Martín Ayerbe: “La contradicción de fondo para nosotros sigue siendo Liberación o Dependencia”
El referente del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) realizó su segunda visita a la provincia para exponer una propuesta de organización económica y política basada en la producción, la articulación de las organizaciones sociales y la recuperación de capacidades industriales. Planteó financiar la reconstrucción ferroviaria con ingresos de la marina mercante, eliminar las retenciones a las exportaciones que utilicen esa logística y fortalecer la formación técnica vinculada con las economías regionales
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Martín Ayerbe, referente del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), volvió a Misiones para presentar su modelo argentino para el desarrollo nacional, una propuesta que combina organización comunitaria, industrialización, formación profesional, infraestructura logística y una política de comercio exterior orientada a incrementar la participación de la producción nacional en la generación de valor.
Con una retórica articulada en torno a la comunidad organizada y la filosofía aristotélica, la propuesta elude la dinámica partidaria convencional para interpelar a las fuerzas vivas de la base social: gremios, cámaras empresariales, cooperativas y asociaciones profesionales. El diagnóstico de partida expone una falla estructural en la conducción política de las últimas décadas, caracterizada por la hipertrofia burocrática y la subordinación a esquemas financieros globales. Para revertir ese cuadro, la estrategia postula una articulación doctrinaria previa a la gestión, donde las organizaciones libres del pueblo adquieran la facultad de fijar la hoja de ruta estratégica del país y condicionar la acción del Estado.
Ayerbe, recorrió Apóstoles y mantuvo encuentros con dirigentes y participantes de distintas generaciones. Su agenda incluyó una exposición en el Partido Justicialista de Apóstoles el jueves y otra en la sede central del PJ en Posadas en la noche del viernes. Cerró su visita con actividades en la localidad de San Vicente durante el sábado.
El dirigente plantea reorganizar la producción, fortalecer la educación técnica, recuperar el control del comercio exterior y utilizar los ingresos de la marina mercante como fuente de financiamiento para reconstruir los ferrocarriles y expandir la industria. También propone articular a las organizaciones sociales, sindicales y empresariales en consejos de participación y planificación.
La iniciativa, según explicó en diálogo con Economis, parte de una premisa: el proyecto nacional no debería ser definido exclusivamente por un partido político, un gobierno o un sector económico, sino surgir de la articulación de las organizaciones que forman parte de la vida social y productiva del país. En ese esquema, sindicatos, cámaras empresarias, cooperativas, asociaciones profesionales, sociedades de fomento, bibliotecas populares y organizaciones culturales tendrían un papel central en la elaboración de prioridades y objetivos de largo plazo.
Ayerbe sostiene que la Argentina necesita reconstruir una instancia de planificación colectiva antes de avanzar en la ejecución de políticas concretas. Para el dirigente, el primer paso consiste en discutir qué país se busca construir, cuáles son sus capacidades productivas y qué intereses comunes pueden reunir a una sociedad atravesada por diferencias políticas e ideológicas.
“Todos los argentinos tenemos que poder alcanzar un proyecto nacional”, planteó. Desde su perspectiva, ese objetivo requiere recuperar los vínculos comunitarios y promover una participación que no se limite a la política partidaria, sino que también incluya a quienes sostienen comedores, clubes de barrio, cooperativas, asociaciones vecinales y otras formas de organización social.
La organización comunitaria como punto de partida
El modelo que propone Ayerbe recupera el concepto de comunidad organizada y le asigna a las organizaciones libres del pueblo una función de articulación entre las necesidades sociales y las decisiones del Estado. La idea es que los distintos sectores puedan formular propuestas, establecer prioridades y participar en la definición de un proyecto de desarrollo sin quedar subordinados a la conducción circunstancial de un gobierno.
En esa concepción, la familia, el trabajo, la educación y el arraigo territorial constituyen elementos centrales de la organización social. Ayerbe considera que los sentimientos de pertenencia y los intereses compartidos pueden funcionar como una base de unidad nacional por encima de las identidades partidarias.
