El BCRA anticipó una recuperación de la economía tras la “recesión” del tercer trimestre
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) proyectó una recuperación de la actividad económica para el cuarto trimestre del año, luego de reconocer que el Producto Bruto Interno (PBI) habría vuelto a contraerse durante el tercer trimestre. En su Informe de Política Monetaria, la entidad atribuyó parte del deterioro a factores transitorios que afectaron a sectores como la industria, la construcción y el comercio, aunque condicionó la mejora esperada a la normalización de la actividad agropecuaria y de otros componentes de la economía.
El diagnóstico plantea un escenario de desaceleración de la actividad durante el tercer trimestre, después de la contracción registrada en el segundo. Si los datos oficiales confirman dos trimestres consecutivos de caída del PBI, la economía habrá cumplido el criterio habitualmente utilizado para identificar una recesión técnica. La confirmación definitiva dependerá de las estadísticas correspondientes a esos períodos.
El organismo monetario, sin embargo, anticipó que la contracción podría ser acotada y que el nivel de actividad mostraría un incremento significativo hacia el cierre del año. La proyección introduce una diferencia entre el desempeño reciente de la economía y las expectativas para los meses siguientes, aunque no implica por sí misma que la recuperación alcance de manera homogénea a todos los sectores productivos ni que se traduzca inmediatamente en una mejora del empleo y los ingresos.
Industria, construcción y comercio, entre los sectores afectados
El informe del BCRA señaló que durante el tercer trimestre continuó desacelerándose el crecimiento acumulado de la actividad económica. Según el análisis de la entidad, el comportamiento respondió, en parte, a factores transitorios que incidieron especialmente sobre los sectores cíclicos del PBI.
Entre las actividades mencionadas se encuentran la industria manufacturera, la construcción y el comercio, sectores con una participación relevante en la generación de empleo y en la demanda de bienes y servicios. Una retracción prolongada en estas áreas puede repercutir sobre las empresas, los proveedores y los trabajadores, incluso cuando otros componentes de la economía mantengan un desempeño positivo.
El Banco Central identificó dos factores que habrían incidido sobre la actividad durante el período: las interrupciones en el suministro de gas por redes a establecimientos industriales y las condiciones climáticas adversas registradas en determinadas regiones del país.
En el primer caso, la entidad hizo referencia a las restricciones en el abastecimiento de gas asociadas con el aumento de la demanda residencial durante las bajas temperaturas. En el segundo, mencionó los mayores niveles de lluvias y nevadas en algunas zonas, que habrían afectado el normal desarrollo de determinadas actividades.
La explicación del organismo apunta a circunstancias específicas que habrían limitado temporalmente la producción y el funcionamiento de algunos sectores. No obstante, para determinar el alcance de esos factores será necesario observar la evolución de los indicadores sectoriales y distinguir su efecto de otras condiciones que inciden sobre la demanda, los costos y las decisiones de inversión.
Julio marcó el punto más débil y septiembre habría anticipado una mejora
De acuerdo con el diagnóstico del BCRA, el impacto de los factores transitorios se habría concentrado principalmente en julio. En agosto, la actividad habría mostrado una estabilización y en septiembre, una recuperación que dejaría un arrastre estadístico positivo para el último trimestre.
Ese comportamiento constituye uno de los fundamentos de la previsión de mejora para el cierre del año. El arrastre positivo significa que el nivel de actividad alcanzado al final de un período puede contribuir al crecimiento promedio del siguiente, incluso antes de que se produzcan nuevas expansiones mensuales.
Sin embargo, ese efecto estadístico no garantiza por sí solo una recuperación sostenida. La evolución del cuarto trimestre dependerá también de la continuidad de la mejora, del desempeño de los distintos sectores y de la capacidad de la demanda interna para sostener la producción.
El BCRA vinculó parte de sus expectativas con la normalización de la actividad agropecuaria, un componente relevante para el ingreso de divisas, el transporte, la industria procesadora y las economías regionales. La recuperación de ese sector puede generar efectos indirectos sobre otras actividades, aunque su impacto varía según la composición productiva de cada región.
La recuperación proyectada todavía debe traducirse en actividad y empleo
La previsión de un repunte del PBI en el cuarto trimestre abre la posibilidad de que la contracción sea breve, pero el resultado agregado no alcanza para determinar cómo evolucionará la situación de empresas y hogares.
La industria, la construcción y el comercio tienen una incidencia significativa sobre el empleo y la actividad de numerosas pequeñas y medianas empresas. Por eso, la evolución de sus niveles de producción, ventas y contratación será relevante para evaluar si la mejora prevista por el Banco Central se extiende más allá de los sectores que impulsan el crecimiento agregado.
También será importante seguir la evolución de los salarios reales, el consumo y la inversión, variables que ayudan a determinar si la recuperación se consolida y alcanza a una proporción más amplia de la economía.
El informe del organismo monetario ofrece, en ese sentido, una perspectiva sobre el comportamiento esperado de la actividad, pero sus proyecciones deberán contrastarse con los datos que publique el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y con los indicadores sectoriales correspondientes a los próximos meses.
La diferencia entre una recuperación estadística y una mejora sostenida de las condiciones económicas estará dada por la continuidad del crecimiento, su distribución entre sectores y su capacidad para reflejarse en más producción, empleo e ingresos.
