El BCRA acelera compras de dólares, pero el mercado le marca un límite en bonos y riesgo país

El Banco Central sumó US$ 172 millones este viernes 20 de marzo, estiró a 53 ruedas su racha compradora y reforzó el frente cambiario, aunque la caída semanal de reservas y la presión sobre la deuda muestran que el alivio todavía no ordena todo el tablero

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El Banco Central volvió a quedarse con el centro de la escena financiera este viernes 20 de marzo. Compró US$ 172 millones, el monto más alto de marzo, y extendió a 53 ruedas consecutivas la secuencia de saldo positivo en el mercado oficial. El dato, por sí solo, ya tiene densidad política: en medio de un programa económico que necesita mostrar control sobre el dólar, acumulación de reservas y menor tensión cambiaria, la autoridad monetaria logró sostener una racha que supera las oscilaciones diarias y empieza a ofrecer una señal más estructural. Pero la foto no cierra completa. Mientras el BCRA suma divisas y el dólar mayorista baja, los bonos en dólares vuelven a retroceder y el riesgo país sube a 623 puntos. La pregunta, entonces, ya no pasa solo por cuánto compra el Central, sino por cuánto de esa calma cambiaria logra convertirse en credibilidad financiera.

Una racha de 53 ruedas que fortalece al Gobierno en el frente cambiario

El saldo del viernes fue contundente. El BCRA compró US$ 172 millones, la cifra diaria más alta del mes, y acumuló US$ 485 millones en la semana. Desde enero, cuando comenzó la cuarta etapa del esquema monetario, ya suma US$ 3.783 millones en compras, un volumen que supera un tercio de la meta anual que maneja el oficialismo, estimada entre US$ 10.000 millones y US$ 17.000 millones durante 2026.

No se trata solo de una mejora operativa. La continuidad de la racha cambia el clima del mercado oficial. Son 53 jornadas consecutivas con saldo comprador, una secuencia infrecuente que refuerza la idea de una mayor oferta de dólares y de una plaza cambiaria con menos tensión que en otros tramos del programa económico. Para el equipo económico, ese dato tiene valor político concreto: le permite exhibir capacidad de intervención sin necesidad de convalidar una corrección brusca del tipo de cambio y sostener el discurso de normalización del frente externo.

El dólar mayorista acompañó esa señal. Bajó $4 y cerró en $1.390,50, el valor más bajo del último mes. En la semana retrocedió $9,50, equivalente a 0,7%. El volumen operado en el segmento contado alcanzó US$ 357,5 millones, otra referencia de un mercado abastecido. Además, el techo del régimen cambiario quedó en $1.638,52, de modo que el oficial terminó 17,8% por debajo de ese nivel. Esa distancia le da margen al Gobierno: puede seguir comprando divisas mientras sostiene una narrativa de estabilidad sin que el tipo de cambio se convierta, por ahora, en el principal foco de incertidumbre.

Las reservas suben en el día, pero el saldo semanal reabre una tensión de fondo

La mejora del viernes permitió cortar una racha de siete ruedas consecutivas de caída en las reservas brutas. Las reservas internacionales cerraron en US$ 43.808 millones, con una suba diaria de US$ 106 millones frente a la rueda previa. A primera vista, el dato parece coherente con la secuencia compradora del Central. Sin embargo, la dinámica más amplia obliga a una lectura menos lineal.

En la semana, las reservas acumularon una baja de US$ 1.851 millones. Y ahí aparece una de las claves del momento financiero: el Banco Central compra dólares en el mercado, pero esa acumulación no se traslada de manera automática al stock de reservas. Los pagos de deuda, los movimientos de valuación de activos y las necesidades financieras del Tesoro siguen condicionando la capacidad de transformar compras en recomposición efectiva del balance.

Ese contraste es políticamente sensible. A fines del mes pasado, las reservas habían alcanzado US$ 46.905 millones, el nivel más alto en seis años. El retroceso posterior no borra la mejora previa, pero sí recuerda que la acumulación todavía convive con exigencias financieras fuertes. En otras palabras, el Gobierno puede mostrar que el BCRA compra, aunque todavía no puede presentar una estabilización definitiva del frente externo. La reconstrucción existe, pero no avanza en línea recta.

El mercado le reconoce calma al dólar, no todavía a la deuda

La otra mitad de la rueda financiera mostró un tono menos complaciente. Mientras el mercado cambiario mantuvo la calma, la renta fija soberana volvió a marcar cautela. Los bonos en dólares operaron con bajas generalizadas, tanto en su cotización cable como en pesos. Entre los principales títulos se observaron retrocesos de 1% en AL41D, 1% en GD35D, 1,3% en AL35D y 0,9% en GD46D. En la pantalla en pesos, las caídas también fueron amplias: AL41 cedió 1,5%, AE38 0,8%, AL35 0,6% y GD46 0,5%.

El deterioro no se limita al movimiento intradiario. En el balance mensual, varios bonos de la curva larga siguen acumulando pérdidas relevantes. GD46 baja 5,1% en el mes, AL41 retrocede 5%, AL35 pierde 3,8% y GD35 cae 3,5%. El riesgo país, en ese marco, subió 3,5% hasta 623 puntos y ya acumula un alza de 8,9% en el mes y de 9,1% en el año.