“La familia es el átomo de la comunidad organizada. Los valores se inculcan en la familia, no es tarea de la escuela. En la escuela se aprenden las nociones de ciudadanía y se prepara para el trabajo”
El planteo también contiene una crítica al deterioro de la confianza en la política. Frente al desencanto de una parte de la sociedad con sus representantes, el dirigente sostiene que la reconstrucción de los vínculos comunitarios puede abrir canales de participación y permitir que las personas vuelvan a intervenir en las discusiones sobre el rumbo económico y social del país.
La propuesta, sin embargo, no se limita a una convocatoria general al diálogo. Ayerbe plantea avanzar en estructuras de participación sectorial y territorial que permitan trasladar las demandas de la producción, el trabajo y la comunidad hacia instancias de planificación nacional. Entre ellas menciona consejos vinculados con la educación, el comercio exterior y las exportaciones.
El objetivo sería establecer una relación en la que el Estado facilite el desarrollo de las organizaciones sociales, pero no las absorba ni las convierta en dependencias del poder político. Para Ayerbe, la autonomía de esas entidades es una condición necesaria para que puedan actuar como representantes de intereses concretos y aportar propuestas a las políticas públicas.
Educación técnica: formar trabajadores para la producción
Uno de los ejes más desarrollados durante la entrevista fue la formación profesional. Desde su experiencia como técnico mecánico en máquinas-herramienta, Ayerbe cuestionó los cambios curriculares que, a su entender, redujeron la profundidad de determinadas especialidades y reemplazaron conocimientos técnicos específicos por contenidos más generales.
Como ejemplo, recordó la formación en mecánica de los fluidos y en hidráulica, disciplinas que considera fundamentales para la industria. Según su interpretación, la reducción de la carga horaria de materias técnicas y la unificación de especialidades pueden producir egresados con una preparación menos profunda en áreas críticas para el funcionamiento de los sistemas industriales.
El dirigente propone que los planes de estudio incorporen de manera sistemática la participación de técnicos, profesionales y organizaciones del sector productivo. En esa línea, plantea recuperar un esquema de coordinación nacional de la educación técnica y otorgar mayor protagonismo a los ámbitos que representan a quienes trabajan en talleres, fábricas y establecimientos industriales.
“A los jóvenes no hay que prometerles la falsa ilusión de ser ingenieros; necesitamos plantear una organización donde se requieran miles y millones de técnicos que vayan a la operación, no a la oficina técnica”
Su crítica apunta a la distancia que observa entre la oferta educativa y las necesidades concretas de las empresas. En particular, menciona la demanda de torneros, soldadores, electricistas y otros perfiles especializados, frente a un sistema que, según su diagnóstico, no siempre consigue conectar la formación con las oportunidades laborales.
Ayerbe también cuestiona la idea de que el éxito profesional deba estar asociado exclusivamente con la obtención de un título universitario. En su propuesta, la formación técnica y terciaria debe ocupar un lugar central en la estructura educativa, con trayectos que permitan adquirir competencias específicas y acceder al mercado de trabajo en plazos razonables.
Como alternativa, menciona las tecnicaturas superiores vinculadas con la Universidad Tecnológica Nacional y propone analizar su aplicación a las necesidades productivas de cada provincia. Para Misiones, identifica oportunidades en la industria forestal, la alimentación, los molinos y los establecimientos que utilizan calderas y sistemas de vapor.
Esas actividades requieren conocimientos sobre el comportamiento de los fluidos, el diseño y la operación de equipos industriales y el mantenimiento de instalaciones productivas. La formación de técnicos especializados podría, desde su perspectiva, contribuir a mejorar las capacidades de las empresas y reducir la distancia entre las necesidades de la industria y los perfiles disponibles en el mercado laboral.
La discusión remite a un desafío relevante para las economías regionales: cómo vincular las escuelas técnicas, las universidades y los institutos superiores con las necesidades de las empresas sin reducir la educación a una respuesta inmediata a la demanda laboral. En el esquema que propone Ayerbe, la planificación educativa debería surgir de una articulación entre el sistema formativo y los sectores que generan valor agregado.
