Milei proyectó en París un 2028 de crecimiento récord si es reelecto

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El presidente Javier Milei utilizó la Argentina Week de París para presentar ante empresarios e inversores europeos una hoja de ruta que combina estabilidad fiscal, apertura económica, inversiones en energía y minería y una eventual profundización de las reformas después de las elecciones presidenciales de 2027. El mandatario aseguró que, si su Gobierno es reelecto, “2028 va a ser el mejor año” de la historia argentina y vinculó esa expectativa con una caída del riesgo país, menores tasas de interés y un salto de la inversión.

La exposición se realizó en el Château de la Muette, sede central de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en París, durante la jornada central de la Argentina Week. El encuentro buscó mostrar ante capitales europeos las oportunidades vinculadas con energía, minería, agroindustria, tecnología y finanzas. La delegación argentina incluyó a funcionarios nacionales y gobernadores de distintas provincias.

Milei planteó que el escenario de 2028 dependerá de la continuidad de su programa económico. En su exposición sostuvo que una eventual reelección permitiría acelerar inversiones que ya están en marcha y atraer nuevos proyectos, especialmente en minería, energía e infraestructura. También afirmó que el resultado esperado sería una mayor productividad, salarios reales más elevados y una reducción adicional de la pobreza.

La afirmación pertenece al terreno de las proyecciones políticas y económicas del Gobierno. Los datos disponibles actualmente muestran una economía con señales mixtas. El INDEC informó que el PIB creció 2% interanual en el segundo trimestre de 2026, pero también registró una caída desestacionalizada de 0,6% frente al trimestre anterior. En el mercado laboral, la desocupación alcanzó 7,9% en ese mismo período.

La pobreza, por su parte, se ubicó en 32,3% de las personas durante el primer semestre de 2026, según el INDEC. El dato permite dimensionar la distancia entre la situación social actual y el escenario de fuerte expansión que el Presidente proyectó para el segundo mandato.

El ancla fiscal como punto de partida

El argumento central de Milei fue que la estabilización fiscal constituye la condición previa para cualquier etapa posterior de crecimiento. En París volvió a presentar como punto de partida el déficit fiscal que, según su diagnóstico, heredó su administración y destacó el trabajo de Luis Caputo, Santiago Bausili y Pablo Quirno en la estabilización financiera.

El Presidente sostuvo que el Gobierno logró evitar una crisis inflacionaria de mayor magnitud sin alterar contratos y que el equilibrio fiscal permitió modificar las expectativas sobre la economía argentina. Esa interpretación forma parte del balance que el propio Gobierno realiza sobre su gestión y fue utilizada como argumento para explicar por qué, según Milei, la próxima etapa debería concentrarse en profundizar las reformas y no en modificar el rumbo por razones electorales.

En esa línea, rechazó los pedidos de aplicar una política de estímulo fiscal de cara a los próximos comicios. “Al populismo no se lo combate con más populismo, sino con más libertad y más ortodoxia”, afirmó, mientras definió a la palabra del Gobierno como su principal activo frente a los inversores.

El planteo tiene una consecuencia concreta para el mercado: la administración busca que la continuidad de la disciplina fiscal funcione como señal de previsibilidad para reducir el costo de financiamiento. Milei sostuvo que una eventual mejora de la calificación crediticia permitiría reducir las tasas y ampliar el acceso al crédito privado y a financiamiento de largo plazo.

Inversiones: energía, minería y fertilizantes

La segunda columna del discurso fue la disponibilidad de recursos naturales y la posibilidad de convertirlos en proyectos exportadores. Milei colocó a Vaca Muerta, el litio, el cobre, el uranio y el complejo agroindustrial como sectores capaces de generar divisas y atraer capital internacional.

El RIGI constituye una de las herramientas centrales de esa estrategia. La plataforma oficial del Ministerio de Economía permite seguir los proyectos aprobados y en evaluación, junto con los montos de inversión y empleos asociados. En marzo, el Gobierno había informado que seis proyectos mineros ya estaban aprobados bajo el régimen y otros doce se encontraban en evaluación, por un monto conjunto de unos US$47.000 millones.

La apuesta energética también tiene una dimensión exportadora. Entre los proyectos mencionados durante el discurso aparece el desarrollo de infraestructura vinculada con el gas de Vaca Muerta y la producción de gas natural licuado. En paralelo, el Gobierno incorporó al RIGI proyectos destinados a ampliar la capacidad de transporte de gas para exportación. Uno de ellos contempla un gasoducto de unos 480 kilómetros y una capacidad de transporte de hasta 27 millones de metros cúbicos diarios hacia instalaciones de licuefacción.