Ese comportamiento funciona como una advertencia política y financiera. El Gobierno logró ordenar, al menos parcialmente, el mercado oficial de cambios. Pero la deuda soberana todavía no valida de manera plena esa mejora. La señal es clara: el dólar no mete ruido, aunque el crédito argentino sigue sin recuperar una trayectoria consistente. El mercado distingue entre la administración táctica del corto plazo y la consolidación estructural del programa.

Acciones con sostén parcial: energía firme, mercado selectivo

La Bolsa local mostró otra lectura intermedia. El Merval avanzó 0,4% hasta 2.779.276,36 puntos y el Merval en dólares subió 0,1% hasta 1.885,97 puntos. En el balance mensual, el índice acumula una mejora de 5,2% en pesos y de 4,2% en dólares. Sin embargo, la suba no fue homogénea ni reflejó una mejora general del apetito por riesgo argentino.

YPF volvió a concentrar la atención. Trepó 3% en pesos y encabezó la rueda local. También avanzaron Metrogas con 2,2%, TGN con 1,7%, Transener con 1,3%, Banco Macro con 0,7%, Galicia con 0,8% y Pampa Energía con 0,3%. Del lado de las bajas aparecieron Central Puerto con 2,8%, IRSA con 2,4%, Supervielle con 1,6% y Cresud con 1,3%.

La operatoria en ADR replicó esa dispersión. YPF ganó 2,7%, acompañada por Ternium, Globant, Banco Macro y Galicia, mientras IRSA cayó 3,5%, Central Puerto 3,4% y Corporación América 2,7%. La energía sigue funcionando como refugio relativo dentro del equity argentino. YPF acumula un alza de 19,1% en el último mes, mientras Pampa sube 11,1%, Edenor 13,1% y TGS 9,3%. En cambio, parte del segmento financiero todavía corre desde atrás, con retrocesos mensuales de 7,1% en Macro, 8,1% en Supervielle y 5,1% en BBVA.

La conclusión de mercado no es lineal: hay sostén selectivo, no entusiasmo generalizado. Algunos papeles energéticos contienen al índice, pero la mejora no alcanza para construir una lectura expansiva sobre todos los activos locales.

La correlación de fuerzas dentro del programa económico

En términos de poder económico, la rueda dejó un dato favorable para el Gobierno y otro que lo obliga a administrar expectativas. El punto a favor es que el BCRA refuerza su lugar como pieza ordenadora del corto plazo. La racha compradora, la baja del dólar mayorista y la relativa estabilidad de las cotizaciones paralelas le dan al equipo económico una base para sostener la gobernabilidad cambiaria, que sigue siendo uno de los activos más relevantes del programa.

Las tasas de referencia acompañan ese escenario: la TAMAR se ubicó en 26,56% TNA y la BADLAR en 26,25% TNA, dentro de un esquema que por ahora no muestra desborde en la plaza monetaria. El dólar minorista promedio vendedor cerró en $1.414,017, el MEP operó en $1.422,45, el CCL en $1.473,66 y el dólar cripto rondó los $1.474,16, prácticamente alineado con el contado con liquidación. El mercado cambiario, en síntesis, sigue sin convertirse en el canal principal de estrés.

El punto que condiciona es otro: la deuda no acompaña con la misma convicción. Y eso limita la capacidad oficial para transformar la estabilidad táctica en mejora integral de financiamiento. La suba del riesgo país a 623 puntos resume esa tensión. Aunque el dólar permanezca bajo control y el Central compre, el mercado todavía exige algo más para convalidar una compresión sostenida de spreads y una recuperación plena de los bonos.

Un movimiento importante, pero no definitivo

Lo que ocurrió este viernes tiene peso político real. El Banco Central logró el mayor saldo comprador de marzo, reforzó una racha de 53 ruedas y volvió a darle aire a la estrategia oficial sobre el frente cambiario. Ese resultado no es menor en un año en el que la acumulación de reservas funciona como una de las variables críticas para medir la consistencia del programa.

Pero el mismo día también dejó expuesta la otra cara del tablero. Las reservas repuntaron en la jornada, aunque cerraron una semana de fuerte caída. Los bonos no reaccionaron. El riesgo país volvió a subir. Y la Bolsa mostró una mejora apoyada en pocos nombres, no una suba amplia del mercado.

La escena, entonces, no ofrece una validación cerrada sino una señal partida. El Gobierno consolidó una posición en el mercado oficial y ganó margen para sostener la calma cambiaria. Lo que todavía no consiguió es que esa fortaleza táctica se derrame con la misma intensidad sobre toda la estructura financiera. En las próximas semanas habrá que mirar si la secuencia compradora del BCRA logra sostenerse, si las reservas vuelven a tomar una trayectoria ascendente más limpia y, sobre todo, si la deuda empieza a acompañar. Ahí se juega una parte decisiva del crédito político del programa económico.

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