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Lula vs Bolsonaro: el debate tuvo alta tensión, acusaciones y mano en el hombro

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(Por Pablo Giuliano, corresponsal) El expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva calificó hoy como “el rey de las fake news y de la estupidez” al mandatario Jair Bolsonaro, quien lo acusó de ser partícipe de “la mayor corrupción de la historia de la humanidad”, durante el debate presidencial para el balotaje del 30 de este mes que se realizó en el canal Bandeirantes.

En medio de una expectativa a nivel global para definir el futuro de Brasil, el debate mano a mano entre Bolsonaro y Lula se trató de un intercambio de acusaciones y de visiones con alta tensión, y en un momento el actual mandatario intentó tocar el hombro del líder del Partido de los Trabajadores (PT).

Bolsonaro intentó vincular a Lula al narcotráfico por hacer campaña electoral en las favelas de Río de Janeiro mientras el jefe del PT lo rebatió diciendo que el jefe del Estado está vinculado al crimen organizado de los parapoliciales de ultraderecha que mataron a la concejala Marielle Franco en Río de Janeiro en 2018.

El líder del PT, vencedor de la primera vuelta, le dijo a Bolsonaro que durante su gestión el aumento real del salario fue de 74% entre 2003 y 2010. “Me gustaría que expliques por qué hace cuatro años no das un aumento real de salario mínimo y por qué el crecimiento promedio de tu gobierno es 2% cuando el mío era de 4%”.

Lula dijo que Bolsonaro se rio de los muertos por Covid-19. “Fuiste al velorio de la reina de Inglaterra y no consolaste a ningún padre que perdió hijos en la pandemia. Queda mal que mientas, sos el rey de las fake news”.

El mandatario cargó contra la corrupción del escándalo del Petrolao en Petrobras asesorado por el exjuez Sérgio Moro, hoy senador nacional, que volvió a ser aliado de Bolsonaro luego de haber renunciado como Ministro de Justicia.

Fue una de las grandes noticias de la noche el regreso de Moro a ser asesor del ultradrechista al que denunció por haber obstruido investigaciones.

Lula logró llevarse el primer tramo del debate al insistir en el rol de Bolsonaro en la pandemia, acusándolo de ser “negligente” con la adquisición de vacunas.

La corrupción fue una de las batallas del debate, con Bolsonaro buscando aumentar el rechazo a Lula, que venció la primera vuelta por 48% a 43% y recordando la detención de Lula por parte de Moro, en una escandalosa causa que fue anulada por el Supremo Tribunal Federal (STF, corte suprema).

“Lula fue liberado por un juez de la corte amigo”, dijo Bolsonaro, a lo que Lula omitió recordar el fallo del STF que anuló las causas en su contra y lo consideró inocente por lawfare.

En cambio, el exmandatario defendió su política de Petrobras para la suficiencia energética y fustigó la venta de la red de distribuidoras BR al sector privado. “Este gobierno está importando gasolina porque no quieren construir refinerías”, sostuvo.

El debate los tuvo de pie y frente a frente en bloques hablando por bloques de 15 minutos.

Ambos se acusaron de mentirosos y Bolsonaro se negó a responder cuántas universidades o escuelas técnicas realizó. “A vos te daba orgullo tener a Lula como presidente, nunca hiciste discursos criticándome cuando eras diputado”, afirmó Lula.

Bolsonaro intentó ideologizar la discusión vinculando a Lula con los presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro, y de Nicaragua, Daniel Ortega.

“Miren hacia dónde fue la Argentina, el presidente (Alberto) Fernández tiene 40% del pueblo en la línea de la pobreza y ya revuelven basura para sobrevivir. ¿Queremos eso para Brasil, con personas sin calificación intelectual ni moral? ¿Quieren volver a la escena del crimen? Este pueblo respira libertad. Cerraron iglesias en la pandemia y usted no dijo nada. No hay más mascotas en Venezuela porque se los comen”, dijo Bolsonaro.

Lula defendió las políticas ambientales y acusó a Bolsonaro de tolerar y fomentar la invasión de tierras indígenas en la Amazonia por parte del agronegocio.

“El ruralista que invade tierras es un bandido, no es un empresario”, sostuvo el expresidente Lula.

“Bolsonaro hace cuatro años que no aumenta el salario. Vamos a bajar el mínimo no imponible del impuesto de renta. Vamos a reconstruir el país”, dijo Lula, quien afirmó que Bolsonaro fue “el peor presidente del mundo en la pandemia”, riéndose de los enfermos.

El debate tuvo audiencia récord en los canales de Youtube y 13 puntos de rating.

