Sin tregua, no hay paraíso

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El mundo se mantiene expectante, mientras las hordas de Hamás comienzan a liberar a cuentagotas a los rehenes capturados en Israel, el 7 de octubre pasado. Para ello, el temporal cese de violencia es necesario, pero… ¿es el principio del fin?

Desde tiempo inmemoriales, existen las guerras. Básicamente, desde que el ser humano, en su cadena evolutiva, fue captando intereses a su favor o favor de una comunidad, se libraron enfrentamientos que se fueron tecnificando mientras fue avanzando la tecnología, valga el juego de palabras.

Más allá de esa premisa histórica, estamos en condiciones de decir que la tregua en esta guerra entre Israel y Hamás es solamente el entretiempo, en términos futbolísticos. ¿Sirve? Absolutamente. Sin embargo, difícil es pensar en pacto que derive en la paz en la zona, sobre todo por las pretensiones de Netanyahu de terminar de una buena vez por todas con la amenaza terrorista de Hamás, por lo pronto.

Ya en contexto, ambas fuerzas beligerantes arribaron a un alto al fuego o tregua temporal, en donde garantizan en ciertas zonas de Gaza, una zona libre de combates para que los rehenes puedan ser evacuados. La ecuación es la siguiente: Hamás entrega 50 de los más de 200 rehenes israelíes e Israel entrega cerca de 150 prisioneros de guerra de la agrupación terrorista. Parece un tanto desfavorable para Tel Aviv, aunque dimensionando los conflictos en la zona y entendiendo los antecedentes, termina siendo medianamente razonable, sobre todo por la presión que recibe el “Bibi” Netanyahu por parte de las familias de los rehenes y la propia sociedad total, quienes ya lo acusan de un mal manejo de la guerra y del “trueque” humano”.

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Serán 4 días en total, en donde este “pacto de sangre” podrá ser respetado o no. En lo que a mi respecta, si Hamás incumple con lo prometido, es posible que la contraofensiva israelí sea más rápida y sangrienta que lo esperada. Es decir, en el mejor escenario, si Hamás cumple con los términos, la guerra va a continuar e Israel acrecentará su presencia en suelo gazatí. Por otro lado, si es Tel Aviv el que no cumple con lo acordado, el repudio del mundo árabe y musulmán será mucho más grande y evidente, además de exponerse a una avanzada iraní, lo que significaría una guerra de magnitud apocalíptica. Esta lectura no es válida solamente para este alto al fuego, sino para los que pueda haber previamente, siempre y cuando haya rehenes de por medio.

¿Verdaderamente la tregua es una solución? Momentánea, seguro. Definitiva, imposible. Las pretensiones y las posiciones yuxtapuestas de ambos bandos son abismales. La concepción filosófica de Israel y Hamás no comprenden de punto medio entre ambas, aunque lo que sí hay entre ambas son los civiles, tanto de Israel como de Gaza, y son los verdaderos damnificados de este conflicto.

Una tregua, además, no significará nunca el fin de un conflicto. Solo basta con revisar la suerte de armisticio entre las Corea. El resultado es una tensión absoluta e incoherente que ya lleva 7 décadas, aproximadamente. El alto al fuego potencia la sangre en el ojo de las partes. No sería de extrañar que luego de esto, las hostilidades suban de categoría y nos lleven a escenarios mucho más terroríficos. Y no es que desee eso, nadie lo desea, simplemente es una lectura de lo que podría venirse. Siendo lógicos, ¿por qué bajaría de intensidad Israel si consigue sacar a todos sus rehenes a futuro? Al contrario, eso le allanaría el camino para un ataque mucho más concentrado y, por qué no, pensar en la toma de Gaza para alguna resolución internacional, partición, tutela o fortificación de la Autoridad Nacional Palestina.

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Es evidente, sin tregua no hay paraíso, y sin armas no hay treguas. La paz parece una circunstancia efímera en un contexto tan desfavorable como el que vive Medio Oriente, con características históricas, en donde la economía y las peleas en estrados parlamentarios parecen problemas banales de Occidente. Aquí, la carne se hace fuego, y con mucha pena uno puede observar que los verdaderos padecientes de estos conflictos, nada tienen que ver con el mismo. La mayoría de las bajas son personas que, probablemente, en su vida hayan tocado un arma, o tal vez sí, pero condicionados por el poder político. Niños bombas, madres refugios y padres atentados, la triste realidad de Medio Oriente, donde una tregua se grita como un gol en el último minuto.

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