“Nueve dedos”: Bolsonaro chicaneó a Lula y tuvo que pedir disculpas
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El bolsillo de los brasileños ocupó el centro del último debate presidencial, pero fueron los cruces sobre seguridad, corrupción y trayectoria personal los que elevaron la tensión entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. A dos días de la segunda vuelta, el presidente buscó defender la recuperación de los ingresos y su historia como trabajador metalúrgico, mientras el senador intentó ampliar su llegada al electorado de centro con un discurso de continuidad de las políticas sociales.
Según la crónica de El País, los candidatos llegaron al encuentro organizado por TV Globo en Río de Janeiro con las últimas encuestas empatadas en el 50%, después de la victoria de Bolsonaro en la primera vuelta del 4 de octubre. Durante más de dos horas mantuvieron un intercambio menos agresivo que el anterior, aunque el tramo final volvió a quedar dominado por las descalificaciones.
La disputa económica giró alrededor de una pregunta concreta: cuánto alcanza el salario. Bolsonaro insistió en la distancia entre la mejora de los ingresos que exhibe el Gobierno y las dificultades cotidianas de las familias para cubrir sus gastos. Su intervención apuntó a quienes no perciben esa recuperación en sus compras o no la atribuyen a la gestión de Lula.
El presidente respondió con la política de salario mínimo y la comparación con el gobierno de Jair Bolsonaro. Sostuvo que, sin las decisiones del Partido de los Trabajadores, el piso salarial sería de unos 900 reales, frente a los 1.600 actuales.
Flávio Bolsonaro buscó disputar ese terreno con promesas de crédito más barato, inversiones en las favelas y la creación de un “banco de la prosperidad”. También se comprometió a aumentar el salario mínimo y las jubilaciones por encima de la inflación, rechazó que vaya a recortar el gasto social y expresó su respaldo a la gratuidad del transporte.
El senador procuró, además, mejorar su llegada a las mujeres, uno de los segmentos donde encuentra mayores dificultades electorales. Pidió disculpas por haber votado contra la ampliación de la licencia por maternidad, defendió Bolsa Família y calificó al sistema público de salud como un orgullo nacional.
La seguridad quebró ese tono. Bolsonaro reiteró sus propuestas de declarar terroristas a las organizaciones criminales, reducir la edad de responsabilidad penal a los 14 años y aplicar la castración química a violadores. También acusó a Lula de proteger a los delincuentes.
El presidente respondió con el caso de Ana Clara Gomes, una niña de cinco años que murió durante un tiroteo en Niterói en 2021. Le reprochó a su rival la defensa de un policía acusado por ese hecho. La madre de la niña, presente en el estudio junto a la primera dama, Janja, y el vicepresidente Geraldo Alckmin, cuestionó la respuesta del senador.
Bolsonaro puso en duda que el disparo hubiera salido del arma del agente y ofreció ayudar a esclarecer el crimen. Lula profundizó el ataque con acusaciones sobre los vínculos de su adversario con milicias de Río de Janeiro.
El último bloque concentró las denuncias de corrupción y las respuestas defensivas de ambos candidatos. Bolsonaro interrogó al presidente sobre una botella de whisky de 500.000 reales que, según una publicación de la revista Veja, el banquero Daniel Vorcaro habría encargado para entregársela. El Gobierno niega que Lula la haya recibido.
El presidente contraatacó con el financiamiento de Dark Horse, la película sobre Jair Bolsonaro, que recibió 12,3 millones de dólares a través de un operador financiero del banquero. Flávio reconoció que esos fondos se destinaron a la producción, aunque negó irregularidades.
También reapareció el desafío de Lula para que ambos abrieran sus cuentas bancarias y sus teléfonos. Bolsonaro había respondido ante la justicia electoral con 19 condiciones, entre ellas extender la apertura de información a familiares y colaboradores del presidente. La campaña oficialista las aceptó, pero, al momento del debate, ninguno había concretado la divulgación.
La figura de Jair Bolsonaro atravesó todo el encuentro. Lula comparó reiteradamente ambas gestiones, mientras Flávio reivindicó las obras y decisiones de su padre. En el cierre sostuvo que el expresidente, condenado a 27 años por su participación en una trama golpista, recibe un trato injusto. Su propuesta de indultarlo forma parte de la campaña.
Uno de los momentos más ásperos llegó cuando el senador aludió al dedo que Lula perdió en un accidente laboral. El presidente exigió una disculpa y convirtió el agravio en una reivindicación de su origen obrero, contrapuesto a la trayectoria de su rival como hijo de una familia política.
El debate dejó expuestas las prioridades de ambos para la recta final: Bolsonaro buscó reducir los temores sobre un eventual ajuste social y concentrar la discusión en el costo de vida; Lula defendió su política de ingresos y presionó sobre los antecedentes y las respuestas de su adversario. La definición quedó en manos de un electorado que, según los sondeos citados, llega dividido al balotaje.