Bolsonaro cuestionó la edad de Lula -76 años- y dijo que “ya tendría que estar retirado y no volver al lugar del crimen”, además de que alentó el fantasma religioso al afirmar que “el PT quiere liberar las drogas, el aborto y la instalación de baños unisex en las escuelas”.

Bolsonaro logró que la corte electoral impidiera la divulgación de un escándalo por una declaración calificada como vinculada a la pedofilia, un tema que Lula se negó a abordar. Bolsonaro en otro trecho del debate acusó a los gobernadores del PT de desviar dinero federal para enfrentar la pandemia en “marihuana”.

“Vos tenés la conciencia pesada Bolsonaro, te levantás a la madrugada para hablar por internet”, aseguró Lula.

Lula acusó a Bolsonaro de querer expandir el número de jueces de la corte suprema y de tener proyectos para ser un “pequeño dictadorcito”.

El expresidente cerró diciendo que “en el país hay 33 millones de personas que están pasando hambre y vamos a hacer que el pueblo pueda comer una sado con cerveza porque Bolsonaro cree que el solamente puede, pero nosotros vamos a darle ese derecho a todo el pueblo”.

Bolsonaro dijo que el líder del grupo criminal PCC, Marcos Willians Camacho, Marcola, “expresó simpatía por Lula” y sostuvo que la ida a las favelas de Lula estaba vinculada al narcotráfico.

“Soy el único presidente y candidato a presidente que va a las favelas, el lugar donde la mayoría de la gente es trabajadora”, dijo Lula.

Pero sin dudas el punto clave de la campaña fue el ingreso de Moro en la campaña para abastecerlo sobre las causas de Lava Jato contra Lula y el PT. El exjuez que encarceló a Lula le dio municiones a Bolsonaro para lo que más busca, elevar para la segunda el rechazo a la figura de Lula y poner la corrupción por encima de otros temas.

En el tercero bloque, Lula dejó a Bolsonaro hablar siete minutos a voluntad, mezclando las iglesias evangélicas brasileñas y la agenda de costumbres y valores con el cierre de las iglesias en Nicaragua, un punto que está siendo nodal en el discurso del ultraderechista.

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La frontera con Misiones, el rincón más bolsonarista de Brasil

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Escribe Naiara Galarraga Gortázar, El País. El fenómeno Bolsonaro le ha dado a la señora Ivette Izabel Krüger una especie de segunda juventud a los sesenta años. Está entregada a la causa, que para ella significa patria y disciplina. “Cuando era pequeña, aquí las autoridades eran el cura y el profesor, y los respetábamos. Quiero que eso vuelva”, explica entusiasmada de tener a un militar en la jefatura del Estado. La mera posibilidad de que la izquierda venza en las urnas al líder ultraderechista y regrese al poder en Brasil la agita. “Estoy tan enfadada que iría incluso a una guerra para salvar a mi país. Lo juro por Dios, porque no podemos perder Brasil a manos de la izquierda”, dice exaltada. Krüger, comerciante, está en campaña para que el presidente Jair Bolsonaro, de 67 años, sea reelegido. Pocos quedan por convencer en su pueblo, Quatro Pontes. Bolsonaro arrasó aquí con un 80,3%, la tercera ciudad brasileña que votó con más entusiasmo al antiguo capitán del Ejército.

Con los municipios vecinos de Nova Santa Rosa (segunda con 82%) y Mercedes (quinta con 78%), forma el rincón más bolsonarista del país, en el estado de Paraná, en la frontera con Misiones. Fueron creadas hace pocas décadas por colonos hijos o nietos de alemanes pobrísimos atraídos por la promesa de un pedazo de tierra a desbravar y un futuro mejor. Estos espléndidos cultivos eran frondosos bosques.

Trabajaron duro. Y les ha ido bien en esta zona cercana a las Cataratas del Iguazú y a la frontera con Paraguay y Argentina.

La comerciante Ivette Izabel Kruger, fervorosa bolsonarista, posa en su tienda de Quatro Pontes este jueves. Tras ella, un poster a favor de la emancipación del sur de Brasil. (Fotos Avener Prado)

Este es un Brasil que no parece Brasil. Con 4.000 vecinos, Quatro Pontes es una ciudad coqueta, con vecinos blancos de ojos claros que viven del sector agropecuario en casitas de colores sin verjas, buenos servicios, limpísima, con un Ayuntamiento que imita a una construcción alpina, una plaza cubierta donde se celebran fiestas sin alcohol y familias conservadoras muy apegadas a la tradición y la fe, sean católicas o protestantes. Gente de bien, como diría Bolsonaro.

