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Paraguay y los espejos rotos

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Miami my friend, is not Cuba…

Y Paraguay, Paraguay no es Suiza. La caída fulminante de Santiago Peña provocada por el desfalco de Ueno Bank, del que era accionista y capitalizaba desde el Gobierno, es un capítulo más de un acelerado derrotero que obliga a repensar sentencias y aquello de “el fin de la historia“. La historia se reescribe contantemente. La derecha arrolladora y por momentos imbatible, está flaqueando en distintos puntos del planeta y su capacidad para controlar la política, está más en duda que nunca ante la reacción social. Crisis en Europa con millones en las calles, derrota aplastante de Donald Trump en las legislativas de medio tiempo y en algunos bastiones republicanos inexpugnables y la huída de Flávio Bolsonaro tras la derrota con Lula en Brasil son parte del contexto. Los jóvenes en las calles de Asunción, exigiendo recuperar sus ahorros, son una reminiscencia de 2001 y aquel “que se vayan todos”…

¿Y Argentina? Argentina pierde anclajes y referencias. El presidente Javier Milei decía que el modelo era Paraguay y se definía como amigo de Peña, un político con formación económica en la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción y en la Universidad de Columbia en Nueva York . Pero el “golden boy” de estas pampas renunció en medio de un escándalo y terminó siendo destituido por el Congreso en un proceso exprés que le quitó los honores y lo convirtió en un acusado común.

El libertario esperaba un triunfo de Trump y sus laderos -varios misioneros- viajaron a Washington con la esperanza de una foto de festejo, pero se volvieron con una derrota más dura de lo esperada incluso por los analistas estadounidenses. Antes, para más oprobio, Milei ayudó a escapar a Bolsonaro, por quien fue a hacer campaña a Brasil, donde insultó al presidente reelecto. Ahora ni siquiera Estados Unidos parece interesado en el futuro del heredero del ex presidente preso por un intento de golpe de Estado. 

La derrota de Trump en Estados Unidos reconfigura el mapa de relaciones. Los demócratas que se alzaron con el control del Congreso, desdeñan la “ayuda fácil” que generoso daba Trump a la Argentina y se proponen auditar cada paso que dé el rubio derrotado. Le será difícil a Milei y su equipo económico conseguir nuevos auxilios con dinero estadounidense.

La caída del clan Bolsonaro también pone en aprietos a la administración libertaria. Milei se queda sólo como referente de una ultraderecha que exhibe flaquezas y cosecha tempestades. Quizás el ejemplo de la motosierra sea un poco responsable de esa debacle. En España la agita el Gobierno de Pedro Sánchez para mostrar lo que le puede esperar al país ibérico si ganan los representantes de Vox, a quien visita asiduamente el argentino. Lo mismo hizo Lula en sus debates con Bolsonaro. 

La caída de Peña desnuda lo endeble del “modelo” que brillaba y era mostrado como el camino a seguir. “No te voy a llevar a ser Suiza, pero podemos ser Perú y Paraguay. Esas sociedades viven tranquilas“, decía el año pasado el presidente del Banco Central de la República Argentina, Santiago Bausili. Más de tres millones de paraguayos fueron afectados por un inesperado corralito que se quedó con sus ahorros. No todo lo que brilla es oro. 

Ueno Bank pasó en unos pocos años de ser una una mesa de dinero a un grupo bancario que compraba todo a su paso, alimentado por fondos públicos que proveía el propio Presidente, hasta hace unos meses accionista y con su hermano todavía activo en el banco. 

El presidente del Banco Central de Paraguay, Carlos Dagoberto Carvallo Spalding antes había sido ejecutivo de Ueno bank y hoy es otro de los imputados. Nunca atendió las alertas que daban los trabajadores bancarios y analistas financieros por la insolvencia de Ueno y la incontinencia de inversiones. 

