La merma en el poder adquisitivo de brasileños para comprar en Argentina fue de entre el 38 y el 42 % en los últimos cinco meses

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Escriben Marcelo Capello y Marcos Cohen Arazi, Fundación Mediterránea. Durante los meses de verano se verificó un intenso ingreso de viajeros internacionales al país. La cantidad de viajeros de turismo receptivo superó en 4% al nivel pre pandemia en febrero. Por el contrario, el turismo emisivo se ubicó 12% por debajo.

• El saldo de la balanza de viajeros ha sido deficitario, como viene ocurriendo hace décadas, pero de una magnitud que se ubica como el menor déficit entre turistas que ingresan y egresan en la última década, exceptuando los años de pandemia.

• En materia de divisas, en 2023 los ingresos generados por el turismo receptivo superaron los US$ 5.400 millones y fueron superiores a los de 2019, siendo el segundo mejor registro en dos décadas. Los viajes de residentes al exterior explicaron una salida de US$ 7.200 millones y el saldo, si bien fue negativo, se encuentra entre los más bajos de la década (-US$ 1800 millones).

• En los primeros dos meses de 2024, las cifras de operaciones en el mercado de cambios reflejan también importantes cambios de tendencia. Los ingresos por turismo liquidados a través del mercado de cambios se multiplicaron por 3, respecto de igual periodo de 2023, mientras que los egresos se redujeron cerca de 23%. La menor brecha cambiaria y el tipo de cambio “turista” recargado explican estos movimientos.

• Cuando se analizan los drivers detrás del turismo receptivo, y poniendo foco en las perspectivas a corto plazo, se destaca que los turistas chilenos y brasileños (tomados como ejemplo ilustrativo) perdieron 42% y 38% de capacidad de compra, respectivamente, desde diciembre hasta la actualidad. Ese cambio drástico se prevé que impacte en la dinámica del turismo internacional en el país, especialmente en los próximos meses.

• Por su parte, en el mismo periodo la capacidad de compra de bienes y servicios turísticos en el exterior, por parte de asalariados argentinos creció 57% (medida a dólar blue) y 20% (medida a valor de dólar “turista”). Esto no necesariamente se traducirá rápidamente en una suba del turismo emisivo, porque la población sufre las consecuencias del ajuste macro de los últimos meses. Pero sí podría ocurrir a mediano plazo.

Turismo emisivo y receptivo a cuatro años de la pandemia 

En los últimos años, los flujos de turistas desde y hacia Argentina han variado de forma significativa, reflejando también las oscilaciones de la actividad turística y sus encadenamientos. Vale la pena recordar que primero las restricciones de viaje y luego los cambios en los patrones de consumo turístico, ambos originados en la pandemia de COVID, afectaron seriamente el movimiento de viajeros. Si a eso se le suman los vaivenes macroeconómicos, el resultado resulta complejo. Los flujos de turismo dependen de diversos factores, entre los que pueden identificarse factores micro y macroeconómicos. Influyen tanto la situación económica y el nivel de actividad local y el de los países extranjeros, como los niveles de precios en el país y en el resto de los países, los niveles de tipo de cambio, la evolución de salarios e ingresos de la población, los impuestos y otros factores. En este informe se busca identificar tendencias recientes y perspectivas de corto plazo para el turismo emisivo y el receptivo que se desprenden del análisis de la trayectoria de salarios, precios y tipo de cambio, principalmente, en Argentina, pero también el de algunos de los países vecinos. Si se repasan las cifras recientes, se observa que el turismo emisivo (residentes de Argentina viajando al exterior) estuvo cerca de recuperar el nivel prepandemia a comienzos de 2023, en plena temporada de verano. Sin embargo, luego esa situación se moderó y en especial a medida que el clima electoral y los cambios de política económica comenzaron a dominar la escena (tanto en los últimos meses del gobierno nacional anterior, como a partir de la asunción del gobierno actual). Así, las últimas cifras dan cuenta que el turismo emisivo se ubicó en febrero en un nivel de 88% respecto a la situación prepandemia. Por su parte, el turismo receptivo recuperó registros similares a los prepandémicos a partir de marzo del año previo, se mantuvo en niveles similares o mayores de actividad en 10 de los últimos 11 meses. Las últimas cifras dan cuenta de una cantidad de viajeros 4% superior a la que se verificó antes de la pandemia.

