeconómica.
En ese marco, la mejora de los indicadores internacionales representa una oportunidad para los mercados emergentes, pero no constituye por sí misma una garantía de recuperación de los activos argentinos. La sostenibilidad de las cuentas públicas, la acumulación de reservas, la estabilidad monetaria y la previsibilidad institucional aparecen como variables necesarias para que un contexto externo favorable pueda traducirse en una reducción persistente del costo de financiamiento del país.
