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Belgrano Cargas: cambian el esquema financiero de la privatización y ata la venta de trenes a las obras ferroviarias

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El Gobierno nacional modificó el esquema financiero de la privatización de Belgrano Cargas y Logística Sociedad Anónima y estableció que el dinero obtenido por la venta del material rodante tendrá un destino específico: financiar y pagar las obras que deberán ejecutar los futuros concesionarios ferroviarios.

La modificación fue establecida mediante el Decreto 718/2026, publicado este lunes en el Boletín Oficial, que reemplaza disposiciones del Decreto 282/2026 y redefine el mecanismo mediante el cual se administrarán los recursos generados durante el proceso de privatización.

La nueva arquitectura financiera busca que el producido tanto del remate público del material rodante como de la venta de material que sea incluido en los futuros contratos de concesión de vías sea asignado a un fideicomiso que determinará el Ministerio de Economía. El destino será único: financiar y pagar las obras a cargo de los concesionarios.

El cambio tiene una consecuencia central sobre el proceso de privatización. Los activos ferroviarios que sean vendidos dejarán de constituir solamente una fuente de recursos para el Estado y pasarán a estar vinculados directamente con el financiamiento de las obligaciones de infraestructura que asumirán los operadores privados.

El Gobierno justificó la modificación por la necesidad de dotar al mecanismo de mayor eficiencia y velocidad. Según los fundamentos del decreto, el esquema anterior se apoyaba en un fideicomiso de objeto múltiple, que administra distintas fuentes de financiamiento y atiende a una pluralidad de destinos y beneficiarios.

La nueva estructura apunta, en cambio, a establecer un vehículo financiero con una finalidad exclusiva. La expectativa oficial es que esa especialización permita acelerar los desembolsos y evitar que los procedimientos propios de un fideicomiso con múltiples objetivos terminen demorando el cumplimiento de las obras previstas en los contratos de concesión.

En términos de política pública, el Gobierno busca cerrar un circuito entre la disposición de activos ferroviarios y la recuperación de la infraestructura. El material rodante que se venda generará recursos que deberán quedar afectados al mejoramiento del sistema ferroviario de cargas a través de las obras obligatorias que asumirán los concesionarios.

La decisión se inscribe en el proceso de privatización de Belgrano Cargas autorizado por la Ley de Bases y reglamentado por el Decreto 67/2025. Ese esquema prevé una desintegración vertical de la empresa y la separación de sus unidades de negocio, con un mecanismo diferente para cada componente: remate público para el material rodante y contratos de concesión de obra pública para las vías, sus inmuebles aledaños y el uso de los talleres ferroviarios.

El nuevo decreto no modifica ese diseño general, sino el modo en que se canalizarán los recursos generados por la venta del material ferroviario. El Ministerio de Economía será el encargado de determinar el fideicomiso correspondiente, suscribir el contrato y establecer las normas operativas y complementarias necesarias para ponerlo en funcionamiento.

La norma también establece una referencia concreta para la valuación del material rodante que sea incorporado a los contratos de concesión. El precio de venta deberá tomar como valor mínimo de referencia la tasación del valor venal realizada por el Tribunal de Tasaciones de la Nación en el marco del proceso de privatización de Belgrano Cargas.

Este punto introduce un resguardo relevante sobre la valoración de los activos: el precio mínimo no quedará librado exclusivamente a una negociación contractual, sino que deberá considerar una tasación oficial del Estado como referencia.

El cambio también alcanza al material rodante que sea vendido directamente mediante remate público. En ambos casos, tanto si los activos se venden mediante remate como si forman parte de los contratos de concesión de vías, el producido deberá dirigirse al fideicomiso específico y quedar afectado al financiamiento de las obras.

El Gobierno sostiene que esta ingeniería permitirá favorecer la ejecución de las inversiones obligatorias previstas en las futuras concesiones. La lógica es que los recursos obtenidos por la disposición de activos ferroviarios contribuyan a generar las condiciones financieras necesarias para recuperar y mejorar la infraestructura que utilizarán los nuevos operadores.