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En los primeros dos meses de 2024, el emisivo alcanzó 2,16 millones de turistas (un 86% del observado en enero-febrero de 2019, con 2,51 millones de turistas), mientras el turismo receptivo resultó de 1,66 millones de turistas en igual periodo, alcanzando un 103% de los niveles prepandemia (1,61 millones de turistas). De esta manera, el déficit de la balanza turística (en viajeros) en enero – febrero de 2024 ha sido de alrededor de medio millón de turistas, resultando en el menor registro de la década, si se exceptúa el 2021, en el que los flujos de turismo fueron exiguos fruto de la pandemia.

Si se examina la evolución de los flujos con países limítrofes, que explicaron el 62% del turismo receptivo en lo que va del año y 84% del emisivo, se tiene un panorama similar al reflejado previamente. En ambos casos, el año 2024 había comenzado con menos turismo emisivo y más turismo receptivo que en 2023. No obstante, dichas tendencias podrían comenzar a cambiar, en función de la trayectoria de las variables macro descriptas previamente.

El turismo como generador de dólares 

Históricamente, el turismo receptivo ha sido generador de divisas, que se conforman con los gastos que realizan los viajeros internacionales en el país. El flujo total de ingresos del turismo receptivo se ha mantenido cerca de los US$ 5.000 millones durante la última década, exceptuando 2020 y 2021, que fueron años de restricciones a los viajes. En 2023, los ingresos generados por el turismo receptivo alcanzaron los US$ 5.442 millones y fueron superiores a los de 2019, siendo el segundo mejor registro en dos décadas. En el caso del turismo emisivo, la salida de divisas ha oscilado de manera más errática, respondiendo de manera más elástica a los cambios de precios relativos que favorecieron el turismo en el exterior. En 2023, los viajes de residentes al exterior explicaron una salida de US$ 7.258 millones. El saldo, si bien fue negativo, se encuentra entre los más bajos de la década. En general, el turismo receptivo históricamente ha sido más estable, exhibiendo mayores oscilaciones el turismo emisivo, fruto de apreciaciones/depreciaciones cambiarias. El mayor déficit se evidenció en 2017, cuando el tipo de cambio bajó en términos reales, hizo que se abarataran mucho los consumos en el exterior, al tiempo que previamente se habían eliminado el cepo cambiario y los recargos a los consumos en el exterior. 

En los primeros dos meses 2024, las cifras de operaciones en el mercado de cambios reflejan también cambios de tendencia importantes. Con la disminución notable de la brecha cambiaria, los ingresos por turismo liquidados a través del mercado de cambios se multiplicaron por 3 respecto de igual periodo de 2023, mientras que los egresos (ahora encarecidos por un tipo de cambio mayor, pero además con impuestos a los consumos en el exterior) se redujeron cerca de 23%. La macroeconomía también juega Un factor que se considera fundamental para determinar el atractivo que tiene el país para recibir turistas internacionales está dado por la capacidad adquisitiva que tengan los salarios. Mientras mayor sea la capacidad adquisitiva de los salarios de los no residentes, en términos de consumo de bienes y servicios en Argentina, mayor será la probabilidad de recibir visitantes internacionales. Del mismo modo, la capacidad adquisitiva de los salarios argentinos determinará la probabilidad de tener mayor o menor salida de residentes para realizar turismo en el exterior. Esta capacidad adquisitiva resulta de la conjunción entre la evolución de salarios y precios de los países (emisor/receptor), los niveles de tipo de cambio, los impuestos, entre otros. 