Misiones y el desafío de industrializar la madera
La industria forestal misionera ocupa un lugar destacado en el diagnóstico de Ayerbe. El dirigente sostiene que la provincia tiene condiciones para avanzar en una mayor transformación de sus recursos naturales y cuestiona que la inserción comercial se apoye en la exportación de madera con escaso procesamiento mientras ingresan productos manufacturados de mayor valor agregado.
Su planteo apunta a fortalecer la fabricación nacional de muebles y otros bienes derivados de la madera, con el propósito de ampliar la actividad industrial y generar más empleo dentro de la provincia. En lugar de limitarse a vender materia prima, propone desarrollar cadenas productivas que incorporen diseño, carpintería especializada, manufactura y comercialización.
El dirigente también cuestionó el ingreso de muebles elaborados con tableros aglomerados y sostuvo que esos productos pueden resultar menos durables en determinadas condiciones de uso, especialmente ante inundaciones. Como contraste, defendió la posibilidad de desarrollar muebles de madera maciza y consolidar una industria capaz de abastecer el mercado interno con productos de mayor vida útil.
“Exportamos las mejores maderas de nuestra tierra como troncos sin procesar, y después recibimos muebles de aserrín pegado que en la primera inundación se pudren”
La propuesta incluye una dimensión comercial: para Ayerbe, la política de importaciones y exportaciones no puede definirse exclusivamente desde Buenos Aires, sin incorporar las necesidades de las provincias productoras. Por eso plantea la creación de un consejo de comercio exterior en el que participen las organizaciones de productores, las industrias regionales y los sectores comerciales.
La idea es que las decisiones sobre acuerdos comerciales, importaciones y exportaciones contemplen el impacto sobre las cadenas productivas locales. En el caso misionero, el desafío sería evitar que la provincia quede limitada a la provisión de recursos naturales mientras otras economías capturan los beneficios asociados con su transformación industrial.
El planteo no se restringe a la madera. Ayerbe lo extiende a la producción agropecuaria y alimentaria, con la intención de impulsar inversiones que permitan procesar localmente las materias primas. El objetivo sería que los productores puedan avanzar hacia actividades de mayor complejidad, desde la molienda de granos hasta la elaboración de harinas, pastas, galletitas y otros alimentos.
En ese esquema, la industrialización aparece como una vía para diversificar las economías regionales, ampliar las fuentes de empleo y reducir la dependencia de los precios internacionales de los productos primarios.
Marina mercante, ferrocarriles y financiamiento industrial
El componente económico más ambicioso del Modelo Argentino para el Desarrollo Nacional es la propuesta de recuperar la marina mercante y convertir los ingresos de la logística en una fuente de financiamiento para la infraestructura y la industria.
Ayerbe plantea restablecer una reserva de carga del 50% de los fletes internacionales para buques de bandera argentina. Según sus estimaciones, ese mecanismo permitiría generar una facturación superior a los 10.000 millones de dólares anuales, con una rentabilidad que, de acuerdo con sus cálculos, podría destinarse a financiar inversiones estratégicas.
“La logística financia la construcción de los vehículos para la logística: con la facturación del flete marítimo podemos financiar la reconstrucción ferroviaria, aeronáutica e industrial”
El dirigente sostiene que una parte de esos recursos podría utilizarse para reconstruir la red ferroviaria durante una década, con una inversión estimada de 1.000 millones de dólares anuales. También propone destinar fondos a un plan aeronáutico, al desarrollo de una industria naval, a la fabricación nacional de vehículos comerciales y a la expansión de la siderurgia.
Estas cifras forman parte de las proyecciones que expone Ayerbe y no constituyen, por sí mismas, una estimación fiscal o económica validada de manera independiente. La factibilidad de la propuesta dependería de variables como la dimensión efectiva de la flota, la carga disponible, los costos operativos, las condiciones del comercio internacional, las inversiones iniciales y los mecanismos legales necesarios para implementar una reserva de carga.
La lógica del modelo consiste en que la logística genere ingresos para financiar los medios de transporte y las industrias que los necesitan. Una marina mercante nacional, sostiene el dirigente, podría contribuir a financiar la recuperación de los ferrocarriles, la construcción de embarcaciones y el desarrollo de vehículos industriales. A su vez, una red ferroviaria más extensa y eficiente permitiría reducir los costos de transporte interno y mejorar la competitividad de las economías regionales.