El desafío será transformar esa afectación financiera en obras concretas y verificables. La eficiencia del esquema dependerá no sólo de la velocidad con la que se constituya el fideicomiso y se liberen los fondos, sino también de la calidad de los contratos de concesión, de las obligaciones de inversión y de los mecanismos de control sobre su cumplimiento.

La modificación se produce en una privatización que tiene una importancia estratégica para el sistema logístico argentino. El transporte ferroviario de cargas constituye una pieza relevante para reducir costos de traslado en largas distancias y mejorar la competitividad de las economías regionales y de las cadenas productivas que dependen de la conexión entre zonas de producción, centros industriales y puertos.

En ese sentido, el cambio introducido por el Decreto 718/2026 propone una relación más directa entre la venta de activos y la recuperación de infraestructura: el Estado dispone del material rodante bajo el esquema de privatización, pero los recursos generados quedan afectados a las obras que deberán mejorar el sistema concesionado.

El nuevo mecanismo entró en vigencia con su publicación en el Boletín Oficial. A partir de ahora, el Ministerio de Economía deberá definir el fideicomiso y avanzar con la instrumentación necesaria para que los fondos provenientes de las ventas tengan el destino exclusivo establecido por el Gobierno.

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Del salón de ventas a la logística: Multi Express muta su histórica sucursal de calle Japón

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La crisis del consumo empieza a modificar también el mapa comercial de Posadas. Multi Express, una de las cadenas de supermercados de capitales misioneros con mayor trayectoria en la ciudad, cerrará al público su histórica sucursal de calle Japón y reconvertirá el salón de ventas en un centro logístico para abastecer al resto de sus locales y atender el creciente canal de ventas online.

La decisión marca un cambio significativo para una empresa que hace apenas dos años atravesaba una etapa de expansión, con nuevas inversiones, incorporación de personal y apertura de sucursales. Ahora, en un contexto económico mucho más exigente para el consumo masivo, la compañía opta por reorganizar su estructura y darle otra función a uno de sus puntos históricos.

Multi Express presentó la transformación como “una nueva etapa de crecimiento e innovación” al cumplir 31 años de trayectoria. La sucursal de calle Japón se convertirá en el primer Dark Store de la compañía: un establecimiento cerrado a la atención presencial que funcionará como nodo de almacenamiento, distribución y preparación de compras digitales.

“La sucursal de calle Japón se transformará en el primer Dark Store de la empresa, optimizando la logística para abastecer a todas las sucursales y preparar los pedidos de la tienda online”, comunicó Pablo Segovia, uno de los ejecutivos de la firma.

El cambio implica que el inmueble dejará de competir como un punto de venta convencional y pasará a cumplir una función transversal dentro de la cadena. Desde allí se podrán concentrar mercadería, preparar pedidos y mejorar los tiempos de reposición de los demás supermercados, además de fortalecer la operación del comercio electrónico.

La empresa sostiene que la reconversión permitirá ofrecer “un servicio más ágil y eficiente”, manteniendo “los valores, la cercanía y el compromiso” construidos durante más de tres décadas.

De la expansión a la reconversión

El movimiento adquiere otra dimensión cuando se lo compara con el escenario que atravesaba Multi Express hace apenas dos años, con la apertura de la cuarta sucursal de la cadena en Posadas, sobre calle Catamarca casi Ayacucho. Aquella inauguración había requerido una inversión superior a los dos millones de dólares y la incorporación de 25 trabajadores, con lo que la compañía alcanzaba una dotación total de 130 empleados.

Era una apuesta a contramano de un consumo que ya mostraba dificultades. La familia incluso proyectaba entonces continuar la expansión. 

Dos años después, el escenario obliga a recalibrar aquella estrategia. El cierre comercial de calle Japón no significa el abandono del inmueble ni su salida de la estructura de Multi Express, sino una reconversión desde el comercio presencial hacia la logística y el canal digital.

Y esa diferencia es relevante: en lugar de sostener otro salón de ventas, con los costos operativos asociados, la compañía concentrará allí una actividad destinada a mejorar la eficiencia del conjunto de la red.