Lógicamente hay precios clave que pueden depender de fuertemente del tipo de regulaciones que se establezcan y de la forma en que funcionan los mercados (si son eficientes o no), como es el caso de los precios de los vuelos comerciales. Por otra parte, una gran mayoría de consumos que realizan los turistas tienen sus precios establecidos en mercados de gran cantidad de oferentes, con precios flexibles y sin tantas regulaciones. En suma, aun cuando se trate de mercados regulados (que podrían funcionar mejor o peor, según las regulaciones), y sobre todo cuando se trate de actividades con precios que resultan del libre juego de oferta y demanda, la política macroeconómica tendrá una influencia fundamental sobre la capacidad adquisitiva. 

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Poder adquisitivo de turistas de países vecinos en Argentina 

Para analizar la evolución de la capacidad adquisitiva de los turistas extranjeros, se considera a modo de ejemplo la situación de chilenos y brasileros, que representaron 37% de los visitantes durante 2023. Se analizó la evolución de salarios de dichos países, medidos en moneda dura. Con esta información, se procedió a ver la capacidad adquisitiva de esos salarios en términos de consumo de bienes y servicios en Argentina, suponiendo conversión a valor de “dólar blue”. Si bien algunos consumos podrían haberse realizado a cotización oficial, en general en el periodo analizado es de esperar que hayan predominado operaciones a través de mercados informales, dada la alta brecha cambiaria que se verificó. 

El primer elemento que salta a la vista es que, durante 2023, un año de importante generación de divisas por turismo receptivo, la capacidad adquisitiva fue alimentada por una importante brecha cambiaria que generó que el poder de compra de los visitantes internacionales fuera elevado. Los chilenos pudieron comprar, en promedio, 12% más que en el promedio de los últimos 5 años, y los brasileños pudieron comprar 16% más que el promedio. 

En segundo lugar, se destaca que la capacidad de compra oscila, con rasgos comunes que se deben a la política macroeconómica argentina, pero también con diferencias que provienen del diferente ritmo de devaluación, de crecimiento de salarios y precios en los otros países. Finalmente, se destaca la fuerte caída en la capacidad de compra de los turistas que vienen de los países señalados (algo extrapolable a la mayor parte de los turistas internacionales, independientemente de su origen). Los chilenos perdieron 42% de su capacidad de compra desde diciembre hasta la actualidad, mientras que los brasileños perdieron 38%. Esta situación no impacta de manera inmediata en los flujos de turismo, pero ciertamente tendrá efectos a mediano plazo sobre el nivel de actividad.

Poder adquisitivo de turistas argentinos en el exterior 

La contracara del fenómeno anterior ocurre en lo referido a la capacidad adquisitiva de los salarios argentinos en el exterior. Está claro que los asalariados argentinos se encuentran en una situación de fuerte merma de su capacidad adquisitiva en términos de consumo de bienes y servicios locales, y eso es un factor que alienta una contención del gasto en turismo internacional. Sin embargo, también es cierto que el turismo emisivo se está abaratando fuertemente, debido a la apreciación real del peso, en especial si se considera la cotización de “dólar blue”. 

Cuando se considera el valor del “dólar turista” (oficial más recargos asociados a Impuesto PAIS y percepciones), la situación difiere porque esa cotización, sustancialmente más alta, mantendría la capacidad adquisitiva en torno al nivel promedio de 2023. La capacidad adquisitiva de los argentinos para hacer turismo en el exterior durante 2023 fue entre 5% y 11% inferior a la de los últimos 5 años (según si se considera valor de dólar blue o valor de dólar “turista”, respectivamente). 

Eso explica que el turismo emisivo se encontrara algo contenido durante el último año. Sin embargo, desde diciembre hasta la actualidad, esa capacidad de compra de bienes y servicios turísticos en el exterior creció 57% (medida a dólar blue) y 20% (medida a valor de dólar “turista”). 

Esto lógicamente no se traducirá automáticamente en una suba del turismo emisivo, porque el contexto de pérdida generalizada de capacidad de compra para adquirir bienes y servicios localmente será dominante en la mayor parte de los casos. Pero podría generar mayores incentivos a realizar turismo emisivo a mediano plazo, especialmente si se prosigue varios meses más con un crawling peg del 2% mensual.

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