La estafa de Ueno Bank expuso una trama en la que el dinero de ahorristas y organismos públicos terminó alimentando negocios del propio conglomerado: según los documentos y denuncias que investiga la Fiscalía paraguaya, el banco captaba fondos del Estado y del sistema jubilatorio y otorgaba préstamos a empresas vinculadas -Mowi, Grupo Hendy y Grupo M-, que transferían recursos a otras sociedades del Grupo Vázquez, como ITTI, Redisa y Redipro. Para disimular los excesos, habría financiado incluso la compra de su propia cartera de créditos por otra firma. Las ramificaciones alcanzan al IPS, Itaipú, Yacyretá y el Ministerio de Economía, cuyos recursos quedaron comprometidos, y al Banco Central, acusado de demorar su intervención pese a las advertencias internas.  

El derrumbe paralizó las operaciones de casi tres millones de clientes, derivó en causas penales contra directivos y empresarios y precipitó la destitución y detención de Peña: la investigación deberá determinar cuánto hubo de vaciamiento, encubrimiento y utilización del Estado para sostener intereses privados.

La imagen de estabilidad de los últimos años se desmoronó. Pero quienes conocen Paraguay saben que no es un ejemplo de civismo y equilibrio. El país vecino ha atravesado importantes crisis políticas e institucionales en los últimos años, marcadas por tensiones en el Congreso, conflictos de intereses empresariales, protestas ciudadanas y juicios políticos.

El Partido Colorado gobierna el país desde 1947, con la dictadura más larga de América del Sur bajo el mando de Alfredo Stroessner, con una duración de casi 35 años. Rompió esa hegemonía el breve interregno de 2008 a 2013, con el mandato de monseñor Fernando Lugo, que también fue destituido por un juicio político. Paraguay arrastra una historia de crisis políticas atravesadas por las fracturas del Partido Colorado. En marzo de 1999, el asesinato del vicepresidente Luis María Argaña, enfrentado al presidente Raúl Cubas Grau y a su aliado Lino Oviedo, desató el llamado Marzo Paraguayo: las protestas y los ataques armados contra manifestantes dejaron muertos y heridos y desembocaron en la renuncia de Cubas, su exilio en Brasil y la asunción del titular del Senado, Luis Ángel González Macchi, mientras Oviedo se refugió en Argentina. Dieciocho años después, en marzo de 2017, el intento de habilitar la reelección presidencial mediante una enmienda constitucional que beneficiaba a Horacio Cartes volvió a incendiar la escena política: las movilizaciones derivaron en el ingreso de manifestantes al Congreso y su incendio parcial, mientras la Policía mató al dirigente Rodrigo Quintana. La violencia profundizó las divisiones partidarias y terminó por frenar el proyecto reeleccionista. Cartes sigue activo y dicen que es el gran responsable de la caída de Peña al quitarle su respaldo. 

Pero el poder no cambió de manos. Lejos de perder la presidencia, el partido consiguió conservar el poder con el reemplazo de Peña por Hércules Pedro Lorenzo Alliana Rodríguez, un dirigente colorado que ya había expresado su intención de aspirar al cargo en 2028.

“Agradezco a mi partido y reafirmo mi fidelidad a sus postulados doctrinarios”, resaltó el nuevo presidente, ante una cerrada ronda de aplausos de los senadores que se encontraban en el recinto.

“El Paraguay que hoy recibimos tiene urgencias que nos obligan a estar en las calles, en los hospitales y en el campo“, sostuvo este viernes ante la Cámara Alta del Congreso como si fuera un recién llegado. 

¿Cómo? ¿No era que Paraguay era el ejemplo a seguir? Los principales exponentes del modelo libertario se cansaron de decirlo. Los que conocen al Paraguay desde sus fronteras, saben que en realidad es un país donde reina una profunda desigualdad, con un Estado casi ausente, donde el 62 por ciento de los trabajadores está en la informalidad y hay una constante demanda de servicios sociales que presiona en las ciudades fronterizas argentinas. Misiones es un ejemplo, donde el flujo es diario. 

“El río nos une, no nos separa”, dijo hace apenas unas horas el gobernador Hugo Passalacqua cuando fue a Encarnación a la asunción del intendente Sebastián Emilio Remezowski Squef.

Misiones desde hace años recibe con los brazos abiertos a los paraguayos que vienen a atenderse en salud y otros servicios. Incluso ahora, con el retroceso del Estado nacional en el financiamiento de la salud y otras áreas, Misiones nunca cerró las puertas, como sí lo hacen en Buenos Aires o el propio gobierno libertario que quiere cobrarles por estudios en las universidades nacionales. Las paradojas del “modelo”. 