La transformación tiene además un antecedente interesante dentro de la propia historia de Multi Express. Cuando inauguró su cuarta sucursal, Liliana Thoux -líder del grupo- definía a la tienda online como “un supermercadito que no se ve”. Ese supermercado invisible tendrá ahora infraestructura propia.

El modelo de Dark Store se expandió junto con el comercio electrónico y las plataformas de entrega. A diferencia de un supermercado convencional, no necesita góndolas pensadas para la circulación de clientes, cajas de atención presencial ni una disposición comercial de los productos. El espacio se organiza en función de la velocidad para almacenar, seleccionar, preparar y despachar mercadería.

En ese sentido, la decisión de Multi Express combina dos fenómenos que atraviesan actualmente al comercio: por un lado, la necesidad de reducir costos y ganar eficiencia frente a un consumo debilitado; por otro, el crecimiento de los canales digitales y la necesidad de integrar mejor la logística de las distintas sucursales.

Para la compañía también representa una nueva mutación dentro de una historia empresarial caracterizada precisamente por los cambios de formato.

Multi Express nació en 1995 con una orientación mayorista. Durante aproximadamente siete años operó bajo ese modelo hasta que la llegada de competidores llevó a la familia empresaria a volcarse hacia el supermercadismo minorista. Después llegaron la expansión territorial, la renovación de la marca, la gastronomía como diferencial y finalmente el comercio electrónico.

Ahora aparece una nueva etapa: menos metros cuadrados destinados directamente al público y más infraestructura puesta al servicio de la logística y las ventas digitales.

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La realidad no se deja bloquear

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Hay gobiernos que intentan moldear la realidad. Otros prefieren discutir con ella. Y algunos creen que, si la realidad insiste demasiado, siempre queda la posibilidad de subir el volumen, dar otra entrevista o encontrar un nuevo enemigo.

El problema es que la realidad tiene un defecto insoportable: no tiene cuenta en X.

Esta semana decidió recordárselo a Javier Milei.

Mientras frente al Congreso las fuerzas de seguridad reprimían con una violencia feroz a quienes se manifestaban contra la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, dentro del Senado el oficialismo sufría una de sus derrotas políticas más importantes.

Para evitar que el proyecto naufragara, tuvo que retirar primero el capítulo referido a la compra de tierras por parte de extranjeros y luego el de Manejo del Fuego. La ley obtuvo media sanción, pero quedó profundamente desfigurada. Conservó el nombre, aunque perdió buena parte del contenido que el Gobierno había presentado como innegociable.

José Mayans lo resumió con una ironía difícil de mejorar: “Queda la palabra ‘invio’ y lo otro se perdió”.

No fue una victoria. Fue, en el mejor de los casos para el oficialismo, una forma de evitar una derrota todavía mayor. Y el dato político es precisamente ese: un Gobierno acostumbrado a presentar sus proyectos como paquetes cerrados tuvo que negociar, retirar y resignar.

Afuera, mientras tanto, la respuesta fue la represión.

La imagen resulta difícil de ignorar: gases y balas de goma frente al Congreso mientras, puertas adentro, el Gobierno retiraba partes sustanciales de la ley que había ido a defender. Una postal bastante poco parecida a aquella épica libertaria de un oficialismo capaz de avanzar sin mirar atrás.

Como si eso no alcanzara, el frente internacional también se complicó.

El conflicto con Brasil escaló hasta convertirse en una crisis diplomática de gravedad. Lula retiró a su embajador y el representante argentino fue expulsado de Brasil. Lo que durante semanas pudo presentarse como una pelea ideológica entre dos presidentes terminó afectando la relación con el principal socio comercial de la Argentina.

Una cosa es pelearse con Lula en X. Otra bastante diferente es encontrarse con la diplomacia brasileña haciendo las valijas. Porque no alcanza con saludar efusivamente al rey de España (el “querido rey”), no pavonearse, literalmente, con una toga de dudoso gusto de una universidad ignota.

Y entonces llegaron las encuestas.

La última medición de AtlasIntel muestra un escenario incómodo para el Gobierno: 62,4% desaprueba la gestión de Milei, frente a 37,1% que la aprueba. Además, el 70% considera mala la situación económica y el 56% cree que empeorará durante los próximos seis meses.