Trabajadores agradecidos al presidente porque los escucha y mima a su sector, que genera un tercio del PIB nacional. Familias que temen perder el bienestar alcanzado con tanto esfuerzo. Sus inquietudes suenan similares a las de las clases medias empobrecidas de Estados Unidos o Europa, que se sienten amenazadas por la globalización y los inmigrantes.

En sintonía con Bolsonaro, desconfían de las encuestas. Es más, muchos estaban convencidos de que sentenciaría las elecciones con una victoria en la primera vuelta. Aunque los sondeos subestimaron a Bolsonaro, su 43% le obliga a jugarse la Presidencia el día 30 con el favorito, el aquí innombrable Luiz Inácio Lula da Silva, que logró el 48% y a los 76 años busca un tercer mandato.

En estas tierras, todos están muy acostumbrados a deletrear sus apellidos, muchos impronunciables: Marzinkowski, Schweich, Buchholtz, Fucks, Prosbs, Mittanck, Arend… Y los consultados se dicen partidarios, con más o menos intensidad, de que el presidente acepte una hipotética derrota, aunque alguno añade “siempre que sea justa”. Coinciden en que el disgusto sería descomunal. Y abocaría su patria a un futuro catastrófico.

Les preocupa que vuelvan los sin tierras o que algunas zonas sean reservadas para los indígenas. Pero ha calado hondo el temor a que la gran potencia latinoamericana siga la estela de Venezuela o Argentina. Y causa escalofríos. “Mire cómo está Argentina, que era muy fuerte. Cuando yo era pequeño, los turistas argentinos venían a derrochar. Ahora, es a la inversa. Tienen impuestos muy altos, muchas tierras abandonadas…”, cuenta Renato Smaniotto, de 39 años, en el sindicato rural de Nova Santa Rosa. ¿Conoce algún votante del Partido de los Trabajadores? El pequeño empresario agropecuario piensa un instante: “Así a bote pronto, no se me ocurre. Quien vota al PT aquí calla”.

El panadero Waldinei, de 55 años, tampoco sabe de ningún petista entre su clientela. Está convencido que todos los partidos tienen sus corruptelas, lo que le enerva es que el Partido de los Trabajadores “lo hiciera con descaro y a gran escala”. Los detesta. “Votar por el PT sería como decirles a mis hijos, ‘puedes robar, puedes abortar”.

Y, aunque sólo alguno lo expresa abiertamente, subyace un cierto racismo y clasismo hacia los compatriotas del nordeste, tierra de gentes pobres, mestizas o negras, que votan por Lula con el mismo entusiasmo que ellos por Bolsonaro. No pocos locales quisieran que el sur fuera un país independiente. “Es que no trabajan, aceptan que nada cambie… Podrían esforzarse como nosotros”, apunta la señora Krüger, que expresa opiniones más radicales que sus vecinos. Todos son firmes creyentes de que el esfuerzo personal por sí mismo es la llave a la prosperidad. Cuanto menos Estado, mejor para todos.

Milton Becker, de 72 años, posee una de las mayores empresas de Quatro Pontes, una granja con 80 empleados que atienden a 5.000 cerdos. Empezó en el negocio hace medio siglo con 10 crías. “La izquierda es socialista, defiende ayudar a las personas pero no a través de la producción”, dice el empresario. “Sería más digno que produjeran, no incentivar ayudas sin nada a cambio”, añade. Y repite uno de los eslóganes de su candidato: “Nuestra economía va a crecer más que la de China gracias al trabajo de Bolsonaro”. Además de rezar por el triunfo, busca abstencionistas a los que convencer.

El empresario Milton Becker, votante de Bolsonaro, posa este viernes en la granja donde cría unos 5.000 cerdos . Es una de las mayores compañías de Quatro Pontes.

Es opinión extendida que, si al presidente de ultraderecha no le ha ido mejor hasta ahora, es porque todos, es decir, la oposición, la prensa, las encuestas y el Tribunal Supremo están contra él. Las 24 horas del día buscando escándalos con los que dañarle. Como todo bolsonarista que se precie, repiten que el tipo no es perfecto pero sí la mejor opción.

Pese a la calidad de vida de la que disfrutan, la demanda de mano de obra supera a la oferta. No es fácil conseguir trabajadores. “Aquí solo pasa hambre quien no trabaja, siempre hay faena para un jornalero”, explica el camionero Geraldo Schadeck, de 70 años “Empecé a trabajar en la huerta a los ocho años, por eso no me volví un delincuente”, asegura mientras extiende orgulloso sus manos fuertes y callosas. “El temor es el comunismo”, dice mientras echa la tarde conversando en la peluquería. Llueve a cántaros para alegría de los locales en pleno plantío de la soja.