Otro ejemplo es la producción de fertilizantes. En julio, el Gobierno presentó el proyecto de Pampa Energía para construir una planta de urea con una inversión de US$2.700 millones y una producción anual prevista de 2,1 millones de toneladas. En septiembre, además, fue aprobado bajo el RIGI otro proyecto para desarrollar dos plantas de urea y una planta de amoníaco utilizando gas natural de Vaca Muerta como insumo principal.

La lógica que planteó Milei es que la energía abundante y competitiva puede dejar de ser solamente un recurso exportable para transformarse también en un insumo industrial. La diferencia es relevante: el desafío no consiste únicamente en extraer recursos, sino en construir cadenas productivas capaces de agregar valor, generar empleo y ampliar las exportaciones.

La promesa de convertir estabilidad en crédito

El punto más ambicioso de la exposición fue la transición desde la estabilización hacia una etapa de crecimiento sostenido. Milei afirmó que, si la Argentina mantiene el rumbo y alcanza posteriormente el grado de inversión, la reducción del riesgo país podría traducirse en tasas más bajas y una expansión significativa del crédito.

La hipótesis tiene una dimensión cotidiana que el propio Presidente buscó remarcar ante los empresarios: préstamos hipotecarios a 20 o 30 años, mayor financiamiento para empresas y menor costo de capital para nuevos proyectos. En otras palabras, el Gobierno intenta que la estabilización monetaria deje de ser únicamente una variable financiera y se convierta en una condición para ampliar las decisiones de inversión de hogares y empresas.

Hay señales parciales de ese proceso. El BCRA informó que durante agosto los préstamos hipotecarios continuaron creciendo y que el sistema incorporará un programa de colocaciones en UVA destinado a financiar viviendas. Al mismo tiempo, el crédito en pesos al sector privado cayó 1% real en el mes, mientras que los préstamos en moneda extranjera crecieron hasta alcanzar un saldo de US$25.241 millones.

Ese contraste muestra uno de los desafíos del escenario que plantea el Gobierno: transformar la estabilización macroeconómica en una expansión suficientemente amplia del crédito y la inversión como para modificar la economía real.

El Banco Central y las reglas para el próximo ciclo

Milei también colocó la reforma del Banco Central dentro de esa arquitectura. El proyecto que modifica su Carta Orgánica fue aprobado por el Senado con cambios y regresó a la Cámara de Diputados para continuar su tratamiento parlamentario. Entre los puntos discutidos figuran restricciones al financiamiento del Tesoro por parte del Banco Central y modificaciones sobre la autonomía y los objetivos de la autoridad monetaria.

Para el Presidente, el objetivo es reducir la posibilidad de que futuros gobiernos recurran a la emisión monetaria para financiar desequilibrios fiscales. La interpretación oficial es que una regla de ese tipo permitiría otorgar mayor previsibilidad a la moneda y a los contratos en pesos.

El alcance efectivo de esa reforma, sin embargo, dependerá de su aprobación definitiva, de la reglamentación y de la forma en que funcione en futuros ciclos políticos. Por ahora, se trata de una pieza en proceso de definición dentro del programa institucional que Milei presentó en París.

El desafío de pasar del relato de inversión a la inversión efectiva

El discurso europeo tuvo, así, dos tiempos. En el primero, Milei defendió los resultados que atribuye a su programa: equilibrio fiscal, menor inflación, recuperación de reservas, apertura comercial y reformas estructurales. En el segundo, trasladó el centro de gravedad hacia el futuro y sostuvo que la continuidad política permitiría acelerar una transformación que todavía necesita traducirse en mayor inversión, empleo y mejora del ingreso real.

La balanza comercial ofrece una de las señales favorables para esa estrategia. En agosto, las exportaciones alcanzaron US$8.883 millones y las importaciones US$6.696 millones, con un superávit de US$2.187 millones. El saldo comercial positivo acumula 33 meses consecutivos, según el INDEC.

Pero la magnitud del desafío también aparece en los indicadores domésticos. La actividad todavía exhibe una contracción trimestral desestacionalizada, la desocupación se mantiene en 7,9% y casi un tercio de la población urbana permanece por debajo de la línea de pobreza.

La apuesta presentada en París consiste precisamente en cerrar esa brecha: que el equilibrio fiscal y la estabilidad monetaria funcionen como plataforma para una etapa de inversión y crecimiento más intenso. Milei ubicó a 2028 como el año en el que, según su proyección, deberían comenzar a verse con mayor fuerza los resultados de ese proceso, siempre condicionado a una eventual continuidad de su Gobierno.

Por ahora, 2028 no es un dato económico sino una hipótesis de política económica. La evidencia que permitirá evaluar esa promesa estará en variables concretas: inversión productiva efectivamente ejecutada, empleo privado registrado, evolución de los salarios reales, crédito de largo plazo, exportaciones, productividad y reducción de la pobreza. Ese es el puente que el Gobierno busca construir entre la estabilización conseguida hasta aquí y la expansión que Milei prometió ante los inversores europeos.

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