Mercados bajo presión: tasas de Estados Unidos, riesgo país y elecciones condicionan a los bonos argentinos

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El mercado argentino vuelve a quedar atrapado entre dos fuerzas que no controla completamente. Desde afuera, el comportamiento de las tasas de interés estadounidenses endurece las condiciones financieras internacionales; puertas adentro, la recuperación de la actividad, la acumulación de reservas, el comportamiento del dólar y la aproximación del proceso electoral de 2027 comienzan a pesar cada vez más en las decisiones de inversión.

Ese es el escenario que describe el análisis semanal de Mills Capital, que identifica a la curva de tasas de Estados Unidos como una de las variables determinantes para los activos argentinos y, al mismo tiempo, señala que los actuales rendimientos de algunos bonos comienzan a ofrecer puntos de entrada para inversores dispuestos a asumir riesgo.

Para Emilio Botto, jefe de Estrategia e Inversiones de Mills Capital, la estrategia pasa por diferenciar entre quienes ya poseen bonos argentinos y aquellos que buscan comenzar a construir posiciones. Mientras para los primeros la firma prefiere reducir duración, para nuevos ingresos observa oportunidades para avanzar gradualmente.

La tasa estadounidense 

El primer condicionante está lejos de Buenos Aires. El movimiento de la curva de rendimientos de Estados Unidos tiene un efecto directo sobre la valuación de los activos de mercados emergentes y, particularmente, sobre economías con una prima de riesgo elevada como la argentina.

“Una suba de las tasas largas eleva el piso sobre el cual se mide el riesgo país y hace más difícil que los bonos argentinos compriman sus rendimientos”, explicaron los analistas de Mills Capital.

El mecanismo es especialmente relevante para Argentina. Si aumenta la rentabilidad ofrecida por los títulos considerados de menor riesgo en los mercados internacionales, los inversores demandan una prima mayor para permanecer expuestos a activos argentinos.

En consecuencia, aun cuando las variables domésticas mostraran cierta estabilización, un deterioro persistente de la curva estadounidense podría limitar la recuperación de los bonos soberanos.

“El riesgo país podría seguir mostrando presión si continúa el deterioro de la curva americana y, a nivel local, la actividad económica mantiene una dinámica de recuperación irregular”, señalaron desde Mills Capital.

La combinación resulta particularmente desafiante: condiciones internacionales menos favorables coincidiendo con una economía doméstica que todavía debe demostrar capacidad para sostener una trayectoria consistente.

La política empieza a entrar en los precios

A ese escenario financiero se agrega una variable que irá ganando peso durante los próximos meses: las elecciones de 2027.

Mills Capital considera que la proximidad del calendario electoral incorporará naturalmente mayor volatilidad a los activos argentinos. Para los inversores, el foco no estará únicamente sobre el resultado político, sino sobre las señales relacionadas con la continuidad de los equilibrios económicos.

“A eso se suma el proceso electoral, que naturalmente va a incorporar volatilidad a medida que se acerquen las definiciones de 2027”, explicaron los analistas.

Entre las variables que observará el mercado aparece particularmente la capacidad de acumulación de reservas, uno de los indicadores utilizados para evaluar la fortaleza del frente externo y la sostenibilidad del esquema cambiario.

Por eso, durante los próximos meses la dinámica financiera argentina estará atravesada simultáneamente por la política, las reservas, la actividad y el escenario internacional.

En materia cambiaria, Mills Capital relativiza la lectura automática de cualquier movimiento ascendente del dólar oficial como señal de una corrección más profunda.

Para los analistas de la compañía, la referencia central debería ser la relación entre la evolución del tipo de cambio y la inflación.

“Lo esperable es que el tipo de cambio acompañe la evolución de la inflación. Una suba del dólar oficial, por sí sola, no necesariamente implica que estemos frente a una corrección cambiaria de mayor magnitud”, explicaron.

El punto decisivo será determinar si el movimiento cambiario continúa alineado con la dinámica de precios o si comienza a aparecer una demanda adicional de divisas capaz de alterar ese equilibrio.

En otras palabras, el mercado estará mirando menos un movimiento puntual del dólar que la consistencia entre inflación, tipo de cambio y demanda de divisas.

Las tasas estadounidenses no constituyen la única amenaza proveniente del escenario internacional.

Mills Capital identifica a la geopolítica como otro factor capaz de alterar las condiciones financieras que enfrenta Argentina. Los conflictos internacionales pueden trasladarse rápidamente hacia las tasas, los precios de los commodities y las expectativas inflacionarias globales.

“Los conflictos abiertos mantienen elevada la incertidumbre internacional y pueden afectar tanto las tasas como los precios de commodities y las expectativas de inflación”, indicaron los analistas.

Argentina queda particularmente expuesta a esas oscilaciones porque necesita reducir su prima de riesgo para recuperar condiciones más normales de financiamiento internacional.

Así, una mejora de los fundamentos locales podría encontrar un límite si simultáneamente empeoran las condiciones financieras globales.

El castigo sobre la deuda argentina también tiene una contracara: precios más bajos implican rendimientos potencialmente más altos. Y allí Mills Capital comienza a detectar oportunidades.

“Los bonos largos ya incorporan una prima de riesgo elevada, con rendimientos que en muchos casos se ubican por encima del 10% y en torno al 12% en la ley argentina. A estos niveles, empiezan a resultar atractivos”, sostuvo Emilio Botto, jefe de Estrategia e Inversiones de Mills Capital.

La lectura, sin embargo, está lejos de implicar una señal indiscriminada de compra.

Botto advierte que todavía no existen señales suficientemente claras de que la curva estadounidense haya alcanzado un punto de equilibrio. Eso introduce el riesgo de que nuevas subas de los rendimientos internacionales vuelvan a presionar sobre los precios de los títulos argentinos.

De allí surge una estrategia diferenciada. “Para quienes ya están posicionados, preferimos mantener una exposición más corta y reducir duration. Para quienes todavía quieren entrar, vemos estos niveles como una oportunidad para empezar a construir posición de manera gradual”, explicó Botto.

La recomendación implica evitar una exposición excesiva al tramo largo para carteras ya invertidas, mientras que los precios actuales pueden comenzar a funcionar como punto de entrada escalonado para quienes todavía permanecen afuera.

La estrategia cambia cuando disminuye la tolerancia al riesgo. Para los inversores más conservadores, Mills Capital privilegia instrumentos que permitan mantener exposición a activos dolarizados sin asumir completamente la volatilidad de los bonos soberanos largos.

“En los perfiles más conservadores, preferimos Bopreales y ONs corporativas de alta calidad crediticia”, indicó Botto.

El diagnóstico general deja así un mercado con oportunidades, pero atravesado por un equilibrio delicado.

Los elevados rendimientos de los títulos argentinos comienzan a ofrecer precios atractivos, pero todavía conviven con una curva estadounidense exigente, incertidumbre geopolítica, una recuperación económica doméstica irregular y un calendario electoral que progresivamente ocupará mayor espacio en las valuaciones.

En ese contexto, la reducción del riesgo país dependerá no solamente de las decisiones económicas argentinas. También necesitará de un escenario financiero internacional que permita que cualquier mejora doméstica pueda traducirse efectivamente en una baja de los rendimientos exigidos por los inversores.

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