Estas ciudades están libres de dos de los grandes males de Brasil. La inseguridad ciudadana y la desigualdad, como muestra que no existan colegios privados, cosa rarísima en Brasil; todos estudian en la escuela pública. Hace unos años aún era frecuente que los niños llegaran al colegio sin hablar portugués porque eran criados en alemán. El gran icono de este Brasil que celebra una Oktoberfest tropical es la modelo Gisele Bündchen, probablemente la brasileña más famosa del planeta.

Bolsonaro ha supuesto grandes beneficios a Quatro Pontes, recalca el alcalde, João Inácio Laufer, de 51 años. La nueva conexión por carretera con Sinop, el corazón de la industria de la soja, atrae inversiones, los impuestos bajaron algo, los empresarios tienen facilidades para comprar maquinaria… y pronto inaugurarán una residencia de ancianos. “Nuestro pueblo le ha votado porque ven que el país crece, incluso con la pandemia y la crisis hídrica”.

Proliferan entre los bolsonaristas más fieles los que perdonan a Bolsonaro casi todos sus pecados, incluso la gestión negligente de la pandemia y el retraso en comprar vacunas.

Pero, incluso en el núcleo duro, el perfil no es tan homogéneo como muchos creen dentro y fuera de Brasil. Por ejemplo, André Henrique Matos, de 34 años, propietario de un club de tiro con casi 500 socios en Cascavel, la principal ciudad de la zona. Adora el estilo Bolsonaro: “Su modo grosero le hace genuino, distinto a todos los políticos”, dice Matos, que abandonó la militancia comunista de su juventud al convertirse en empresario y sentirse robado con los impuestos que paga. El negocio va magníficamente gracias a las facilidades de Bolsonaro para vender armas.

André Henrique Matos, propietario de un club de tiro en la ciudad de Cascavel y seguidor de Bolsonaro, este miércoles.

Aunque el coronavirus se llevó a su padre, que no estaba vacunado, él tampoco se ha inmunizado. No se fía de estas vacunas creadas a toda prisa. Que el presidente priorizara la libertad individual para que cada cual decidiera sobre el confinamiento y las vacunas le parece perfecto. Cero reproches ahí pese a los 670.000 muertos. Sí le disgusta el empeño de Bolsonaro en mezclar religión con política. Una de sus discrepancias, el aborto: “No estoy a favor, pero creo que la mujer debe tener derecho a decidir”, explica en su despacho antes de dar unos tiros para el fotógrafo.

Su esposa, Juliana Matos, de 22 años y vicepresidenta del club, tercia en la conversación: “Para comprar un arma no puedes haber sido investigado por la policía o los jueces. Y, en cambio, ¿puedes ser presidente de Brasil? ¡Es una broma de mal gusto!”.

Tanto los defensores de las armas como los productores agrícolas consideran que algunas de las propuestas esbozadas por Lula son ataques directos a sus intereses, como sustituir los clubs de tiro por clubs de lectura o elevar los impuestos a la exportación de carne para aumentar la oferta en el mercado interno y que baje el precio.

La señora Maria, una humilde jubilada de 70 años, destaca por el color de su piel entre los blancos vecinos de Quatro Pontes. Nacida en Pernambuco, como Lula, lleva tres décadas en la ciudad. Usa ese nombre ficticio porque teme que hablar con una periodista le perjudique. La vida cotidiana es ya demasiado dura como para arriesgarse. “Lula mejoró bastante las cosas para los pobres en aquel tiempo pero ahora no sé qué va a hacer, y luego están todas esas porquerías de las que hablan. Bolsonaro es honesto, no se oye nada malo de él. Y es cristiano”, factor clave para esta evangélica. Como sus vecinos, dentro de tres domingos tecleará el 22 de Bolsonaro. “Rezo para que Dios le dé sabiduría. Y, si Lula gana, será voluntad de Dios”, dice antes de despedirse bajo la lluvia.

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Brasil en su encrucijada

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Comienza la recta final para conocer quién será el líder político que lleve las riendas del gigante de Sudamérica. Es justo decir que el pueblo brasileño tiene en sus manos y sus urnas, al futuro de un país con un nivel de polarización difícilmente visto con anterioridad en esas tierras desde la recuperación de la democracia en 1980 (cualquier parecido con la Argentina no es pura coincidencia). Será el 30 de octubre, fecha en la que los dos colosos de la vida política de Brasil se verán las caras.

