Martes 27 de octubre de 2026 Posadas misiones
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El precio real de la estupidez. Dialogo con un Libertario

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—Antes pagábamos la luz, pero no pagábamos el precio real (me explica un libertario)-.
—¿Y ahora?
—Ahora pagamos lo que realmente vale.
—¿Y mi sueldo vale lo que realmente vale?
—No mezcles las cosas. Una cosa son los precios y otra los salarios.
—Ah, claro. Los precios se sinceran y los salarios se quedan callados.
—¡La carne estaba artificialmente barata! ¡La nafta estaba regalada! ¡El transporte público estaba subsidiado!
—¿Y ahora vivimos mejor?
—No está todo más caro, la estamos pasando mal, pero estamos haciendo un sacrificio, un esfuerzo, para estar mejor.
—¿Quiénes?
—Todos los argentinos.
—Qué raro. El esfuerzo es de todos, pero algunos parecen tener más obligación de hacerlo que otros. La mayoría hace el esfuerzo, otros te explican por TV y unos poquitos pagan 200.000 U$S para una charla de Javo, con Karina y los Menem donde se aplaude que el presidente quiera “quemar a periodistas”.
El libertario no se inmuta. Ha aprendido tres palabras —déficit, emisión y mercado— y con ellas puede explicar desde el precio de la lechuga hasta la extinción de los dinosaurios.
Le llevo al terreno de su propio comercio. Le fue mal, cerró una tras otra las sucursales y terminó bajando todas las persianas. Y me dice:
—¡La macro está ordenada! ¡Y las acciones de Mercado Libre e YPF suben!
—¿Y tu negocio?
—Mal.
—¿Y las sucursales?
—Cerradas.
—¿Y las ventas?
—Cayeron.
—Pero las acciones de Mercado Libre…
—¡Están subiendo!.. y capaz que conseguís trabajo ahí como repositor de un depósito.
El hombre fundió su negocio, pero conserva intacta su confianza en el mercado. De empresario a posible repositor de un depósito de Galperin. Si mañana pierde la casa, seguramente se consuele mirando el índice inmobiliario.
—¡No podés medir la economía por un comercio! —protesta mi interlocutor.
—Tenés razón. Según Fundar, en julio de 2026 había 32.290 empresas empleadoras registradas menos que en noviembre de 2023. ¿Cuántas tienen que cerrar para que dejes de llamarlo un caso aislado?
—Es el costo de ordenar la economía.
—Entiendo. Cuando una empresa abre, es mérito del modelo. Cuando cierran, es culpa del empresario. ¡Qué suerte tienen ustedes: jamás fracasa una idea, solamente sus víctimas!
Pruebo con el FMI y las deudas de Caputo.
—¿Endeudarse está mal? Lo dijo el presidente antes de convencerte de serlo.
—Cuando lo hacían los anteriores, sí. Hipotecaban el futuro de los argentinos.
—¿Y los veinte mil millones de dólares del acuerdo de 2025 y lo que vino después?
—¡Era necesario para estabilizar la economía!
—Ah, la deuda ajena es una catástrofe y la propia, una herramienta financiera. El dinero es el mismo los que pagan son los mismos -nosotros, nuestros hijos y nietos-; lo que cambia es quién firma.
Se fastidia. Entonces recurre a su argumento favorito:
—¡Ustedes quieren vivir por encima de sus posibilidades!
—No. Queremos vivir dentro de nuestros ingresos y se vivía mejor. El problema es que ustedes quieren que vivamos por debajo de ellos y encima les aplaudamos por enseñarnos a hacerlo.
—¡La libertad tiene un precio!
—Por supuesto, antes era igual de libre y vivía mejor. ¿Por qué siempre lo pagamos nosotros el precio de esa libertad?
Se queda callado. No porque haya comprendido, sino porque todavía no encontró un gráfico que responda esa pregunta.
Si sube la luz, nafta, transporte, se sinceran los precios. Si cae el consumo, se corrigen los excesos. Si cierra una fábrica, se reasignan los recursos. Si se pierde el empleo, hay que reconvertirse en parripollista. Si sube la Bolsa, triunfa el modelo. Y si a la gente no le alcanza para llegar a fin de mes, hay que tener paciencia y sacrificarse.
Al final, el milagro libertario consiste en conseguir que alguien pierda el trabajo, cierre su negocio y no pueda llenar el tanque, pero siga convencido de que la economía va fenómeno porque subieron las acciones de unas pocas empresas que ni de cerca son suyas. Y mientras ese argentino hace malabares para llegar a fin de mes, Javier Milei sigue recorriendo el mundo, entre conferencias, premios y encuentros con sus amigos ideológicos. Pobre Bolsonaro: el Javo lo saló con su apoyo y perdió. Para unos, la libertad consiste en elegir qué factura dejar sin pagar; para el Presidente, parece consistir en elegir el próximo destino internacional con la tuya. ¡GIL!

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