Este último dato es particularmente importante. Una cosa es evaluar mal el presente. Otra, mucho más preocupante para cualquier gobierno, es dejar de creer en el futuro que promete.

Los datos económicos tampoco ofrecieron demasiado alivio. La inflación de julio en la Ciudad de Buenos Aires fue del 2,9%, pero detrás del promedio aparecen aumentos bastante más incómodos: servicios, educación, transporte, restaurantes y recreación. La inflación podrá desacelerarse, pero el costo de vivir sigue subiendo por distintos caminos. El ciudadano no vive dentro de un índice: vive entre facturas, cuotas, tarifas y boletos.

Y hay un dato más que resulta particularmente incómodo para un Gobierno que construyó buena parte de su identidad política en las redes.

Según Monitor Digital, durante la semana hubo 391.500 menciones sobre la Casa Rosada y la Ley de Tierras concentró buena parte de esa conversación. El retroceso del Gobierno fue leído en el universo digital como una señal de debilidad.

No hace falta exagerar el dato ni convertirlo en una encuesta de opinión. Pero sí mirar la escena: hasta uno de los territorios donde el mileísmo construyó su fortaleza empieza a devolverle una imagen menos amable.

Parece que hasta el algoritmo está empezando a hacer preguntas.

Y mientras todo esto ocurría, Javier Milei multiplicaba sus apariciones mediáticas. Después de haber convertido las redes sociales en su principal escenario político, inició una verdadera maratón de entrevistas.

Difícil creer que sea casualidad.

Los gobiernos suelen cambiar su estrategia de comunicación cuando perciben que el mensaje ya no produce el mismo efecto.

Pero hay una diferencia entre conducir la agenda y correr detrás de ella.

Y esta semana dio la impresión de que la agenda corría bastante más rápido que el Gobierno.

Cada uno de estos episodios, por separado, podría explicarse como una dificultad circunstancial. Todos juntos cuentan otra historia.

La de un gobierno que ya no consigue imponer todas sus condiciones en el Congreso. Que convierte un conflicto personal en una crisis diplomática. Que enfrenta un humor social menos optimista. Que responde al conflicto social con represión (la represión y el ajuste son las únicas “políticas de estado” en las que el gobierno mantiene coherencia). Que empieza a encontrar límites incluso en el territorio digital que alguna vez consideró propio. Y que, frente a cada señal de desgaste, parece convencido de que el problema sigue siendo la comunicación.

Tal vez ahí resida la principal confusión.

Porque comunicar mejor nunca reemplaza a gobernar mejor.

Y porque llega un momento en que el algoritmo deja de alcanzar para explicar lo que pasa del otro lado de la pantalla.

Durante meses el oficialismo construyó una épica donde todo obstáculo tenía un responsable: la casta, Cristina, los gobernadores, el Congreso, los periodistas, los economistas, los artistas, Lula… La lista es larga y seguramente seguirá creciendo.

Lo que no parece crecer con la misma facilidad es la capacidad de aceptar que, a veces, los problemas no vienen de un enemigo.

Vienen de la realidad.

Y la realidad es bastante insolente. No pide permiso, no acepta bloqueos, no se inmuta frente a una cadena nacional y tiene una pésima costumbre: cuando nadie quiere escucharla… levanta la voz.

P.D. Si Milei decide bloquear a la realidad, que avise. Va a ser el primer usuario de X que descubra que ella siempre encuentra la manera de responder… por otros medios.

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La UIF endurece el control sobre los registros inmobiliarios y cambia la estrategia contra el lavado de activos

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La Unidad de Información Financiera (UIF) reformuló el esquema de prevención del lavado de activos, la financiación del terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva que deberán aplicar los Registros de la Propiedad Inmueble de todo el país. La Resolución 93/2026 abandona el esquema anterior y establece un modelo basado en riesgos, con mayor utilización de herramientas tecnológicas, monitoreo de operaciones y obligaciones específicas de reporte de registros inmobiliarios.

