El caso Misiones y el ajuste para todos que promete Milei

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“Los voy a dejar sin un peso, los voy a fundir a todos”. La frase atribuida al presidente Javier Milei describe su modo de ver la relación con los gobernadores. No fue desmentida y terminó con la eyección del ministro de Infraestructura, Guillermo Francos. El ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó la misma visión al revelar que si no se aprueba la ley Ómnibus exigida por el Gobierno, ya tiene en análisis “todas las partidas provinciales que se recortarán inmediatamente si alguno de los artículos económicos es rechazado”. “No es una amenaza, es la confirmación que vamos a cumplir con el mandato que nos han dado la mayoría de los argentinos”, escribió Caputo, pese a que el espacio al que pertenece salió tercero en las elecciones. 

Básicamente el Gobierno quiere recortes para todos, que alcanzan a los jubilados y, en última instancia, a las provincias. Pero ¿son las provincias las responsables del deterioro de las cuentas públicas?

Ya desde finales de diciembre, cuando se inició el ajuste del Gobierno nacional sobre la economía argentina, y más aún ya transcurriendo el mes de enero con constantes amenazas a las provincias respecto a la continuidad del financiamiento vía recursos de origen nacional, un foco de análisis estuvo centrado en la solvencia de las cuentas públicas provinciales y sus capacidades para resistir no sólo un proceso de estanflación sino también de desfinanciamiento de recursos que venían de la Nación por fuera de la coparticipación. 

Esta situación volvió a ponerse en el primer plano de la agenda política con la -innecesaria y perversa- amenaza que esgrimió el presidente Milei con su frase “vamos a fundir a las provincias”, que se sitúa en línea con las constantes declaraciones del ministro Caputo que hasta llegó a culpar a las provincias de ser una parte importante de explicación del déficit del Estado nacional, cuando es bien sabido que, en general, los desempeños fiscales subsoberanos son mejores a los de la administración central. 

En ese marco, cabe evaluar cual es el desempeño fiscal de Misiones pero esta vez, en una perspectiva comparada con el resto de la región. En estas columnas hemos analizado los resultados fiscales de Misiones y destacado su buena performance per se; pero en este contexto, es relevante señalar su posicionamiento en el plano regional para poder determinar si las fortalezas misioneras se verifican sólo fronteras adentro o también en un análisis comparado. 

Previo al análisis, cabe señalar que los datos corresponden al cierre del tercer trimestre 2023, dado el desfasaje de este tipo de información que es frecuente para todas las jurisdicciones subnacionales; de hecho, a la fecha ningún distrito presentó sus cuentas para el cierre de año. 

Esta aclaración toma relevancia dado que justamente fue en el cuarto trimestre del año pasado cuando la situación ya deteriorada de la economía nacional se agravó, con alza fortísima de la inflación, caída de la recaudación y desequilibrio profundizado de las condiciones macro, devaluación incluida. Pero justamente en ese contexto es vital conocer cómo llegaron las administraciones provinciales de la región de manera tal de poder prever en qué medida pueden soportar los embates de las nuevas condiciones económicas, mucho más deterioradas que hace algunos meses atrás. 

Para realizar este análisis comparativo se tomarán ciertas variables para las cuatro provincias del NEA que incluyen análisis de los ingresos, gastos y resultados fiscales y sus pesos específicos en la estructura presupuestaria de las provincias. Comencemos del lado de los ingresos y su diferenciación en materia del origen de los mismos. 

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Es ya sabido que Misiones se destaca en el NEA por tener un nivel de recaudación propia altamente superior al resto de la región, situación que se dio históricamente pero que fue profundizada fuertemente en los últimos cuatro años. Si se toman los ingresos de origen provincial tanto tributarios como no tributarios y otros vinculados a herramientas financieras generadas por las administraciones locales (pero excluyendo de este conteo a los recursos generados por la seguridad social) estos representaron en Misiones el 30,4% de los ingresos totales, mientras que el promedio del NEA estuvo en torno al 17,5% con brechas muy marcadas: en el Chaco representaron el 14,6%, en Corrientes el 13,3% y en Formosa apenas el 9,5%. 

Por el contrario, los recursos de origen nacionales (transferencias automáticas y no automáticas consolidadas) representan en promedio el 71,2% en el NEA, teniendo a Formosa en un extremo con el 80% y a Misiones en el otro con apenas el 58,4%

Así, se observa un primer indicador altamente relevante en contextos de amenazas: Misiones ratifica y profundiza su posición como la provincia con mayor autonomía financiera de la región y por ende, con menor dependencia de los recursos de origen nacional que, aún siendo fundamentales e imprescindibles para cualquier distrito, tienen un peso menor en Misiones producto de tener un esquema recaudatorio local altamente fortalecido. 

Los ingresos por contribuciones a la seguridad social también tienen un peso importante: son del 11,3% en Misiones, el mismo nivel que el promedio NEA y con brechas respecto a las otras provincias mucho más pequeñas: en el Chaco equivalen al 11,6% de sus ingresos, en Corrientes al 12% y en Formosa al 10,3%. 