Lula vs Jair 

Estas elecciones históricas en tierras brasileñas tienen esa condición por ser una segunda vuelta cargada de condimentos únicos. En principio, dos nombres enormes como lo son Lula Da Silva y Jair Bolsonaro. Detrás de ellos se encuentra un ideario social creado a partir de las experiencias de ambos, pero que rápidamente se pueden resolver en una premisa ideológica: Lula es de izquierda y Bolsonaro de ultraderecha. Más allá de las controversias y disyuntivas que pueda presentar esta condición, cierto es que goza de una fuerte representación plasmada en sectores sociales antagónicos. Por otro lado, es esta situación la que lleva a Brasil a un callejón ideológico sin salida, entendiendo que pareciera ser que es el antagonismo puro quien se hace cargo de las diferencias multifactoriales en el seno de Brasilia. 

De esta forma, el próximo mandatario brasileño no solamente representará a un nombre o un imaginario colectivo, sino que expresará un modelo político y económico yuxtapuesto al de su rival electoral. Dicho de esta forma, el ganador en la primera vuelta, el ex presidente, en dos mandatos, Lula Da Silva, es el depositario de las esperanzas de los sectores sociales bajos y progresistas, quienes ven en el candidato presidencial a un líder político flexible y sensible ante sus causas. 

Del otro lado del ring está el actual presidente, Jair Bolsonaro. Éste contiene, en el núcleo más duro de su electorado, al ala derechista del vecino país, que involucra al evangelismo político, el establishment económico y las fuerzas armadas y de seguridad.

La “bifurcada” económica 

Al adentrarse en la lectura del devenir económico de Brasil, en manos de ambos candidatos presidenciales, es lógico que éste también sea igual de antagónico que su propio seno electoral. Bolsonaro, por un lado, representará la continuidad de su régimen. Un modelo político cercano al monetarismo estatal o neoliberalismo al estilo latinoamericano, con experiencias que indudablemente, a los argentinos nos interpelan de cerca (Menem,  Cavallo y Macri). Este modelo que ha fracasado en el cono sur de América, en todas sus acepciones, es el punto elegido por Jair Bolsonaro para continuar en el cargo: presenta una fuerte reducción del financiamiento a la educación y la salud, en paralelo con el avance exacerbado de los representantes religiosos y militares en sectores donde no son idóneos. Un fuerte apoyo al sector privado también sería una clave para comprender la lógica bolsonarista, entendiendo un contexto verdaderamente sensible que está padeciendo Brasil en la gestión de Bolsonaro: inseguridad alimentaria. 

A este punto, es interesante sumarle la incógnita de continuidad de una medida económica que ha tenido un efecto positivo en su electorado, e inclusive logró convencer a varios indecisos en Brasil. 

Fotografía de Gabriela Biló para Folha de Sao Paulo.

El fenómeno deflacionario ha traído un alivio enorme en el bolsillo del brasileño, con una fuerte quita de impuestos sobre combustibles que terminó impactando directamente en todos los productos que forman parte de la red de comercialización. Asimismo, el asistencialismo siempre fue foco de crítica de Bolsonaro, aunque en los últimos meses lanzó un “millonario” paquete de medidas económicas de subsidio a las clases subalternas. El hecho de mantener estas políticas económicas es una verdadera incertidumbre, llevado al plano del largo plazo. 

En contraposición está Lula Da Silva. El ex presidente se caracterizó por un fuerte repunte económico que logró colocar a Brasil en el puesto número seis de las economías más fuertes del mundo, un gran incremento del PBI y una serie de medidas económicas que lograron reducir el hambre y el analfabetismo en su país. Es evidente que los modelos o mitos de gobierno que presentan ambos candidatos son verdaderamente opuestos, aunque esto puede llevar a una gran contradicción, que se centra en las posibilidades de Lula Da Silva para gobernar. 

En caso de que el líder del Partido de los Trabajadores se imponga en las urnas, la mayoría legislativa estará bajo el ala bolsonarista, lo que dificultará la sanción de leyes. 

Por otro lado, Lula Da Silva pareciera ser el mismo líder carismático cercano a los sectores menos pudientes que siempre fue. Sin embargo, este no es el mismo contexto en el que gobernó previamente. Hoy en día, el mundo se encuentra multipolarizado, con un gran número de alianzas estratégicas en donde un mismo protagonista se puede repetir varias veces, y allí radica la sutileza diplomática para moverse en el plano de los intereses. 

Asimismo, el mundo atraviesa una guerra que golpea en todos los sectores: el conflicto bélico en Ucrania. Esta situación trastocó fuertemente el balance económico mundial, entendiendo a una Europa cada vez más empobrecida. Podría ser una importante oportunidad para Latinoamérica, y entre ellos, para Brasil, como el país más grande de esta región del globo. Lula también se encontrará con un BRICS fortalecido, con economías enormes como la rusa, china e india, en comparación con su situación en 2010, cuando dejó la gestión. 