La medida apunta a un punto particularmente sensible del sistema financiero y patrimonial: las operaciones inmobiliarias. La nueva regulación busca que los registros no funcionen solamente como una instancia formal de inscripción de derechos sobre los inmuebles, sino también como una fuente de información capaz de detectar patrones que puedan revelar operaciones incompatibles con el perfil registral de quienes intervienen.

El cambio se produce en línea con los estándares del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), del que la Argentina es miembro pleno, y con la evolución del sistema internacional desde un modelo centrado en el cumplimiento formal hacia otro que procura identificar dónde están los mayores riesgos y concentrar allí los recursos de control.

La resolución establece que cada Registro de la Propiedad deberá implementar un Sistema de Prevención de LA/FT/FP que permita identificar, evaluar, monitorear, administrar y mitigar los riesgos asociados a las operaciones que procesa. Para hacerlo, deberá considerar factores vinculados con los clientes, las actividades y servicios involucrados y la zona geográfica, además de aquellos elementos adicionales que considere relevantes según la complejidad y características de su operatoria.

Uno de los principales cambios es que el nivel de control deberá guardar relación con el riesgo detectado. Frente a situaciones consideradas de alto riesgo se deberán aplicar medidas reforzadas, mientras que en casos de bajo riesgo podrán utilizarse mecanismos simplificados cuando existan elementos suficientes para acreditar que no concurren factores relevantes de riesgo. La lógica es evitar que todos los trámites reciban el mismo tratamiento y dirigir la capacidad de fiscalización hacia las operaciones que presenten señales de alerta.

El nuevo esquema también incorpora una mayor responsabilidad institucional. Los registros deberán contar con un Oficial de Cumplimiento titular y otro suplente, elaborar un manual de prevención, aprobar un Código de Conducta y desarrollar programas de capacitación para sus empleados y colaboradores. La máxima autoridad del organismo será responsable de aprobar las políticas y controles y de garantizar que existan recursos suficientes para que el sistema funcione.

La dimensión tecnológica adquiere, además, un papel central. La UIF exige la implementación de herramientas que permitan consolidar electrónicamente las operaciones y analizar distintas variables para detectar comportamientos que puedan resultar sospechosos. El objetivo es pasar de un control predominantemente documental a un sistema capaz de encontrar patrones en grandes volúmenes de información.

La propia resolución identifica algunos de esos patrones. Entre ellos aparecen las inscripciones sucesivas sobre un mismo inmueble dentro de un año cuando la diferencia entre el precio de la primera operación y el de la última supera el 30 por ciento; la multiplicidad de inscripciones o anotaciones a nombre de una misma persona en un período de doce meses; y las inconsistencias o coincidencias en los datos de identificación de distintas personas.

El cambio también modifica el régimen de información periódica. A partir de noviembre de 2026, los Registros de la Propiedad deberán reportar mensualmente a la UIF las compraventas de inmuebles superiores a 750 salarios mínimos, vitales y móviles, las donaciones y las operaciones de constitución, transmisión, modificación o extinción de derechos reales sobre inmuebles originadas en actos otorgados en el extranjero.

La nueva regulación mantiene así un umbral específico para las operaciones inmobiliarias de mayor magnitud, pero amplía el universo de información que deberá llegar sistemáticamente al organismo de control. En particular, la incorporación de las donaciones y de los actos otorgados en el exterior permite ampliar la capacidad de análisis sobre movimientos patrimoniales que, por sus características, pueden requerir una evaluación adicional.

La UIF también establece que los registros deberán realizar debida diligencia, identificar y verificar a los beneficiarios finales cuando corresponda, controlar los registros vinculados con terrorismo y financiación del terrorismo y prestar especial atención a las Personas Expuestas Políticamente y a las jurisdicciones consideradas de mayor riesgo por el GAFI.

Otro punto relevante es la eliminación de una carga administrativa. La nueva resolución suprime la exigencia de presentar una declaración jurada sobre el cumplimiento de las normas de prevención por parte del Sujeto Obligado. El argumento oficial es que la información contenida en ese documento puede ser verificada directamente mediante fuentes y registros oficiales, por lo que mantener la declaración implicaría una duplicación de procedimientos.