El ferrocarril ocupa un lugar central en esa cadena. Para Ayerbe, la conexión entre las provincias y sus centros productivos es una condición para ampliar los mercados, disminuir los costos logísticos y favorecer el arraigo de las familias en sus lugares de origen.
La propuesta busca, además, modificar la relación entre la producción y el comercio exterior. En lugar de depender principalmente de operadores internacionales para transportar las exportaciones, el dirigente plantea que el país recupere capacidad propia para trasladar sus mercancías y participar de una porción mayor de la renta comercial.
Desde su perspectiva, esa capacidad logística permitiría generar recursos para la inversión productiva sin depender exclusivamente del endeudamiento o de la inversión extranjera directa. El modelo apuesta a que una parte de los excedentes obtenidos en el transporte y la comercialización se reinvierta en infraestructura, tecnología y manufactura nacional.
Retenciones y capitalización del productor
La política agropecuaria constituye otro de los pilares de la propuesta. Ayerbe promueve eliminar las retenciones a las exportaciones y sostiene que el Estado podría obtener recursos para financiar infraestructura mediante los ingresos derivados de la logística y del comercio exterior.
Su argumento es que la reducción de las cargas sobre las ventas externas permitiría mejorar los ingresos de los productores y facilitar la reinversión en maquinaria, instalaciones, silos, molinos y plantas industriales. En lugar de concentrarse en la exportación de granos, el sector podría avanzar hacia la transformación de las materias primas y la diversificación de sus actividades.
“Proponemos la eliminación de las retenciones al campo y a toda exportación, porque la ganancia de la Argentina tiene que estar en el flete y en la renta comercial a través de nuestra propia Marina Mercante”
En términos prácticos, el dirigente plantea que los productores que utilicen la marina mercante argentina deberían quedar exentos de retenciones. De esa manera, la renta logística reemplazaría parcialmente el esquema de captación de recursos que hoy se realiza mediante gravámenes a las exportaciones.
La iniciativa supone una modificación profunda del sistema de incentivos y de la estructura de ingresos públicos. Su viabilidad requeriría precisar cómo se financiarían las funciones estatales, cuánto ingreso podría generar efectivamente la actividad marítima y qué mecanismos garantizarían que los recursos obtenidos se destinen a las inversiones previstas.
Ayerbe sostiene que la capitalización del productor nacional es una condición para ampliar la producción, incorporar tecnología y generar empleo. En su visión, un empresario con capacidad de inversión puede diversificar su actividad, pasar de la producción primaria a la elaboración industrial y desarrollar nuevos eslabones de la cadena de valor.
El dirigente cuestiona, al mismo tiempo, que los mecanismos internacionales de financiamiento favorezcan principalmente a las grandes compañías multinacionales. Frente a ese escenario, propone construir fuentes de financiamiento propias que permitan fortalecer a las empresas nacionales y ampliar su capacidad para competir en el mercado interno y externo.
La discusión pone sobre la mesa uno de los dilemas estructurales de la economía argentina: cómo generar inversión productiva, agregar valor a las exportaciones y sostener el financiamiento de la infraestructura sin perder de vista la estabilidad de las cuentas públicas y la necesidad de recursos para las funciones del Estado.
Ganadería y producción de alimentos
Ayerbe también propone aumentar de manera significativa el stock ganadero argentino. Durante la entrevista planteó como objetivo multiplicarlo por cinco, desde un nivel que ubicó en torno de los 50 millones de cabezas hasta alcanzar 250 millones.
El dirigente vincula esa meta con dos propósitos: garantizar el abastecimiento interno de carne y ampliar la capacidad exportadora del país. En su planteo, una mayor producción permitiría combinar el consumo nacional con el desarrollo de un comercio exterior de alimentos de alto valor.
La cifra mencionada constituye una meta de su propuesta y no una proyección respaldada en la entrevista por un estudio de capacidad productiva, disponibilidad de tierras, alimentación animal, recursos hídricos o impacto ambiental. Alcanzarla exigiría evaluar esos factores, además de la infraestructura necesaria para la cría, el transporte, la faena y la comercialización.