En el marco regional, Lula enfrentará una fragmentación ideológica que lo hará bailar con lobos. El líder del PT ya no cuenta con aliados como Hugo Chávez, Evo Morales o CFK. Más allá de que dos de los nombrados se encuentran activos, la situación es otra, y allí es donde Lula no solamente se enfrentará a Bolsonaro, sino también a los Lacalle Pou, Macri, y el brazo “libertario” de la política latinoamericana. En base a este contexto que afrontará Lula, él mismo se encargó de aclarar que no es el mismo contexto que vivió a principio de siglo, lo que evidencia una mayor moderación para mantener estable su gobernabilidad. 

Lo social es político 

Dejando la vereda pura y dura de la economía, el aspecto social es subyacente para estas elecciones brasileñas. Aquí la diferencia se nota a leguas de distancia. Bolsonaro le ha dado un lugar de privilegio al evangelismo político y los sectores más pudientes, económicamente hablando. Asimismo, el racismo y el machismo han sido leitmotiv del actual presidente de Brasil, a tal punto de vociferar abiertamente en contra de lo que él denomina “ideología de género”. El bolsonarismo ha sido un asiduo rival de la ciencia, promulgador de noticias falsas y de demostración de discursos “campechanos”. La teatralización de la política es una constante para Bolsonaro. Si hablamos de derechos humanos, el actual máximo mandatario de Brasil es un declarado negacionista de la última dictadura en su país y un crítico efusivo de toda disidencia política en la región. Otro factor para agregar a la (no) perspectiva social del bolsonarismo son los pueblos originarios. Bolsonaro llevó a cabo un proceso enorme de deforestación y explotación minera que arrasó con gran parte del Amazonas y con tierras de los originarios brasileños. La invisibilización de ellos es moneda corriente. Sin embargo, por más negativo que parezca esto, tiene una visión sumamente positiva en gran parte de una sociedad que opera bajo la lógica discursiva del bolsonarismo. Esto se evidencia a tal punto que grandes astros del fútbol brasileño le dieron su apoyo público a Jair Bolsonaro. 

Del otro lado está Lula Da Silva, con una oposición rotunda al actual presidente de Brasil en cuanto a lo social refiere. El PT puso al trabajador en el centro de sus políticas, empoderando económicamente y promoviendo la movilidad social ascendente. Su relación con las mujeres fue un quiebre en la política brasileña con la presencia de Dilma Rousseff en el escenario principal de la toma de decisiones. Relación ambivalente con los pueblos originarios y un fuerte impulso a la educación y la salud han sido constantes del gobierno de Lula. Esto podría tener un evidente cambio, como se explicó previamente, el mundo cambió. 

El PT, en caso de ganar, deberá pendular entre la economía y las reivindicaciones de las minorías que lo llevan como bandera. Allí habrá que visualizar que prevalecerá para Lula Da Silva, aunque algo es seguro, un tercer mandato no será un calco del primero ni del segundo. 

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En Brasil ganaron los dos candidatos a la presidencia

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El director de ABECEB, Gustavo Perego, consideró que los dos candidatos a la presidencia de Brasil, Lula Da Silva y el actual presidente, Jair Bolsonaro, ganaron ayer la primera vuelta. 

Por un lado, Lula luego de haber sido preso y con un partido como el PT de arrastre con un pasado complicado en términos económicos y de corrupción logro el 48% de la elección. Casi ganando en primera vuelta, logró consolidar su voto en las regiones más pobres en el norte y nordeste de Brasil, así como se impuso por poco margen en Minas Gerais, el segundo colegio electoral de Brasil.

Por otro lado, Bolsonaro con encuestas que lo daban perdiendo por más de 15 puntos en primera vuelta, logró 43% de los sufragios. Construyó una gran base de apoyo en la Cámara de Diputados y Senado muy anti Lula, y consiguió llevar su candidato a gobernador de San Pablo a una segunda vuelta con altas chances de ganar, así como en otros estados de Sur, Sudeste y Centro Oeste y Norte de Brasil.

Ahora comienza una nueva elección, donde las alianzas regionales jugarán un papel clave junto a la economía brasileña, que muestra fuertes signos de recuperación con deflación.

Las encuestadoras no han acertado en sus pronósticos, sin embargo lo que se observa en aquellos sondeos que más se aproximaron al resultado es que Bolsonaro viene creciendo semana tras semana, desde hace más de 60 días, lo cual va en línea con el impacto de la mejora económica que se percibe en Brasil.

La pregunta es, ¿le va a alcanzar 4 semanas adicionales de mejora económica a Bolsonaro para superar a Lula o no?