El cambio resulta significativo porque plantea una combinación poco frecuente en materia regulatoria: más controles sustantivos y menos formalidades que, según la propia UIF, no agregan información relevante. En lugar de multiplicar declaraciones, certificaciones y constancias, el nuevo esquema busca que el esfuerzo se concentre en el análisis de las operaciones y en la capacidad de detectar comportamientos de riesgo.

La resolución también establece plazos estrictos para los reportes de operaciones sospechosas. Una vez que el sujeto obligado determine que una operación reviste ese carácter, deberá comunicarla a la UIF dentro de las 24 horas en los casos de lavado de activos, financiación del terrorismo o financiación de la proliferación de armas de destrucción masiva, bajo las condiciones previstas para cada supuesto. En los casos de lavado de activos, además, el reporte no podrá superar los 90 días corridos desde la operación o desde que el sujeto obligado hubiera tomado conocimiento de ella.

Para los Registros de la Propiedad, el desafío será transformar una obligación regulatoria en una capacidad efectiva de prevención. La norma les demanda conservar durante diez años la documentación de las operaciones, los registros de operaciones inusuales y los soportes informáticos necesarios para reconstruir las operatorias. Esto supone una exigencia creciente sobre los sistemas de información y sobre la calidad de los datos registrales.

La implementación será gradual. La resolución comenzará a regir 90 días corridos después de su publicación, momento en el que quedarán derogadas las Resoluciones UIF 41/2011 y el artículo 12 de la Resolución UIF 70/2011. Sin embargo, los registros dispondrán de 240 días corridos desde la publicación para adecuar sus manuales de prevención, elaborar y aprobar sus códigos de conducta y adaptar sus herramientas tecnológicas.

El sentido económico de la reforma excede el cumplimiento formal de las normas antilavado. Un mercado inmobiliario con mejores sistemas de trazabilidad y detección de operaciones inusuales puede elevar la calidad de la información disponible para las autoridades, reducir espacios para la utilización de activos de origen ilícito y fortalecer la transparencia de las transacciones patrimoniales.

El punto clave será la capacidad de implementar ese cambio sin convertirlo en una nueva capa de burocracia para ciudadanos, empresas y profesionales. La propia resolución ofrece una respuesta en su diseño: controles proporcionales al riesgo, mayor utilización de información existente, digitalización y eliminación de declaraciones juradas que pueden verificarse por otras vías.

La apuesta de la UIF es, en definitiva, reemplazar parte del control basado en papeles por un sistema basado en información. Si la transición tecnológica y la coordinación entre registros, profesionales y organismos de control logran acompañar el nuevo marco, el resultado esperado no es solamente más cumplimiento normativo, sino una mayor capacidad del Estado para identificar operaciones patrimoniales que se aparten de los patrones habituales y actuar antes de que el sistema inmobiliario pueda ser utilizado como vehículo para ocultar activos de origen criminal.

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Nación agilizó cambios en recorridos y frecuencias del transporte público

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La Secretaría de Transporte de la Nación aprobó un nuevo procedimiento para modificar los parámetros operativos de los servicios de transporte automotor de pasajeros urbanos y suburbanos de jurisdicción nacional, con el objetivo de reducir los tiempos de tramitación y dotar al sistema de mayor capacidad de respuesta frente a cambios en la demanda, problemas de tránsito, situaciones de seguridad vial y otras contingencias.

La medida fue formalizada mediante la Resolución 55/2026, publicada este lunes en el Boletín Oficial, y reemplaza un esquema que permanecía vigente desde 2018. La nueva normativa deroga las resoluciones 97/1996 y 137/2018 y adapta el régimen al marco establecido por el Decreto 830/2024, que redefinió las reglas para los servicios urbanos y suburbanos de jurisdicción nacional.

El cambio tiene una consecuencia concreta para la gestión cotidiana del transporte: las modificaciones sobre recorridos, frecuencias, parque móvil y otras condiciones de prestación podrán tramitarse mediante un procedimiento más flexible, especialmente cuando se trate de alteraciones de menor impacto o de situaciones que requieran una respuesta rápida de la autoridad.