Vamos al análisis de la estructura del gasto. En Misiones, el 37,7% del gasto total corresponde a Gasto en Personal; es decir, salarios públicos. Dicho nivel es inferior al promedio del NEA, que es del 39,1%, y echa así por tierra una crítica recurrente de que en las provincias del norte la mayor parte del gasto se destina a pagar sueldos. 

Otro punto fundamental de análisis refiere a los servicios de deuda pública: en Misiones representaron apenas el 0,5%, cuando el promedio regional es del 0,9%. A su vez, los gastos de consumo, entendidos como los típicos gastos de funcionamiento del Estado, representaron en Misiones solo el 4,1% del total de las erogaciones, cuando el promedio del NEA es del 7,1%. 

En estos tres puntos, se observa como Misiones cuenta con una política más austera de gasto, considerando que se trata de erogaciones que no inciden en los programas concretos de desarrollo local. 

Pero hay otros puntos del gasto donde Misiones se destaca del resto de la región pero no por tener niveles menores al promedio, sino mayores. 

El apoyo al sector privado es uno de ellos: las transferencias (tanto corrientes como de capital) al sector privado representaron en Misiones el 13,9% del gasto, cuando el promedio de NEA es de solo el 8,2%. Ergo, la provincia sostiene una política de fuerte apoyo al sector privado para su desarrollo endógeno pero también con financiamiento que hace al desarrollo privado en línea con, por ejemplo, programas de fomento al consumo y a la inversión, situación que genera que el apoyo al privado redunde también en beneficio de la sociedad. 

Por otro lado, el apoyo al sector público (transferencias corrientes y de capital), principalmente a municipios, es también superior: 19,1% en Misiones contra 15,2% de promedio NEA. Esto implica que existe una mayor contención (regulada por legislación pero también por voluntad política) a los gobiernos comunales a partir de una mayor participación en el gasto provincial que se destina a ellos. 

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Finalmente, en lo que refiere al gasto de capital, entendido como la inversión real directa y la inversión financiera (excluyendo transferencias de capital que se las agrupó en la categoría anterior), Misiones está en línea con el promedio regional, con el 15% del gasto total. 

Si agrupamos en dos grandes categorías al gasto, vemos la diferenciación misionera. Podemos clasificar por un lado al gasto de funcionamiento del Estado que incluye salarios (activos y pasivos), deuda y gastos de consumo; y por el otro al gasto de desarrollo, donde se incluyen las transferencias al sector público, privado y gasto de capital. 

En Misiones, el gasto de funcionamiento del Estado alcanza al 53% de las erogaciones totales mientras que el gasto para el desarrollo concentra el 47%; en el Chaco, el 61% corresponde a funcionamiento y el 39% a desarrollo; en Corrientes es 70% para funcionamiento y 30% para desarrollo; y en Formosa es 63% para funcionamiento y 37% para desarrollo.

Así, nuevamente podemos verificar cómo la estructura presupuestaria misionera tiene un foco orientado al desarrollo mucho más marcado que en el resto de las provincias de la región.  

Previo al detalle de los resultados, vamos a un breve resumen: en materia de ingresos, Misiones sostiene la mayor autonomía fiscal de la región y por ende, si bien no la exime de sufrir los embates nacionales, la hace menos susceptible que en las demás provincias. En materia del gasto, Misiones mantuvo una política equilibrada en función de objetivos presupuestarios: es austera en gastos del Estado y deuda (donde además sostiene un claro proceso de desendeudamiento en términos reales), y es expansiva en erogaciones para el desarrollo, como el apoyo al sector privado y la inversión pública. 

Ahora sí, dicho eso, evaluamos cómo terminaron dando los resultados fiscales en este marco de consideraciones. El contar con una política austera en materia de funcionamiento del Estado para poder expandirse en materia de desarrollo le permitió a Misiones, nuevamente, cerrar el período con superávit. Si bien es leve (0,1% de los ingresos) es altamente relevante por el contexto. En el resto de las provincias de la región hubo resultados dispares: Corrientes y Formosa cerraron el período con superávit por el 0,4% de sus ingresos, un buen dato aunque con la particularidad de que tuvieron contracciones en materia de inversión; por su parte, el Chaco sufrió la caída de recursos nacionales y dada su alta estructura de gastos, cerró con un rojo financiero por el 9% de sus ingresos. 

Estas caracterizaciones permiten evaluar la manera en la que las provincias pueden soportar una coyuntura altamente negativa, pero también la manera en que aprovecharon épocas más “tranquilas”, visto ahora con el diario del lunes. 
En vista de lo detallado, queda claro que las consideraciones que realizan desde el gobierno de Milei no aplican a todas las provincias: hay algunas altamente ineficientes, y hay otras, aún con condiciones estructurales perjudiciales, que sostienen un camino de estabilidad y equilibrio. Es el caso de Misiones.

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