La yerba mate se adapta al paladar chino y avanza como nueva infusión en Asia
Yerba misionera desembarca en China y abre un nuevo frente exportador en medio de la crisis del sector. La exportación redefine la estrategia del sector yerbatero y plantea si el mercado externo puede equilibrar la sobreoferta interna
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En un movimiento que combina necesidad económica y apuesta estratégica, la Cooperativa Yerbatera Dos de Mayo concretó el primer envío de yerba mate argentina a China, un mercado dominado históricamente por el té. El embarque, realizado en los últimos días tras más de medio año de gestación comercial, marca un punto de inflexión para una cadena productiva presionada por precios deprimidos y sobreoferta. La pregunta que sobrevuela es inmediata: ¿puede el frente externo compensar las distorsiones del mercado interno?
El envío —un contenedor de yerba despalada sin polvo— ya partió hacia el país asiático, donde será fraccionado y comercializado por una empresa local. La operación incluye además una proyección concreta: un segundo embarque antes de fin de año, que incorporaría yerba en saquitos orientada al consumo tipo infusión.
De la feria a la exportación: cómo se construyó el acceso
El desembarco en China no fue un hecho aislado. Se originó a mediados del año pasado, cuando la cooperativa participó en una feria de alimentos en Shanghái y estableció vínculos con una firma interesada en importar yerba a granel para envasarla con marca propia.
La apertura del mercado chino para la yerba mate argentina comenzó a gestarse con una lógica comercial concreta. Héctor Dingler presidente de la Cooperativa Yerbatera Dos de Mayo explicó en LT17 Radio Provincia que el vínculo surgió tras la participación en una feria en Shanghái y que el proceso demandó varios meses de negociación: “esto se vino gestando desde que fuimos a la feria… hasta que se logró el envío del primer embarque”. Ese proceso, que incluyó envío de muestras, ajustes productivos y negociaciones comerciales, derivó en una exportación inicial que, en términos de volumen, aún es marginal.
La operación implicó una fuerte adaptación del producto a las exigencias del comprador: el primer envío fue de yerba despalada sin polvo y a granel, envasada luego con marca propia en destino. “Ellos querían envasar con la propia marca de ellos, así que lo hicimos acorde a lo que pedían”, detalló Dingler. Con esto se inaugura un canal en un mercado de más de mil millones de habitantes donde incluso una adopción mínima podría alterar la ecuación del sector.
Incluso, ya se proyecta un segundo embarque con una molienda más fina, pensada para infusiones, lo que confirma que la inserción en ese mercado no replica el consumo tradicional argentino, sino que obliga a reinterpretar el producto. La adaptación del producto es parte central de la estrategia. El primer envío responde a estándares específicos —yerba sin polvo—, mientras que la próxima etapa apunta a formatos más cercanos al consumo local, como infusiones tipo mate cocido.

Presión interna y necesidad de divisas
El contexto en el que se produce esta exportación es determinante. La cooperativa procesa más de 30 millones de kilos de hoja verde al año y podría alcanzar los 50 millones por zafra, pero enfrenta un problema estructural: los precios actuales no cubren los costos de producción.
La situación impacta directamente en su base productiva. La entidad articula con unos 120 socios directos y entre 700 y 800 productores pequeños y medianos, que dependen de la dinámica comercial de la cooperativa. Con un 85% de la producción destinada a la venta de yerba canchada a otros molinos, los márgenes son estrechos y la capacidad de financiamiento se tensiona.
La exportación aparece como una válvula de escape frente a una crisis estructural marcada por sobreoferta y precios deprimidos. No por el volumen actual, sino por la posibilidad de construir una demanda sostenida que absorba excedentes y mejore los ingresos de la cadena. “Hoy el productor prácticamente no cubre sus costos… está trabajando a pérdida”, advirtió Dingler, y planteó el desafío de fondo: “tenemos que exportar más del doble de lo que estamos exportando para corregir la sobreoferta”.
Un movimiento con impacto en la agenda productiva
La apertura del mercado chino reconfigura, al menos parcialmente, la discusión sobre el futuro del sector. La lógica es directa: si se logra escala exportadora, el equilibrio entre oferta y demanda podría empezar a corregirse sin intervención directa sobre precios.
Pero esa hipótesis aún está en construcción. Hoy, el impacto es más simbólico que económico. La clave estará en la continuidad de los envíos y en la capacidad de adaptación del producto a un consumidor que no comparte los hábitos tradicionales del mate. “Hoy un container no hace la diferencia, pero en el futuro esto va a tener mucha repercusión”, sostuvo Dingler, quien puso el foco en el potencial del mercado chino: “con que el uno por ciento consuma yerba mate, ya sacamos los excedentes que tenemos en el país”.
Además, el antecedente exportador de la cooperativa —que destina el 90% de su producción de té negro al exterior— aporta experiencia logística y comercial, pero no garantiza replicar ese éxito en la yerba mate, un producto culturalmente más específico.

Un mercado potencial, una apuesta en desarrollo
China representa una oportunidad por escala, pero también un desafío por hábitos. La estrategia no pasa por replicar el consumo argentino, sino por insertar la yerba en nuevas formas de consumo. En ese terreno, los formatos, el branding y la adaptación cultural serán tan determinantes como el volumen.
Mientras tanto, en Misiones, la ecuación sigue siendo frágil. La menor rentabilidad ya impacta en el manejo de los yerbales, con menos inversión en fertilización y mantenimiento, lo que podría afectar la producción futura.
El primer contenedor ya está en camino. Es un inicio. La dimensión real del movimiento dependerá de lo que ocurra después: si el mercado responde, si el canal se consolida y si la exportación deja de ser una excepción para convertirse en una estrategia sostenida.