Hasta ahora, el procedimiento contemplado por la Resolución 137/2018 incluía instancias de publicidad mediante edictos, períodos de observación y otras formalidades que, según reconoció la propia Secretaría de Transporte, podían extender durante largos períodos la resolución definitiva de una solicitud. El diagnóstico oficial es que ese esquema perdió capacidad de respuesta frente a la dinámica actual del sistema.

La nueva regulación busca atacar precisamente ese cuello de botella administrativo. La lógica es que una modificación operativa que permita sostener o mejorar un servicio no debería quedar paralizada durante meses por un procedimiento diseñado para un escenario regulatorio diferente. En ese sentido, la reforma incorpora como principios rectores la eficiencia, la flexibilidad operativa, la digitalización y la simplificación administrativa.

El punto adquiere relevancia porque los parámetros operativos son los que determinan buena parte de cómo funciona una línea en la práctica. Allí se incluyen las cabeceras, los recorridos troncales y ramales, las frecuencias máximas y mínimas, el parque móvil destinado al servicio y otras características que la autoridad considere necesarias para definir la prestación.

La normativa también contempla la coexistencia de distintas modalidades de servicio. Los servicios comunes de línea constituyen la prestación obligatoria de las empresas permisionarias, mientras que los servicios diferenciales y expresos pueden funcionar como alternativas complementarias bajo determinadas condiciones. Los expresos, por ejemplo, permiten reducir tiempos de viaje mediante la supresión de paradas y, eventualmente, el uso de recorridos alternativos, aunque las paradas deben mantenerse sobre la traza autorizada.

El nuevo procedimiento procura, además, resolver un problema particularmente visible en las ciudades: la distancia entre la planificación formal de una línea y las necesidades que aparecen en la calle. Obras, cortes, cambios en el tránsito, eventos extraordinarios, problemas de seguridad vial o modificaciones coyunturales en la demanda pueden volver inadecuado un esquema operativo que fue aprobado bajo circunstancias diferentes.

Desde una perspectiva de política pública, la reforma busca que la regulación acompañe esas transformaciones en lugar de convertirse en una barrera para resolverlas. La solución planteada no consiste en eliminar el control estatal sobre los servicios, sino en acortar los circuitos administrativos para que la autoridad pueda modificar las condiciones de prestación cuando exista una justificación operativa.

El nuevo esquema se inserta en la transformación regulatoria iniciada con el Decreto 830/2024 y continuada con la Resolución 57/2024, que estableció nuevas normas para los servicios de transporte automotor de pasajeros de jurisdicción nacional y unificó los registros existentes en el Registro Nacional de Transporte Automotor de Pasajeros.

La reforma también mantiene un espacio de coordinación entre Nación, provincias y municipios en las denominadas Unidades Administrativas, que comprenden regiones donde los servicios interprovinciales urbanos y suburbanos atraviesan jurisdicciones diferentes. Ese mecanismo busca preservar la participación de las autoridades locales aun dentro de un esquema nacional de regulación.

Para los usuarios, el efecto esperado no es necesariamente un cambio inmediato en las tarifas, sino una mayor capacidad del sistema para ajustar su oferta cuando las condiciones de movilidad se modifican. Una frecuencia insuficiente, un recorrido que dejó de responder a los patrones de desplazamiento o una traza afectada por una obra pueden requerir decisiones operativas antes de que se produzcan consecuencias mayores sobre los tiempos de viaje y la calidad del servicio.

El desafío será que la simplificación administrativa se traduzca efectivamente en mejores prestaciones y no solamente en trámites más rápidos. La mayor flexibilidad también exige controles, información y criterios técnicos que permitan evaluar si una modificación mejora la cobertura, reduce tiempos de viaje, evita superposiciones o responde realmente a una necesidad de los usuarios.

La Resolución 55/2026 entra en vigencia desde su publicación y establece así una nueva hoja de ruta para modificar los servicios de transporte público automotor urbano y suburbano de jurisdicción nacional. El objetivo declarado es sencillo: que la regulación pueda reaccionar con mayor velocidad frente a una red de movilidad que cambia mucho más rápido que los expedientes administrativos.

Anexo 1 Resolución 55/2026 by CristianMilciades

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