Panorama fiscal: oportunidades y lecciones mirando a Brasil
La ejecución a septiembre vuelve a dejar una combinación conocida: el gobierno nacional mantiene el superávit, pero con menos margen que en 2025. Los ingresos siguen cayendo en términos reales y el gasto también, aunque a un ritmo menor. La novedad del corte del tercer trimestre es que la distancia respecto del año pasado se achica, sin que todavía pueda hablarse de una recuperación generalizada de los recursos. El contraste regional ayuda a poner ese esfuerzo en perspectiva.
Por Isidro Guardarucci / FIEL – En Brasil, la reelección de Lula vuelve especialmente relevante la discusión sobre la herencia fiscal: el próximo mandato deberá administrar los desequilibrios acumulados durante su propia gestión. Un déficit elevado puede financiarse durante bastante tiempo cuando existe un mercado de deuda profundo. Eso no significa que sea gratuito ni que pueda sostenerse indefinidamente. La autoherencia de Lula ofrece una advertencia sobre el costo de postergar la corrección.
Nueve meses con superávit, aunque menor
Entre enero y septiembre, el Sector Público Nacional no financiero acumuló un superávit primario de $13,7 billones y un resultado financiero positivo de $3,3 billones. El primero mide el excedente antes del pago de intereses; el segundo, el saldo que queda después de atenderlos. Ambos conservan el signo positivo y confirman que el equilibrio sigue siendo una restricción efectiva para la política fiscal.
La comparación con el mismo período de 2025, a precios constantes, muestra una caída de 3,4% en los ingresos totales y una reducción de 2,2% en el gasto primario. Esa diferencia hizo que el superávit primario disminuyera 12,0% real. Los intereses bajaron 3,2%, pero el resultado financiero se redujo bastante más: 31,4%. A precios comparables, el saldo después de intereses pasó de $4,8 billones a $3,3 billones.
Cuadro 1
Ejecución acumulada enero-septiembre (millones de pesos, a precios promedio de 2026)

El deterioro interanual es menor que el observado a agosto, cuando el primario caía 16,1% real y el financiero, 47,1%. Septiembre mejora la foto acumulada. Sin embargo, no cambia su explicación principal: en valores constantes, los ingresos son $4,5 billones inferiores a los del año pasado, mientras que el ahorro de gasto primario alcanza $2,6 billones. La contención de las erogaciones continúa, pero no compensa completamente la pérdida de recursos que refleja menores impuestos (compensados sólo parcialmente por una actividad que muestra un modesto crecimiento interanual).
Recaudación: una recuperación todavía incompleta
Los ingresos tributarios acumulan una baja real de 4,1%. Los Derechos de Exportación caen 21,0% y el IVA neto de reintegros, 6,3%. Cada uno aporta una pérdida cercana a $1,7 billones frente a enero-septiembre de 2025, a precios comparables. Los aportes y contribuciones a la seguridad social retroceden 3,0%, equivalentes a otros $1,4 billones. Los Derechos de Importación disminuyen 21,2% y el impuesto sobre los débitos y créditos bancarios, 3,6%.
Hay compensaciones parciales. Ganancias aumenta 7,7% real, Bienes Personales 5,7% y el resto de los tributos 8,0%. Los otros ingresos crecen 5,7%. No alcanza para revertir el balance general. Además, las señales no son idénticas: los impuestos al comercio exterior están atravesados por alícuotas, cantidades, precios y tipo de cambio; el IVA y los recursos de la seguridad social tienen un vínculo más cercano con el consumo y la masa salarial formal. En suma, la menor caída agregada no permite concluir que todas las bases imponibles se hayan recuperado.
Gasto: recortes y recomposiciones
La baja del gasto primario tampoco es uniforme. Las transferencias corrientes a provincias caen 22,0% real; el resto de las prestaciones sociales, 12,1%; el funcionamiento no salarial, 9,3%; y las remuneraciones, 6,0%. El gasto de capital nacional se reduce 5,9%. En cambio, las transferencias de capital a provincias crecen 7,8%, aunque desde una base mucho más pequeña. Las transferencias provinciales aquí consideradas son partidas del gasto nacional y no incluyen la coparticipación.