Más allá de la magnitud del objetivo, el argumento vuelve sobre la misma idea que atraviesa el modelo: aumentar la producción no debería limitarse a expandir las exportaciones de materias primas, sino que tendría que fortalecer la cadena industrial, el empleo y la capacidad de abastecimiento del mercado interno.
Para Ayerbe, la soberanía económica depende de que el país pueda decidir qué producir, cómo procesarlo y con quién comerciar. En ese marco, la política exterior debería responder a una estrategia productiva de largo plazo y no exclusivamente a afinidades ideológicas o a acuerdos coyunturales entre gobiernos.
Comercio exterior y autonomía económica
El dirigente cuestionó los acuerdos internacionales que, según su interpretación, pueden restringir las posibilidades de desarrollo industrial argentino. Su planteo es que el país debe conservar margen de decisión para proteger y ampliar sus capacidades productivas, negociar condiciones comerciales y elegir los mercados de destino de sus exportaciones.
En la entrevista también manifestó su rechazo a los entendimientos que considera subordinados a los intereses de potencias extranjeras y sostuvo que la Argentina debería revisar aquellos compromisos que limiten su capacidad para desarrollar manufacturas propias.
“Las retenciones al campo son una imposición norteamericana a la economía nacional para reducir nuestra producción, porque la Argentina produce lo mismo que EE. UU. y competimos con ellos”
Ayerbe vincula esa autonomía con el control de la logística, la marina mercante y el comercio exterior. Para él, disponer de medios de transporte propios no solo representa una oportunidad económica, sino también una herramienta para fortalecer la presencia territorial y la capacidad de negociación internacional.
En ese sentido, propuso avanzar hacia una mayor integración económica iberoamericana, con coordinación entre las marinas mercantes de los países de la región y mecanismos comunes para priorizar el transporte de sus propias cargas. Su objetivo, según explicó, sería ampliar la capacidad de negociación regional y reducir la dependencia de operadores externos.
El dirigente también cuestionó la orientación de las exportaciones argentinas cuando se concentran en productos primarios y sostuvo que la política comercial debe promover un salto hacia bienes manufacturados. El desafío, en su visión, es que las provincias productoras participen en la definición de esas prioridades y no queden relegadas frente a decisiones tomadas desde los centros políticos y económicos.
Estado, gobierno y organizaciones sociales
La relación entre el Estado y la sociedad fue otro de los temas centrales de la conversación. Ante el avance de discursos que cuestionan la intervención estatal, Ayerbe planteó que es necesario diferenciar al Estado de los gobiernos que lo administran y de las personas que ocupan cargos públicos.
Desde su perspectiva, el Estado representa los instrumentos institucionales de la nación, mientras que el gobierno debe conducirlos en función de los objetivos definidos por la comunidad. El pueblo, a través de sus organizaciones, tendría que participar en la elaboración de esos objetivos y mantener autonomía respecto de las estructuras gubernamentales.
El dirigente sostiene que la confusión entre Estado y gobierno alimenta el rechazo social hacia las instituciones públicas. A su entender, la discusión no debería reducirse a una oposición entre Estado y mercado, sino centrarse en qué funciones deben cumplir las instituciones, cómo se controlan y a qué objetivos colectivos deben responder.
“Al trabajador como sujeto del nacionalismo justicialista se lo quiere sustituir por el ‘militante’. ¿Pero el militante de qué vive? ¿Cuál es su rol orgánico en la comunidad?”
En su modelo, las organizaciones libres del pueblo no serían simples receptoras de políticas públicas. Deberían tener capacidad para formular demandas, proponer soluciones y actuar como interlocutoras del Estado, sin quedar subordinadas a la conducción política de turno.
Ayerbe define esa articulación como una forma de organización del poder social. Para él, una comunidad organizada puede intervenir de manera más efectiva en las decisiones que afectan su vida cotidiana, desde la educación y el trabajo hasta la infraestructura y el desarrollo productivo.