Misiones se posiciona políticamente distinto. Lejos de eludir obligaciones, asume el compromiso de atender incluso aquellas que la Nación deja de lado. Este viernes se licitó el reasfaltado, terceras trochas y ampliación de la ruta 14, en un tramo de 50 kilómetros entre Alem y Campo Viera, un recorrido clave para la producción. Son más de 30 mil millones de pesos que se invertirán a través de un crédito que tomó la Provincia con el Banco Interamericano de Desarrollo. “Es una obra soñada desde hace muchos años”, describió Passalacqua. 

Es la primera vez en 20 años que Misiones toma deuda y lo hace obligada por las circunstancias. No es el único crédito. Se usarán otros fondos para rutas provinciales, puentes y el acceso a Fachinal, entre otros. 

La fluidez de la gestión misionera contrasta con la parálisis de la Nación, parálisis que es un poco buscada y otro poco por “errores no forzados” insólitos. 

El ex tenista y diputado nacional Diego Hartfield protagonizó un blooper llamativo en el territorio de las redes sociales, donde mejor se mueve. Celebró anticipadamente el proyecto sobre la Reforma del Mercado de Capitales. “Tiene 146 páginas y 240 artículos. El nombre correcto es Ley de Competitividad Financiera”, destacó. A los pocos minutos sus redes se llenaron de críticas, muchas de ellas, de los propios libertarios, porque la propuesta incluía una suba de impuestos a las operaciones financieras. Hartfield no sabía nada. Fue alertado por un grupo de brokers. 

El intento de restablecer Ganancias sobre los CEDEARs expuso la descoordinación en el corazón del Gobierno: mientras proclama que su primera regla es no crear impuestos, distintas áreas del gabinete avalaron una iniciativa que avanzaba en esa dirección y fue firmada por el propio Presidente. Según la reconstrucción periodística, Federico Sturzenegger redactó el proyecto ¿con IA?, Luis Caputo dio su aprobación, Diego Santilli lo firmó y sólo Legal y Técnica advirtió sobre el artículo cuestionado. Cuesta sostener, entonces, que fue un simple descuido o “un borrador viejo”. El proyecto terminó convertido en el cadáver exquisito de un taller literario: cada funcionario agregó su parte, pero, cuando apareció el costo político, nadie quiso reconocerse como autor de la obra.

A la desorientación se suman datos que muestran el escaso “éxito” de las políticas libertarias. Para un Presidente que se dice especialista en crear riqueza con o sin dinero, los resultados son magros. Argentina quedó en el quinto puesto entre los países con mayor Índice Global de Miseria en 2025, según el relevamiento elaborado por el economista Steve Hanke, profesor de la Universidad Johns Hopkins. El especialista analizó 178 economías, de las cuales evaluó variables como inflación, desempleo, tasas de interés de los préstamos y crecimiento del PIB per cápita para medir el nivel de deterioro económico que enfrentan los ciudadanos. Para la Argentina, el principal problema es la inflación, que lejos está de ser contenida. Y ese dato influye en la medición de la pobreza que volvió a subir en la última medición y que puede ser peor de lo reconocido. 

Frente al 32,3% informado por el INDEC para el primer semestre de 2026, la consultora Equilibra estima un 45,4% de pobreza con una metodología que actualiza la canasta de consumo y ajusta la información de ingresos. Son 13,1 puntos de diferencia que obligan a no ignorar la pregunta que plantea: cuánto cambia el diagnóstico social cuando se modifica el peso de los gastos que las familias deben afrontar.

Para quien debe pagar el alquiler, la electricidad y el transporte antes de decidir qué puede comprar en el supermercado, esa discusión tiene poco de abstracta. Una canasta que reconoce mayor peso a los servicios puede ofrecer una imagen muy distinta de la suficiencia de los ingresos. Allí está el límite de convertir una estadística en un trofeo político: superar una línea de pobreza no garantiza dejar atrás la fragilidad económica. El éxito de un programa debería poder reconocerse también en la capacidad de llegar a fin de mes sin endeudarse, postergar tratamientos o acumular facturas impagas.

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