Brasil es el principal socio comercial de Argentina y eso no va a cambiar, cualquiera sea el resultado electoral. El comercio intra-Mercosur es muy industrial, basado en movimiento entre multinacionales y con los contratiempos normales en las relaciones comerciales”.

Eso sí, en una economía mundial complicada y en la que el dinamismo de la economía brasileña es clave para la Argentina. En este marco, un estudio de la Bolsa de Comercio de Rosario, Brasil es el destino principal de las exportaciones de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza y el segundo de Santa Fe, provincias que reúnen el 76% de las exportaciones argentinas.En números, la relación es deficitaria para nuestro país. Con los datos de septiembre, el déficit comercial bilateral acumulado en lo que va de 2022 fue de USD 2,185 millones cuando en igual período de 2021 había sido de USD 599 millones (o sea se multiplicó casi por 4), producto de importaciones que aumentaron 36% anual y exportaciones que lo hicieron al 19%. Con importaciones que todo indica que seguirán creciendo por encima de las exportaciones en lo que resta del año se espera que el rojo comercial bilateral continúe ampliándose, pudiendo cerrar el 2022 con un déficit bilateral en torno a USD 2.800 millones, apenas 20% por debajo al déficit promedio histórico de USD 3.500 millones entre 2004-2018.

Esta proyección contempla la continuidad de las restricciones a las importaciones y el cepo al pago de estas en un contexto en que el Banco Central de Argentina deberá seguir cuidando las reservas internacionales tras la finalización de la medida del “dólar soja” a fin de septiembre.

EL RESULTADO DEL COMERCIO BILATERAL DE SEPTIEMBRE

  • El saldo comercial bilateral de septiembre fue USD 244 millones deficitario para la Argentina, cuando en igual mes del año anterior la balanza comercial había quedado en equilibrio. Con este déficit (no muy diferente a los USD255 millones de agosto o al promedio mensual de USD241 millones de enero-julio), se consolida una situación deficitaria en la balanza comercial que promete continuar en lo que resta del año.
  • El saldo comercial negativo fue resultado de importaciones que totalizaron USD 1.453 millones mostrando un crecimiento en valor 47,1% contra septiembre del año pasado mientras que las exportaciones fueron de USD 1.208 M registrando una suba menor a la mitad de la verificada por las importaciones (22,3% ia). Septiembre marca así el segundo peor mes del año en términos de brecha entre crecimiento de importaciones y exportaciones (24,8 puntos porcentuales las impo sobre las expo), sólo superado por julio, cuando fue de 25,2 puntos)  
  • ¿Qué pasó con las importaciones desde Brasil en septiembre? Nuevamente entre los productos de mayor participación en el total importado (36,4% de share) volvieron a destacarse los del sector automotriz/ autopartes: las importaciones de “Partes y accesorios para vehículos automotores” crecieron en un año 49,9% y las importaciones de “Vehículos automotores de pasajeros” los hicieron al 46,7% anual. Además, la compra de “Motores de pistones y sus partes” -i 3% de las importaciones totales aumentó un 89,3% i.a.  Otro rubro de fuerte aumento en los valores importados fue “Productos laminados planos de hierro o acero sin alear, chapados o revestidos” (USD 59 millones vs. USD 3.4 millones en sep-21) con 4% de participación en el total importado desde Brasil. En tanto que la importación de “Mineral de hierro y sus concentrados, rubro que tuvo un share individual en el total importado en septiembre de 3,4% mostró un relativo estancamiento al subir 2,8% en la comparación interanual (de USD 47,7 millones a USD 49 millones en sept-21). 

¿Qué pasó con las exportaciones a Brasil?  Si bien la variación interanual de las exportaciones viene mostrando una fuerte volatilidad (con meses como mayo cuando mostraron una suba de 50% y otros como julio en donde solo subieron 12% ia), lo cierto es que el crecimiento de las exportaciones de septiembre en torno a 22% anual está por debajo de la tendencia que marca el promedio de las exportaciones de los últimos 5 meses (31,1% i.a.) y bastante por debajo del ritmo de las importaciones que aún con cepo no se resisten a ceder. A nivel de producto, entre los de mayor participación en el total exportado vuelve a destacarse una vez más el sector automotriz donde los “Vehículos para el transporte de mercancías y usos especiales” mostraron un aumento del valor exportado de 32,9% i.a., similar al 32,6% registrado por los “Vehículos de pasajeros”. Entre ambos rubros dieron cuenta del 36,3% del total exportado por la Argentina a Brasil. Otros dos rubros que representaron en conjunto el 8,6% del total exportado en septiembre y que mostraron un fuerte incremento fueron “Preparaciones y cereales, de harina o almidón de frutas u hortalizas” (se exportaron USD61,8 millones vs USD18,6 en septiembre de 2021) y “Propano y Butano licuados” (USD42,16 millones vs USD10,4 millones un año atrás) 

Comercio bilateral entre Argentina y Brasil (millones de USD FOB)

Saldo comercial (eje der.); Expo. e impo. (eje izq.)