“La contradicción de fondo para nosotros sigue siendo Liberación o Dependencia, no ‘globalismo vs. nacionalismo’. El nacionalismo norteamericano es tan malo para nosotros como su globalismo”
La propuesta se apoya en una tradición de pensamiento nacional y justicialista, con referencias a autores y figuras vinculados con la filosofía política, el derecho y la doctrina social. Ayerbe plantea que esa tradición puede servir como marco para discutir los fines del Estado y el sentido de las políticas públicas, aunque su aplicación concreta dependerá de cómo se traduzcan esas ideas en instituciones, reglas y mecanismos de participación.
Identidad nacional, cultura y desarrollo
La exposición de Ayerbe también incorporó una dimensión cultural. El dirigente considera que el desarrollo nacional requiere reconocer las tradiciones, las expresiones artísticas y los vínculos históricos que, desde su perspectiva, contribuyen a construir una identidad compartida.
En ese recorrido mencionó el Martín Fierro, la música popular argentina y figuras como José Larralde, Ricardo Iorio y Ramón Ayala. Sobre este último, destacó su relevancia como expresión de la cultura misionera y su capacidad para proyectar una identidad local hacia otros públicos.
La referencia a la cultura no aparece separada de su propuesta económica. Para Ayerbe, la identidad nacional debe expresarse en la producción, el trabajo y la capacidad de una sociedad para decidir su propio rumbo. En esa lógica, la industrialización y la recuperación de las capacidades técnicas también forman parte de un proyecto cultural, porque permiten transformar los recursos del territorio y sostener comunidades con mayor autonomía económica.
“El liberalismo y el marxismo buscan desviar los fines educativos para someter a los niños y a los jóvenes al tironeo de las ideologías”
Durante su paso por Apóstoles, contó que en las actividades participaron personas de distintas edades, desde estudiantes secundarios y jóvenes que cursan tecnicaturas hasta adultos mayores que vinculan su experiencia de vida con las políticas de educación y trabajo de otras etapas de la historia argentina.
Ese intercambio, según relató, forma parte de la metodología que busca impulsar el movimiento: generar conversaciones sobre problemas concretos y conectar las experiencias de cada comunidad con una discusión más amplia sobre el desarrollo nacional.
Una propuesta que busca convertir el diagnóstico en organización
La segunda visita de Martín Ayerbe a Misiones volvió a poner en discusión una serie de temas que atraviesan a las economías regionales: la formación de trabajadores calificados, el agregado de valor a la producción forestal y agropecuaria, los costos logísticos, el acceso a financiamiento y la participación de las provincias en las decisiones de comercio exterior.
Su Modelo Argentino para el Desarrollo Nacional reúne esas cuestiones dentro de una propuesta de reorganización económica y política. La iniciativa combina la creación de consejos sectoriales, el fortalecimiento de las organizaciones comunitarias, la recuperación de capacidades industriales y una estrategia de capitalización basada en los ingresos de la logística nacional.
El programa también plantea cambios de alcance significativo en materia tributaria, comercial, educativa y de infraestructura. Sus resultados dependerían de la viabilidad financiera de las inversiones, de los acuerdos institucionales necesarios para ponerlas en marcha y de la capacidad de articular intereses que no siempre coinciden entre productores, trabajadores, empresas, gobiernos provinciales y Estado nacional.
En Misiones, la discusión adquiere una dimensión particular por el peso de la forestoindustria, la producción de alimentos y la necesidad de contar con recursos humanos especializados para sostener la actividad industrial. El desafío consiste en establecer de qué manera las propuestas de planificación y formación técnica pueden traducirse en proyectos concretos para las empresas, los trabajadores y las comunidades.
La convocatoria de Ayerbe apunta a que ese debate no quede restringido a los partidos políticos ni a los ámbitos de decisión de Buenos Aires. Su planteo es que las organizaciones sociales y productivas de cada provincia participen en la definición de las prioridades nacionales.
La cuestión de fondo es cómo transformar ese llamado a la organización en mecanismos permanentes de participación, con objetivos medibles y propuestas que puedan evaluarse en términos de inversión, empleo, productividad y desarrollo territorial. Allí se juega buena parte de la distancia entre una visión doctrinaria del país y la construcción de una política pública capaz de modificar las condiciones de producción y de vida de la población.