Otras erogaciones también ganan poder de compra. Las jubilaciones y pensiones contributivas aumentan 2,0%, la AUH 2,8% y las transferencias a universidades 9,6%. Los subsidios económicos crecen 11,0%. La apertura complementaria del archivo, que actualiza cada mes por su IPC, muestra que los energéticos aumentan 39,0% en enero-septiembre, mientras que los de transporte se reducen 4,9%. La presión de los subsidios sigue concentrada en energía.
Brasil: la autoherencia de Lula
Se suele decir que “las comparaciones son odiosas”, pero esto depende de qué lado de la comparación nos encuentre. Durante varios años, las variables de Brasil reflejaban una situación mucho más estable que la nuestra. Lamentablemente, la foto fiscal de la autoherencia de Lula muestra el fuerte deterioro de nuestro principal socio comercial.
La victoria electoral no altera la aritmética, cualquiera hubiese sido el resultado del balotaje, el desafío era el mismo. Lula iniciará un nuevo mandato con una situación que su propia administración contribuyó a construir: déficit elevado, deuda creciente y una cuenta de intereses que limita las opciones. Esa es la autoherencia.
De acuerdo al Fiscal Monitor del FMI, Brasil pasa de una deuda bruta de 83,9% del PIB en 2022 a una estimación de 93,3% en 2025. Para 2026 se proyecta 96,5% y para 2027, 100% (cabe aclarar que la definición de deuda del FMI incluye títulos del Tesoro en poder del Banco Central y difiere de la medida oficial brasileña, pero es la medición que permite analizar el stock del gobierno general en perspectiva internacional). Todo esto, alimentado por un déficit global del gobierno general estimado para 2025 en 8,1% del PIB y una previsión para 2026 de 7,7%. Hace 5 años el fisco brasilero salía de la pandemia con números algo mejores que el conjunto de países de la región. En la actualidad su desempeño se ubica muy por debajo de la media latinoamericana.
Gráfico 1
Brasil: balance global del gobierno general (% del PIB)

Es importante matizar con un dato positivo y considerar que el balance primario muestra un déficit apenas negativo (medio punto del PIB aproximadamente). No obstante, la tendencia deja poco espacio para la complacencia. Un déficit primario moderado puede parecer manejable si se lo mira de manera aislada. Pero sobre un stock de deuda grande, los intereses transforman esa diferencia en una necesidad de financiamiento mucho mayor.
¿Cómo se financia un desequilibrio de esa magnitud? Brasil cuenta con una ventaja que tampoco debe subestimarse: un mercado de deuda interna capaz de absorber una parte sustancial de las necesidades del Tesoro. Esa capacidad de financiamiento compra tiempo, pero no elimina la restricción presupuestaria. Endeudarse en el mercado interno abre la opción de licuar la deuda (de hecho, la devaluación post balotaje tuvo ese efecto directo); aunque como nos muestra la historia argentina, el uso cotidiano de este recurso afecta negativamente la posibilidad de realizar emisiones domésticas en el futuro. Para colmo, en la actualidad el financiamiento externo presenta tasas particularmente altas y no parecería moderarse en el corto plazo. En suma, un contexto fiscal y financiero especialmente restrictivo recibe al nuevo mandato presidencial de nuestro principal socio comercial. Eso nos afecta y nos importa.
Lecciones y oportunidades
Las cuentas argentinas y brasileñas no son directamente comparables ni tienen la misma estructura financiera. La comparación relevante es de orientación. Mientras la Argentina sostiene el equilibrio, aunque con margen acotado, Brasil muestra cómo un mercado de deuda más profundo puede permitir que los desequilibrios se prolonguen y la factura siga creciendo; la pregunta es hasta cuándo.
Eso no convierte cualquier recorte en una buena política ni garantiza que el superávit argentino sea permanente. Sí ayuda a recordar su valor. El equilibrio no es un trofeo mensual, sino una condición para que las decisiones de hoy no reduzcan todavía más las opciones de mañana. La situación brasilera nos recuerda que cuando el financiamiento posterga la corrección, el problema a corregir en el futuro crece y con él la incertidumbre.
Los problemas de nuestro mayor socio económico sin dudas que tienen un efecto negativo en el corto plazo por el impacto regional. No obstante, en el mediano y largo plazo, si Argentina sostiene su consolidación fiscal, se presenta una oportunidad para mostrarnos más atractivos ante los ojos del mundo. En resumen, un shock externo pero cuyas consecuencias finales dependen en mayor medida de lo que estemos dispuestos a hacer nosotros.