Fuente: ABECEB en base a Ministerio de Economía de Brasil

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Rival histórico del PT, senador y excandidato presidencial José Serra votará a Lula en el balotaje

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El senador de centroderecha brasileño José Serra, excandidato presidencial y exgobernador del estado de San Pablo, anunció hoy que votará al líder opositor Luiz Inácio Lula da Silva en el balotaje de este mes contra el mandatario Jair Bolsonaro.

Serra, quien sigue siendo crítico de Lula y de su Partido de los Trabajadores (PT), es una de las figuras históricas de la construcción de la democracia brasileña moderna que aún permanecen en el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

“No quiero extenderme mucho, pero frente a las opciones, mi voto irá para Lula”, afirmó Serra.

Exministro de Salud de Fernando Henrique Cardoso (1994-2002), Serra perdió las presidenciales de 2002 ante el dos veces mandatario Lula y las de 2010 frente a Dilma Rousseff, también del PT.

Serra fue uno de los principales críticos del Gobierno de Rousseff (2011-2016) y luego asumió como canciller de Michel Temer (2016-2018) cuando éste reemplazó a Rousseff, de la cual era vicepresidente, tras su destitución en un juicio político en el Congreso.

Para la gobernación paulista, Serra dijo que votará al candidato del partido procristiano Republicanos, el bolsonarista Tarcisio Freitas, que enfrentará en balotaje a Fernando Haddad, exintendente de San Pablo, del PT.

La decisión de Serra ocurre en medio del torbellino de disputas internas iniciado el martes con la decisión del gobernador saliente de San Pablo, Rodrigo García, del PSDB, de declarar el apoyo “incondicional” a la reelección del Bolsonaro.

Serra fue candidato a diputado el domingo y no logró ser electo.

Tercero en la elección paulista, García dejó el terreno para la recuperación de Bolsonaro en la segunda vuelta ofreciendo la estructura del PSDB que gobierna San Pablo para recuperarse de los seis millones de votos que los separan de Lula.

Lula venció a Bolsonaro en la primera vuelta electoral del domingo 2 de octubre por 48% contra 43% de los votos, y ambos pasaron a una segunda vuelta que se celebrará el 30 de octubre. Otros nueve candidatos presidenciales quedaron eliminados.

A Bolsonaro también obtuvo el respaldo de los gobernadores de los otros dos estados más grandes del país, los de Minas Gerais, Romeu Zema, y Río de Janeiro, Claudio Castro, con lo cual el ultraderechista logró unir apoyos en la región más poblada.

El PSDB evitó elegir un candidato para el balotaje y liberó a sus directorios regionales para realizar alianzas específicas.

El partido del expresidente Cardoso está en alianza con el expresidente Temer en torno de la candidatura de la senadora Simone Tebet, que salió tercera en la elección presidencial del domingo con 4% de los votos.

Lula obtuvo ayer el apoyo del cuarto colocado, Ciro Gomes, y de su Partido Democrático Laborista (PDT) para la segunda vuelta. Gomes logró el 3% de los votos.

Lula esperaba este miércoles el apoyo de Tebet y de parte del Movimiento de la Democracia Brasileña (MDB).

El gobernador del amazónico estado de Pará, Helder Barbalho, del MDB, ratificó que Lula será su opción en la segunda vuelta,en virtud de sus alianzas regionales con el PT.

Parte del MDB ya está con Lula desde hace más de dos décadas, como los referentes del Senado liderados por el senador Renan Calheiros, cuyo hijo Renan Filho, un lulista, gobierna el estado de Alagoas, en el noreste.

El PSDB se encuentra en la peor crisis de su historia porque con el gobernador García ha perdido San Pablo luego de haberlo administrado durante 27 años.

El candidato a vicepresidente de Lula, Geraldo Alckmin, fue gobernador de San Pablo en cuatro mandatos por el PSDB.

Luego de 2018, ante el corrimiento a la derecha del partido socialdemócrata en alianza con Bolsonaro, se afilió al Partido Socialista Brasileño, de la coalición opositora.

El PSDB es considerado una de las causas de la inestabilidad brasileña de la última década después del no reconocimiento de los resultados electorales que hizo el candidato Aecio Neves, del ala neoliberal del partido, cuando fue derrotado por Rousseff en 2014, aunque la justicia electoral determinó que los comicios fueron transparentes y sin fraude.

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